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Opinion

Las iglesias y los fundamentalistas religiosos no deben intervenir en la política

Isaías Orozco Gómez | Lunes 09 Octubre 2017 | 00:05 hrs
    Acabo de leer un artículo periodístico escrito por el respetable señor José García Rivas, titulado “Propaganda Electoral”, el cual me pareció muy didáctico y oportuno, dado el arranque de la carrera electoral y electorera, en que han entrado todos los partidos políticos, es decir, la partidocracia; y, desde luego, uno que otro candidato (a) “independiente”. Proceso comicial, que culminará en las urnas, el primer domingo de julio, del ya muy próximo año 2018.

    En la entrada de su colaboración periodística, García Rivas expresa que le “parece que en tiempos de propaganda electoral cualquiera hará la propaganda de su elección. Pero hay un lugar en donde no se hará propaganda electoral, es en los templos. Los católicos no haremos propaganda a favor o en contra de un partido en el templo. Sabemos que en el templo se han de respetar las creencias electorales.

    “En este domingo pasado (abunda), contra la recomendación de los sacerdotes, se repartió, durante la misa, un volante firmado por los católicos libres. El volante era contra Morena y contra López Obrador… Lo que yo alego es que los católicos no tienen derecho a usar el templo para hacer propaganda, así sea a favor o en contra. Ni aunque se llamen “católicos libres”. Puede ser (continúa) que el volante haya sido elaborado por gente bien intencionada que rechace la destrucción de la familia, o los matrimonios del mismo sexo, o la legalización del aborto, pero defender tales cosas no se puede hacer en un panfleto político, y menos en el templo.”

    Desde luego, lo escrito por el señor José García Rivas, no es nuevo ni novedoso, sin irnos muy atrás de las páginas de nuestra historia nacional, nada más ubicándonos desde la Época de la Reforma Juarista hasta la época actual, sobresalientemente los grupos conservadores o reaccionarios como aquellos autollamados SINARQUISTAS de mediados del S. XX, que Mario Gil, los ubicó mejor como NAZIRQUISTAS, mismos que dieron origen al PAN, los cuales no nada más en tiempos electorales usaban, en conciliábulo con el clero católico  los templos,  sus pulpitos y sus atrios; sino, además, cuando era necesario combatir a los profesores normalistas rojillos, comunistas y ateos; o a movimientos político-sociales como el Frente Electoral del Pueblo (FEP). Lamentablemente, eso y más, es parte del “fuego amigo”, de la “guerra sucia”, que según las vísperas, está será más cruenta, cuando es imperativo que los mexicanos estemos más unidos, solidarios en reconstruirlo.

    Por lo pronto, hasta ahí dejamos lo relativo  a Chihuahua y a todo México. Pasemos ahora, a dar un vistazo a ciertos episodios sucedidos en los USA, en referencia al encabezado de la presente colaboración.

    Nada extraño resulta el que Donald Trump, en el marco del terremoto del 19 de septiembre inmediato anterior, haya expresado, refiriéndose a Enrique Peña Nieto, “tienen un presidente maravilloso en México”, pues los USA tienen demasiados intereses en el mundo y para poder “gobernarlo” necesitan de sus aliados e incluso de sus rivales. En ese contexto, cabe recordar que por un largo tiempo,  las iglesias fundamentalistas eran antidarwinianas, antiabortistas, eran partidarias de la oración, del rezo obligatorio en los colegios; en muchos estados eran segregacionistas, racistas… No obstante, el rostro oficial de los USA, estaba representado por gobiernos que ponían sumo cuidado en separar la política de la religión.

    Pero según el investigador y escritor Furio Colombo, la religión se introdujo nuevamente en la política estadounidense  en 1979, en el curso de la campaña presidencial que oponía Carter a Reagan. Carter era un buen liberal y un cristiano ferviente de los que se denominan born again (“renacidos en la fe”). Reagan era un conservador y un ex hombre de la farándula, jovial, mundano; era religioso solo porque iba al templo los domingos. Pues bien, lo que pasó es que el con unto de las SECTAS FUNDAMENTALISTAS se alinearon con Reagan, y éste les correspondió acentuando su posición religiosa, por ejemplo, nombrando jueces contarios al aborto para el tribunal Supremo.

    Por su parte, los fundamentalistas empezaron a apoyar todas las posiciones de la DERECHA: apoyaron los pasatiempos de las armas; se opusieron a la asistencia médica; a través de sus predicadores fanáticos apoyaron una política belicista, llegando incluso, a presentar una perspectiva de u holocausto atómico como algo necesario para derrotar el reino del mal…

    Sin embargo, señala Colombo, que si bien, es verdad que en el pasado los fundamentalistas se oponían a los católicos, ahora los católicos, y no sólo en Estados Unidos, se van acercando cada vez más a las posiciones de los fundamentalistas, véase por ejemplo, el curiosos retorno al antidarwinismo cuando ya el Vaticano había aceptado las teorías evolucionistas, sostiene Colombo. Por otra parte, también en Italia, sede del Estado Vaticano, predomina la tendencia de ofrecer los votos de los creyentes a políticos que, indiferentes a los valores religiosos, están dispuestos a hacer todas las concesiones posibles a las posiciones dogmáticamente más rígidas de la Iglesia que los apoya.

    Furio Colombo, invita a reflexionar sobre un discurso del carismático Pat Robertson: “Quiero que piensen en un sistema de escuelas donde las enseñanzas humanistas estén completamente vedadas, una sociedad en que la Iglesia fundamentalista asuma el control de las fuerzas que determinan la vida social”.

    Si a pocos meses de haber asumido la presidencia de los USA, Donald Trump, es repudiado por la inmensa mayoría de los anglosajones que tienen décadas repudiando el fundamentalismo religioso; en los EUM, sería sumamente negativo, volver a los años de los enfrentamientos fratricidas, provocados por el fanatismo y la ignorancia de la derecha recalcitrante o la ultraizquierda.

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