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Opinion

Caminante

Jaime Rodríguez Chacón | Martes 20 Marzo 2018 | 03:35 hrs
Los visitantes que surcan estas inhóspitas  y  áridas  tierras de pronto llegan y así se van.

Su trajinar es lento.

Unos comienzan con la juventud  del rocío de la mañana, incautos de  insospechados peligros.

Transeúntes: unos ansiosos del reposo por el largo y tortuoso viaje, otros jubilosos y esperanzados con la fortaleza de indómitos novillos.

El carácter allí se sumerge en la fragua de la aridez, fatiga, trabajos mil y soledad.

 Gritos de soledad, de desesperanza, de hastío, en busca del espejismo de la felicidad. Es el clamor de muchos confundidos, que a tientas,  desforzados, solitarios, deambulan por el pasadizo incierto de la temporalidad.

La tempestad  ciega  sin saber qué rumbo tomar, polvo torbellino ruge sin cesar, en obligado pose al creador han de rogar, que increpe a los vientos que haya bonanza que venga la paz.

Gritos desgarradores de peregrinos que parten el alma, trastocan las cuerdas del corazón.

Almas que así, desnudas como llegan se van, Inocentes, hambrientos de amor, sedientos de justicia.

¿Por qué me has abandonado? Tengo sed,  Son los lamentos de un enjambre de parias que deambulan por el yermo erosionado.

Son la semilla de sus ancestros, visitantes en el tiempo, tiempo largo por lo fatigoso,  pero fugaz  por el centellar de la felicidad.

Tal parece que cual mosquitos nacen en la mañana, y por la tarde se van, Gránulos de arena en la inmensidad de lo eterno.

Caminantes  que  afrontan en  solitario yermo los peligros de sanguinarios lobos,

Bestias que olfatean la sangre, hambrientas de poder, cerdos que engullen, tragan,  las algarrobas de lo mundano,

 Con su mirada clavada hacia el cenagoso y sórdido suelo, se revuelcan en el frenesí de su  maldad.

Nunca voltean hacia arriba, donde el creador, y restriegan sus trompas en su insaciable gula.

Gula del materialismo fugaz, que nutre la ambición de la moderna burguesía,

 Bestias hambrientas de poder, descendientes de Caín, hijos de Luzbel. Para los cuales está reservada la más densa oscuridad, el premio a su maldad.

Porque el hombre para el hombre siempre es un lobo.

Pero, en el paramo terrenal del tiempo aparece una figura:

Dios mío, ¿porqué me has abandonado?  Tengo sed, emanan las palabras de una cruz que se yergue ensangrentada, de aquel que es amigo tuyo y mío.

Son las mismas palabras de  multitud de parias, sedientos,  hambrientos, que atraviesan  el erosionado mundo de maldad.

Pero yo el herido, el experimentado en quebranto, sé de tus anhelos y tus desventuras, de tu soledad y tus amarguras.

Yo, he venido al mundo a morir por ti, aunque no me conociste. No compraste para mí caña aromática por dinero, ni me honraste.

 Sino pusiste sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades.

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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