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Opinion

Aniversario de un trovador de las palabras.

Héctor Pérez Estrada | Martes 20 Marzo 2018 | 03:40 hrs
Creo que fue un marzo de 1978 cuando empecé a escribir en el extinto diario El Norte en esta ciudad de Chihuahua, que se ubicaba en la Av Juárez y Venustiano Carranza. Me vino bien tener un medio donde expresarme en porque desde mis 14 años ya me gustaba escribir unos culebrones sobre distintos temas. En ese marzo de aquel año no tenía un tema en concreto para escribir, pero una noviecilla de entonces me mandó al diablo y así nació mi pomposo y dramático primer artículo, fervientemente inspirado: Filosofía de la vida. (ja ja ja)

No había nada de filosofía en aquel escrito solo una prosa que lagrimeaba.

En esas primeras travesías por las letras conocí entre otros muchos escritores de Chihuahua a Don Guillermo Prieto Luján y a Pedro César Acosta Palomino, que aventuraban excelentes artículos en el extinto Novedades de Chihuahua. Jaime Pérez Mendoza, en paz descanse, me dió la oportunidad de escribir en la página editorial y de opinión de aquellos años. Las presiones del gobierno, entiendo, provocaron que tuviésemos que salir de aquel diario y a mi corta edad conocí esa experiencia dolorosa y divertida de ser echado a la calle.

Después en el Heraldo de Chihuahua fui invitado por Carlos Figueroa, aquel periodista genial que escribía una columna dominical con el pseudónimo Tulio. Obligada lectura por la clase política por el análisis político empotrado en una estructura narrativa de una extensión de dos páginas enteras, muy amenas, que sencillamente debían leerse para entender lo que yacía en el fondo de los sucesos diarios. Fueron muchos años en el Heraldo ya bajo la dirección de Javier Contreras Orozco. Y después otra otra invitación de Jaime Pérez Mendoza al Diario de Chihuahua y en otros medios locales la aventura dejaba estelas en la mar.

Hoy, estoy en el Diario de Chihuahua, fundé hace años un digital, escribo en otros más, tengo mi blog y comparto mis colaboraciones en redes sociales, he participado en radio muchas veces, aunque no es lo mío, y pues aquí seguimos dando guerra. Cuarenta años se dicen fácil pero he escrito más de dos mil colaboraciones, tengo tres libros escritos, de los cuales solo presente dos y elaboré la estructura de otro que es una recopilación de epístolas bellas que algún día será publicado.

Escribir es arduo cuando reconoces este don como parte de la misión que tienes en la vida. Me complace decir que mi labor ha sido ininterrumpida. ¿Qué tan trascendente? Solo Dios y la historia lo juzgarán.

Cuando varios hombres maduros intentan describir cual ha sido su misión en la vida escucho con respeto pero yo siempre he asociado la más trascendente misión en la vida a los dones y a la vocación profesional.

Por supuesto que no hay una vocación, que para ser tal, no requiera ser parte de una misión. Conozco muchos políticos o servidores públicos que tuvieron notables posiciones e hicieron las cosas tan mal que quizá la misión que tenían encomendada, y que ellos construyeron libremente: fue ser ejemplo para el mundo de que la política es una ciencia de tanta inteligencia y capacidad de servicio, que no está reservada para los espíritus enclenques, vanidosos, bufones, hipócritas. En la prosa, poesía, literatura en general ocurre igual: si no eres capaz de inspirar lo mejor que hay en el hombre no uses la palabra Misión y el término Vocación tampoco, porque el llamado es etéreo y sagrado, nunca es un espectro interior que se mueve como entre sombras de la noche, esperando en cada esquina en donde se posa agitado, con ansias destructivas.

La misión para mi es más sencilla. Inicia cada día viviendo en armonía con los vecinos, tratando bien a los amigos, esforzándote por tener un mejor matrimonio, ideando novedades en tu actividad laboral que te provee el pan y la sal, involucrándote en los retos de beneficio social que puedas sacar adelante, saliendo avante de los seguros fracasos que en muchas cosas tendrás, y en fin se resume en esto: vive lo ordinario como si fuese el último día de tu vida. Cuando voltees hacia atrás te sorprenderá lo extraordinario y quizá puedas entender: la misión que Dios te ha encomendado.

He vivido, y hoy éste cumpleaños de cuarenta años escribiendo, me permite primero festejar por una niñez sana y jugando al fut bol en las calles, por años de estudiante muy divertidos, por grandes años universitarios, por un trabajo que ejerzo desde hace décadas, por cuatro hijos que agradezco y que disfruto, por una esposa maravillosa, por una vida que ha esperado la primavera 58 veces. Nadie está nunca preparado para partir porque la vida es bella, pero es importante tener la sensatez, como yo apelo a ella, para también traer a mi caudal de vida los fracasos duros que tuve, los golpes brutales, los exilios, las penas que se hicieron costra. Todo va junto, todo sirve para esa misión, que a mis 58 años de vida todavía no la vislumbro con absoluta claridad.

Se la mejor versión de ti mismo no te quiebres la cabeza pensando en tu misión. Y si quieres saber que tan exitosa ha sido tu vida no te vayas con el espejismo del tener mucho sino del ser mucho. Entre el ser y el tener como decía Viktor Frankl debe haber un equilibrio, pero tu SER  siempre lo reconocerá aquella persona, aquella comunidad, aquel país al que has servido con toda tu pasión.

Feliz fin de semana.

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