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Opinion

Los huérfanos de Margarita

| Lunes 09 Octubre 2017 | 00:12 hrs

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Corral frotándose las manos

Los extorsionadores de Reyes

Retenes en la Panamericana

 E
l efecto Margarita Zavala impacta directo en la política doméstica. El M3, compuesto por Maru Campos, “Malo” Jáuregui y Mario Vázquez alineó su proyecto con el de la señora y hoy que renunció al pan –así pone actualmente Calderón las iniciales del partido, en minúsculas- deben estar confundidos, sin saber qué hacer.

Es un grupo a tomar en cuenta en el pan local, con amplia presencia en la nomenclatura, a pesar de que ya no tienen control del Consejo, e identificado con la militancia, sin contar el poder emanado de la Presidencia Municipal y el Congreso, por más reducidos que los tengan en una decisión de matar o morir podrían sacar las uñas. No será sencillo deshacerse de ellos.

Sin embargo están chocados con Javier Corral a tal grado que su pleito puede ser comparado con el de Margarita y Anaya, que destempló al partido, dejando las funestas consecuencias que todo el mundo mexicano de la política ya conoce. No se pueden ver sin recordarse, unos a otros, el diez de mayo en pleno octubre.

Si algo ha demostrado Javier Corral en su etapa de gobernador es que no repara en sutilizas para deshacerse de adversarios, sean internos o externos, no hace distinción.

Ningún ejemplo describe tan bien su rudeza que la orden de aprehensión librada contra Nachito Rodríguez para obligarlo a salir de la Auditoria Superior. Hay leyendas urbanas que afirman que también a César Jáuregui, secretario del Ayuntamiento, lo amenazaron con detenerlo. Vaya usted a saber.

Con Margarita fuera del pan y señalados por Corral de “panduartes”, así les llaman en Palacio, el M3 queda en precaria situación política. Deberán tomar decisiones inmediatas antes de que los hagan irse también a ellos del partido y la mejor opción que tienen es demostrar su fortaleza interna y presencia social.

¿Podrán asirse de sus propias fortalezas? Es el reto, pero deberían tener en cuenta que si los operadores de Palacio los ven debilitados, no cesarán hasta despedazarlos, hoy son tiempos donde en ese partido tiran a dar y por instinto buscan la cabeza. No hay nada peor que las guerras civiles.

Y lo que son las cosas, su acosador, es decir Javier Corral, hoy se frota las manos por la ruptura del partido. Él, por lo contrario, se avino al proyecto de Anaya, esperanzado en que una jugada fuera de plan pudiese conducirlo a la candidatura del Frente.

Tampoco el engreído y cínico queretano es ganador, se queda con el partido a un precio muy alto, condición que lo debilita frente a los suyos y sobre todo ante los asociados temporales, Barrales y Dante Delgado.

Ese factor lo ve Javier Corral como una oportunidad, es de suponer que en el fondo esté satisfecho con la ruptura, pues debilitado Anaya y Margarita fuera del pan, queda como uno de los posibles candidatos. Así llegó a senador. ¿Por qué no soñar que podría también ser candidato a la presidencia?

Pescando a río revuelto podría quedarse con los despojos de esa candidatura, así sean sus posibilidades marginales y más aún, inviable electoralmente. Pero qué más da, la mera posibilidad de ser presidente de México, por más absurda y lejana que sea, lo vuelve loco.

Las quejas ciudadanas por causa de los retenes ilegales que implementó Carlos Reyes, director de Vialidad, crecen todos los días y con razón. Conductores denuncian que resulta obvia la finalidad, es extorsionarlos por la menor falta, pues los mismos agentes sugieren el acuerdo monetario en el lugar, en vez de levantar la infracción, que de suyo –como se ha dicho- es ilegal.

No solamente son los retenes, el jefe Reyes debería estar atento a lo que hacen sus lindos querubines en las zonas donde la gente sale a divertirse durante la noche, especialmente los fines de semana: la antigua zona dorada, el centro de la ciudad que apenas empieza a revitalizarse y las plazas más socorridas en la Juventud, como el Distrito Uno, por ejemplo.

Ahí los extorsionadores uniformados de Reyes pusieron su coto de esquilma, inhibiendo, como si no fuese suficiente la delincuencia, la vida nocturna de la ciudad. Es lo que han reportado víctimas y antreros por igual. Les complican su negocio.

Y parece que los malos ejemplos cunden, pues ahora se han asociado con policías estatales para montar retenes incluso durante el día. Hace poco fueron desplegados en una vialidad principal de conocido parque industrial, deteniendo hasta las bicicletas, como si Chihuahua fuese una ciudad sitiada.

Por cierto, algunos de esos policías se quejaron ante periodistas de “El Diario”, de que el jefe Aparicio los trata con la punta de su bota, sólo por ser agentes que trabajaron en la pasada administración.

Bueno, denunciaron que ni siquiera les proporcionan uniformes y zapatos de trabajo. Traen sus botas agujeradas de las suelas, al punto de que pisan un chicle y saben de qué sabor es, bromean desconsolados sin perder el buen humor.

Y lo que resulta peor, aseguran que están por mandarlos a la sierra, la zona más caliente, para dejar a los agentes que próximamente egresarán de la academia en las zonas urbanas, pues los quieren lo más lejos posible del centro de mando y donde su vida corre peligro en cualquier emboscada que les pongan los sicarios del mal.

Son las denuncias que presentaron, ahí está a petición de los quejosos, sólo para el registro, dado que no hay forma de que les den mejor trato, los policías viejos son vistos como patos feos.

Hablando de retenes, si usted se traslada de Chihuahua a Ciudad Juárez, encontrará entre cuatro y cinco “puntos de revisión”, incluido el habitual del Ejército, en Samalayuca. Inmediatamente después de la caseta, o antes según el sentido, está uno de la Policía Federal, desde luego sin los señalamientos mínimos que lo identifiquen.

Antes de llegar a Juárez dos más, otro de la Policía Federal y para rematar hasta Armando Cabada puso el propio, con policías municipales antes de cruzar el paso superior que da acceso a la mancha urbana.

La gente se pregunta qué sucede en Chihuahua, si no puede transitar trecientos kilómetros sin pasar cuatro o cinco retenes, pues con frecuencia colocan otros en los lugares más arbitrarios que se les ocurre. No es un estado de sitio, se supone, pero bien que parece.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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