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Opinion

Profesionistas de la salud y de la educación en riesgo

Isaías Orozco Gómez | Lunes 13 Noviembre 2017 | 00:17 hrs
    Imposible ignorar, soslayar o esconder la realidad de inseguridad que se está viviendo en todo el estado de Chihuahua, primordialmente en la zona rural y semirurales. Desafortunadamente, ahora dirigida también, contra las nuevas generaciones de médicos y en contra de los noveles docentes al servicio de la educación pública, y de no pocos del gremio magisterial con  años de experiencia en las diversas comunidades de la sierra y demás regiones de “nuestra” entidad federativa.  

    Lamentablemente, ese grave problema de la inseguridad en general, y específicamente por la falta de garantías para desempeñar sus labores los pasantes de Medicina, sobresalientemente, en los municipios serranos; así como  los miembros del magisterio, recién egresados de las instituciones formadoras de docentes tanto de las Escuelas Normales o de la Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua (UPNECh), no es de ahora, ni privativa del estado, sino que, en menor estadística, hace años que se venía y se ha venido presentando, no sólo en Chihuahua, sino en otras partes del país, y según su incidencia, este fenómeno social, económico, político y educativo-cultural, está tornándose en una constante, sin visos de detenerla.  

    Por lo que hace al magisterio agremiado en el SNTE, por algunas décadas, los problemas que confrontaban en las comunidades en donde prestaban sus servicios vocacional-educativos, eran con determinados “caciques” o algunos miembros de los grupos retardatarios, fanáticos de la comunidad, por considerar –éstos–  que con las clases que impartían los profesores (as) a sus hijos,  se estaba atentando contra sus intereses. Pero a raíz de que se “descontroló todo” con la presencia abierta de los cultivadores de drogas y de los narcotraficantes, se empezó a enfrentar esa nefasta inseguridad, que en muchos casos los ha venido obligando a retirase de los centros de trabajo, por no prestarse a la exigencias del crimen organizado y “desorganizado”, en ocasiones, con el “visto bueno” o “colaboración” de las propias autoridades municipales y… Incluso, no pocos profesores y profesoras, han sido golpeados y amenazados de muerte, y hasta asesinados, por no ceder a la exigencias de…

    Desde luego, la situación laboral de muchos profesores y profesoras tanto de las principales ciudades del estado, como del resto de las regiones del mismo, no son nada envidiables, sobre todo para quienes a raíz de la “reforma educativa” pripeñanietista, de acuerdo con las exigencias del “servicio profesional docente”, han tenido que presentarse en comunidades nada seguras, motivo por el cual, han preferido mejor renunciar a la plaza, esencialmente, las jóvenes maestras.

    Y ahora, se empeora la realidad para los pobladores de los citados contornos geográficos, pues siendo la SALUD como la EDUCACIÓN, uno de los principales derechos constitucionales del pueblo mexicano, sin ninguna distinción, tal como lo establece el Artículo 3º en relación a la educación; y el Artículo 4º en su párrafo cuarto que a la letra dice: “Toda persona tiene derecho a la PROTECCIÓN DE LA SALUD. La Ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la Federación y las entidades federativas en materia de SALUBRIDAD GENERAL,…” Nos encontramos con que “Pasantes suspenden servicio en hospitales… los pasantes de medicina dejaron ayer de prestar sus servicios en los hospitales del estado, en demanda a una respuesta a los planteamientos que fueron presentados ante la Secretaría de Salud…”

    Todo ello, no porque así lo estén decidiendo irresponsablemente los mencionados pasantes de Medicina, sino por la inseguridad  en que está inmersa su labor médica-comunitaria, que hace algunos años impera, pero ante todo, por el secuestro en Gómez Farías, del doctor   Blas Juan Godínez. Por lo que, “Debido a la racha de violencia que impera en la zona Noroeste de Chihuahua, hospitales y centros de salud de los municipios de Buenaventura, Ignacio Zaragoza, Gómez Farías, Madera y Namiquipa, han dejado de brindar sus servicios, dejando a miles de personas sin acceso”. (Información de Miguel Silva, El Diario de Chihuahua, domingo 12 de noviembre de 2017).

    Por ahí en los rincones de nuestra un tanto gastada memoria, se conserva aún aquella triste e indignante noticia (¿de los inicios de la década de los ochenta del S. XX?) del asesinato de una joven pasante de medicina, que estando cumpliendo con su servicio social en una de las poblaciones de la sierra, al no aceptar traer a Chihuahua, un “cargamento” de cocaína, fue asesinada por los cobardes y poco hombres integrantes de las mafias del narcotráfico. Entonces, el actual posicionamiento del sector de profesionistas de la salud, es del todo razonable y resulta muy comprensible y entendible.

    Por cierto, por décadas, sino es que todavía, en las filas del magisterio afiliados al SNTE, se cultivaba la solidaridad entre compañeros, entre camaradas, desde el recibimiento que le daban al “nuevo” maestro, teniéndole lista su casa-habitación y relacionándolo con los propietarios de los pocos comercios, con el propósito de que les “fiaran” lo necesario de la “canasta básica”, mientras les llegaba su primer pago, que a veces se tardaba meses en percibirlo. Incluso, en casi todas las comunidades, los propios miembros de la comunidad escolar, apoyaban en todo a sus profesores y veían por su seguridad. Práctica que muy bien puede ser aplicada entre los médicos, enfermeras y demás personal de los hospitales o centros de salud.

    Así, en poblaciones como las que venimos señalando, bien pueden sensibilizarse y concientizarse desde las autoridades y vecinos, para formar comités de apoyo a los jóvenes médicos, construyéndoles  las casas o departamentos para los médicos, al igual que como se hacía con la “Casa del Maestro”. ¿Y por qué no? En todo caso, levantar anexos a los hospitales, a los centros de salud o a los dispensarios médicos, para que sirvan como vivienda a los respetables susodichos. Incluso para estar permanentemente  atentos a su seguridad.

    Por último, vea usted apreciable lector, la gran cantidad que les pagan o beca que les dan a ese sector de profesionistas en referencia: médicos internos del IMSS al terminar su 5º año de estudios, de 700 a mil pesos por quincena; por el servicio social prestado, 2000 a 4000 pesos al mes, y en algunos casos, se les proporciona apoyo para alimentos.

Y todavía se les da de baja, como el caso de la pasante en medicina Ana Gabriela Cota Villalobos (UACJ) por exigir un lugar en donde vivir en medio del fuego cruzado.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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