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Opinion

Maldita y divina relatividad

Renata Chapa | Domingo 12 Noviembre 2017 | 00:00 hrs
Con puño cerrado la vida corona a quienes todo creen saber.

Algunos tienen la forma de continuar de pie pese al trancazo porque van sostenidos en su desfachatez; ésa que injerta alas al cínico y ciego para que se vuele, se acicale, se hinche, se vanaglorie. Otros caen de lengua en el asfalto, mastican piedrecillas chiclosas y comienzan la autoevaluación. Su vergüenza es reconstructiva. Pesan sus yerros. Buscan enmendar. A veces, lo logran.

La relatividad viene maldita cuando llega a espíritus de tintas incompletas. Poseedores de uno o dos talentos, negados a dar más que “lo relativo” a su confort. En irónica actitud, argumentan como sabihondos, pero son de pusilánime actuar. Maldita sea la relatividad que nubla las posibilidades de crecimiento y ensalza la comodina vanidad. La que termina jodiendo a unos y a otros en una lucha donde no va la apuesta por lo grande, sino por lo muy relativo. Lo menos desafiante llega a ser Ley.

La relatividad es divina cuando los mismos espíritus arriba descritos confirman el tambaleo de su soberbia, otrora de acero, y entran en razón. Su poder, su belleza, sus dones, su alfa y su omega, es decir, el concepto construido por ellos mismos sobre ellos mismos, finalmente es medido con la sabia vara de lo relativo. Estalla la luz de la ecuanimidad. Reina el prudente silencio. La toma de decisiones cambia. Es necesario aprender más y mejor, en atenta recepción a las voces de otros.

Muchos ejemplos propios y ajenos ilustran lo dual de la relatividad. Los caprichos del comportamiento a veces nos vuelven representantes de la testarudez o de la apertura. Del aferramiento o de la flexibilidad. De la pétrea negación o del “y por qué no. Vamos a hacerlo”.

Hace días conocí a Rodrigo. Su historia le dio sanas relatividades a la mía.

A mi correo electrónico llegó su mensaje. En él me recordaba que había sido yo quien tres años atrás le había buscado también por ese mismo medio para conocer un proyecto educativo. Su seguimiento a nuestra conversación, después de este tranco de años brincados, fue el primero de los contrastes aleccionadores de mi encuentro en vivo con Rodrigo. Yo estaba extraviada, sin más referentes sobre un tema que, según sostengo con convicción, es vertebral en mi actuar. Sin embargo, fue él quien supo resistir el paso del escurridizo tiempo y, convencido de su producto y servicio, volvió a tocar a mi puerta virtual.

Rodrigo Carrabús es el alfil principal en México de “Progrentis”, una empresa aliada a la tecnología para encarar el gravísimo problema educativo de la incomprensión lectora. O mejor dicho, desde el paradigma que él explica, una organización creyente en la asequible oportunidad de fortalecer la lectura comprensiva. Mismos puntos de partida en ambos, “lectura” y “comprensión”, pero con enfoques diferentes. Para mí, cánceres escolares casi al borde del desahucio; para él, la posibilidad constante de crecimiento en lo individual, en lo familiar, en lo colectivo. Relatividades en juego. Más aprendizajes necesarios.

La trayectoria geográfica de Rodrigo es diversa. Cosmopolita. Nació en Guatemala, Guatemala. En México estudió su posgrado. Con su esposa y su hijo Pablo vive en Sao Paulo, Brasil.  Y con “Progrentis” como bandera, viaja de una ciudad a otra en la República Mexicana con una serie de certezas envidiables. Su actitud decidida, fresca, segura, lo delata en ese sentido. Con el convencimiento de quien ha avanzado en su emprendedurismo lector. Aquí, las contradicciones de nuevo se agudizan: “vender” lectura comprensiva en México, para mí, es un apostolado, es una labor casi imposible de facturar; “vender” lectura comprensiva en Latinoamérica, para él, es la realidad que atiende con el perfil ejecutivo que el digno giro amerita. Relatividades lectoras. Siguen los aleccionamientos.

Rodrigo puso a mi disposición, con la total apertura del caso, la plataforma virtual de “Progrentis”. Ella evalúa el perfil lector del usuario y le ofrece un diagnóstico de su perfil. Con base en dichos resultados, una serie de ejercicios son asignados para que sea ejercitada la condición lectora, tal y como sucede, en simpática analogía, con quienes van a un gimnasio y reciben una rutina de ejercicios para mejorar su desempeño deportivo. La forma en que la tecnología de las computadoras y la virtualidad entran en combinación con los aspectos finos de los procesos lectores y el nivel de madurez de los usuarios es un auténtico sueño vuelto realidad para un maestro o un formador conscientes del viacrucis que significa enseñar las técnicas de lectura en quienes, de entrada, rechazan leer.

Mientras yo tecleaba en mi lap top y  seleccionaba respuestas, llevaba a cabo movimientos de destreza ocular, definía conceptos, aplicaba deducciones e inducciones, era imposible no pensar en el ladrillo de fuentes de información que hasta ahora llevo consultadas para mi tesis doctoral, precisamente, sobre lectura comprensiva. En ella debo evaluar el perfil lector de los estudiantes investigados. El mero diseño de dicha herramienta me ha consumido casi tres semestres al día de hoy. Vaya la malditez y la divinura de lo relativo. Aquella mañana que usé “Progrentis”, gracias a la actitud de servicio y disposición de calidad de Rodrigo, acompañado de un equipo de colaboradores, los sentimientos y pensamientos lectores me persiguieron uno detrás de otro, encontrados. Estaba ante una revelación bárbara de la enseñanza y evaluación de la lectura comprensiva. Algo que, hasta ese día, mis casi pulverizadas pestañas investigadoras no habían siquiera sospechado como posible. Vaya, pues, con la determinante y bipolar relatividad.

Cuántas enseñanzas aportadas en mi coincidir con Rodrigo. Él fue persona que se me apareció así, como de la nada, pero encomendado, acaso sin saberlo, para ayudarme a cuestionarlo todo. La maldita relatividad fue encarada por su espejo, su clon divino. Entre las dos continúa mi historia cotidiana donde, por fortuna, en esta ocasión sí ganó por mucho el profesionalismo y la construcción del conocimiento. Gracias, “Progrentis”, por la revaloración de la lectura en medio de la tremenda paradoja de nuestros días impregnados de relatividad.

@RenataChapa

centrosimago@yahoo.com.mx

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