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Opinion

Kursk

Sergio Alberto Campos Chacón | Domingo 12 Noviembre 2017 | 00:16 hrs
Democracia es el poder del pueblo: La palabra proviene de las raíces griegas demos: pueblo y kratós, autoridad. Es una doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno; predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado, dice el Diccionario de la Lengua Española.

Javier Sicilia, en su artículo “Democracia y proporción” (Proceso. No. 2140. P. 36) acota que por su origen en la Grecia del siglo V. a. C., sólo puede haber democracia en un territorio y pequeño número de personas, es decir, una proporción en cuanto a correspondencia entre pueblo territorio y gobierno, como acertadamente opinaba Aristóteles.

Por eso, cuando las poblaciones crecen en grandes centros urbanos, decrece la participación del pueblo en la selección de sus gobernantes atendiendo a sus virtudes y capacidades, causas por las que la mejor ciudad no es la más grande y fuerte, sino la más bella y feliz.

Todo cambió al parejo del crecimiento de las ciudades, porque se diluye el conocimiento directo y constante del comportamiento de las personas e impide seleccionar gobernantes virtuosos y éticos, lo que me parece cierto.

Dice Sicilia: “México ha llegado a tal desproporción entre gobierno, territorio y gente que ya no existe gobierno alguno. Nuestros gobernantes son ineptos, nuestras legislaciones no pueden controlar el crimen y nuestros legisladores castigan y persiguen inocentes”.

Dije en mi artículo anterior (¿Sugerir el socialismo?) que los gobernantes mexicanos, en nombre de la democracia, han cometido tales desmesuras que mataron a la democracia, así que coincido con Sicilia en lo sustancial originario de la democracia.

No es lugar para analizar las acepciones filosóficas y políticas de la democracia, que regímenes políticos la hicieron suya, como fueron la Alemania nazi, la Rusia comunista, la China comunista, los Estados Unidos de América, la Cuba comunista, hasta la democracia mexicana, pero sí señalar que todos la han llevado y traído como bandera legitimadora de su gobierno: ¡el pueblo!

Aceptando que en la Grecia que refiere Sicilia operó esa reunión de ciudadanos en la plaza pública y entre ellos elegían al que consideraban mejor, inicia la transición de la comunidad primitiva al sistema esclavista, porque en Grecia había esclavos, y sus dueños podían disponer de sus vidas, además que eran propietarios de los medios de producción y, al paso de desarrollo comercial, marítimo y de conquista de territorios, nacieron industriales ricos y comerciantes.

Nacen las ciudades-estado, comunicaciones con Oriente, amplían las invasiones-conquistas, los conocimientos, florecen la filosofía, el arte y las ciencias.

Los hombres y filósofos libres pugnaban por la emancipación de los oprimidos, los filósofos buscaban la manera de justificar el esclavismo y la moral explotadora de los esclavos; entonces, esa Grecia, al crecer, se presenta disímil y contradictoria.

Tanto, que Aristóteles (384 a 322 a. CC.), el empirista, el autor del método científico (observación, hipótesis, experimentación), adujo que la esclavitud “va contra la naturaleza”, entre los hombres libres y esclavos, no hay diferencia alguna en la naturaleza. Niega el principio de justicia.

Aristóteles es autor del principio universal: Tratar igual a los iguales, y desigual a los desiguales; es decir, compensar las desventajas para lograr la igualdad y la justicia.

La filosofía griega oscila entre el materialismo y el idealismo. La igualdad como ideal y principio de justicia, se debate por miles de años, hasta la fecha. La igualdad mejor, es la sustancial, la que es real y efectiva en los hechos.

Repasar la historia humana nos repite, sistemáticamente, la confronta, la lucha, entre poseedores y desposeídos, entre beneficiarios del trabajo colectivo y los que generan la riqueza; tales son, por un lado, los dueños del capital y por el otro, los trabajadores, ahora, en sus múltiples empleos.

Thomas Hobbes filósofo político inglés, escribió en 1651 su obra El Leviatán que trata de la república y el Estado, éste es el Leviatán. Autor del principio “El hombre es el lobo del hombre”, concluye que por naturaleza el hombre es agresivo y depredador del hombre mismo, y yo añadiría que igual de la naturaleza. Así, los hombres hicieron un pacto: “Llevemos la cosa en paz y mantengamos la sociedad humana de la mejor manera posible, creando una entidad, el Estado, que regule la vida pública”.

Si empleamos los términos antiguos, el esclavismo tiene rostros nuevos; los esclavistas, también. Han estado en pugna constante.

Esta contradicción perenne se rompió el 7 de noviembre de 1917 al triunfo de la Revolución Bolchevique en Rusia, al asumir el poder político, destituido el Zar Nicolás II de Rusia, las clases proletarias, soldados y marineros unidos al liderazgo de Vladimir Ilich Uliánov (1870-1924), apodado Lenin, Davidovich Bronstein (Lyev Tróstkiy -León Trotsky-), Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (José Stalin) y otros líderes comunistas.

Acertado, Esteban Volkov, con 92 años de edad, nieto de León Trotsky, hoy a cargo de la casa (museo) en la que fue asesinado su abuelo, en Coyoacán, en la ciudad de México, cada movimiento social, cada revolución tiene sus singulares circunstancias que no se repiten en la historia, y explica que, al fallecimiento de Lenin, su abuelo fue perseguido implacablemente por Stalin en varios países hasta lograr su asesinato el 21 de agosto de 1940.

De esa revolución rusa surge la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), las diferencias entre sus protagonistas no es materia del artículo, pues intento visualizar y concretizar el evento bélico de la Batalla de Kursk (1943) y sus resultados hacia la derrota de la Alemania nazi.

La democracia occidental, con pretensiones hegemónicas, dominio político y económico unilateral, ha calificado a Stalin como el más grande genocida de la historia; no lo sé, pero me parece que de no haber ejercido el control estricto, férreo en la URSS, habría fracaso al ascenso del proletariado al poder del Estado y, seguramente sería asesinado como Francisco I. Madero, por conservador débil; no me convence su calificativo de revolucionario.

En ese contexto, un año antes de la Invasión a Normandía, Francia, el 6 de junio de 1944, por los aliados, el 5 de julio de 1943 inició en la región de Kursk la batalla entre tanques de guerra alemanes y rusos más grande de la historia y no repetida.

Kursk es una enorme planicie dedicada al cultivo especialmente de trigo, aparte de producción de hierro, industria y enlace de comunicaciones ferroviarias.

A la derrota de los nazis en Stalingrado (Volgogrado), Adolfo Hitler reagrupó sus ejércitos en una proyectada ofensiva hacia la URSS, concentrando tanques de guerra y artillería poderosa para atacar a la URSS en la Operación Ciudadela.

Imagine usted un rectángulo de 250 por 150 kilómetros; ese territorio fue el terreno de esa batalla en la que participaron 2500 tanques, 10 mil cañones y 780 mil soldados alemanes.

Por la URSS, 5 mil tanques T34, 25 mil cañones, 2 millones de soldados, 40 mil minas terrestres y la participación de 300 mil civiles para abrir trincheras a pico y pala para impedir el paso de los nazis.

Producir ese material bélico lejos de Moscú, en la mira nazi, exigió esfuerzos colosales del pueblo soviético, mujeres y hombres trabajando día y noche en fábricas para producir millones de municiones, bombas, minas explosivas y cuanto se emplea en la guerra.

Ahí estaba la mano dura de Stalin y la consciencia socialista del pueblo soviético; defenderían su democracia popular, comunista; los alemanes iban por su democracia nazi, mientras los aliados, Estados Unidos de América, Inglaterra, Canadá, Australia y otros, iban por su democracia occidental.

El mando alemán estaba a cargo del mariscal Erich Von Manstein, aristócrata prusiano, de tradición familiar militar.

El mando soviético en manos de Gueorgui Zhúkov, hijo de un obrero ruso incorporado a la revolución bolchevique; se alistó en el Ejército Rojo al mando de Trotsky y ascendió a mariscal. Zhúkov comandó las tropas rusas hasta tomar Berlín el 8 de mayo de 1945.

Sus biógrafos dicen que era de los pocos que se atrevían decir “no” a Stalin.

La batalla de Kursk duró del 5 al 14 de julio de 1943. Miles de tanques se enfrentaron, valga, frente a frente, disparos directos, cañones tronando día y noche, destrucción masiva de soldados y materiales de guerra, aviones lanzando miles de bombas.

Combatientes tanquistas rusos y alemanes narran la espantosa batalla. Vasily P. Bolotin dijo que cielo y tierra estaban en llamas, tanques sobre tanques, soldados sobre soldados, que era el Armagedón, lo que confirma Anna B. Yufinova, entonces joven campesina de Kursk.

Las órdenes de Stalin: “No retrocedan”, “No os retiréis bajo ningún concepto”. El futuro de la URSS estaba en esos soldados, dispuestos a morir para salvar a Rusia.

El 12 de julio se pone en marcha la Operación Kutusov. Llegan las reservas de las tropas soviéticas. 400 mil soldados más, 15 mil cañones más y 1400 tanques más, avanza, se mezclan con los nazis, los pasan y rompen sus fuentes de abastecimiento y de reservas, se eleva la moral y miran la victoria.

La batalla terminó el 14 de julio. Más de 200 mil muertos o heridos, 3 mil tanques destruidos, miles de hectáreas de cultivo devastadas. La ofensiva soviética no paró hasta tomar Berlín.

Este acontecimiento es poco conocido en occidente; sobresale la invasión en Normandía, también de grandes dimensiones, pero la batalla de Kursk cambió el destino de la Segunda Guerra Mundial.

Ambos bandos guerrearon por su “democracia”. ¿Consecuencias, aparte de repartirse los territorios y países del mundo?

Muertos: rusos: 25-27 millones; estadounidenses 405 mil; italianos 457 mil; 8 millones 650 mil alemanes; 567 franceses; 250 mil ingleses; 5 millones 820 mil polacos; 580 mil húngaros; Un millón 27 mil yugoslavos y, 78 millones de civiles, el 67%.

Los aliados reactivaron sus economías derivadas de la generación y transformación de materiales de guerra en equipo y tecnología industrial.

La parte occidental de la URSS quedó arrasada, pero consolidó un increíble concepto de solidaridad, cohesión y sentido de colectividad. Los pocos sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial, que los rusos llaman Guerra Patria, son profundamente respetados por las nuevas generaciones. Se puede afirmar que cada ruso actual tuvo un familiar en el ejército rojo en esa guerra.

No entro al tema de si “cayó” o está “extinta la Unión Soviética”, como régimen socialista. Usted vea, analice y juzgue la Rusia actual. Le sugiero vea en internet el desfile militar Día de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú en que conmemoran el triunfo sobre la Alemania nazi.

La democracia mexicana está representada por lo que Usted ya sabe y reitera Javier Sicilia: corrupción, asesinatos de periodistas, fosas clandestinas, impunidad. Agréguele lo que Usted sepa.

scampch_@hotmail.com

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