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Opinion

López Obrador, muy holgado

| Jueves 14 Junio 2018 | 00:35 hrs

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Medalla al mejor tercer lugar

Corral no entiende que no...

Tarahumaras en la política


A un día de iniciar el mundial, a tres del juego México-Alemania y concluido el tercer debate, las campañas presidenciales pueden darse por terminadas para efectos de mover las preferencias electorales, tomando en cuenta la diferencia amplia de López Obrador, entre 15 y 22 puntos según la casa encuestadora.

Desde luego es diferente la intención de voto, reflejada en las encuestas y la materialización del voto, la boleta depositada en la urna. Los encuestadores suelen equivocar por mucho sus proyecciones, pero ningún candidato había llegado al final de la contienda presumiendo márgenes así de holgados.

¿En consecuencia debemos dar a López Obrador por nuevo presidente de México? Desde luego que no, el Bronco explicó muy bien, en su minuto final del tercer debate, que Alemania es 86 por ciento favorita en el mundial, pero necesita llegar a la final y ganarla antes de recibir la copa.

Así en las elecciones, antes de adelantar ganadores los votos deben ser contados.

Se afirma que por el rumbo de la elección pinta improbable una debacle inesperada de López Obrador. ¿Cómo podrían quitarle la elección a estas alturas de la campaña? Difícil y más si hay razón en las sospechas de que pactó con Peña, como afirman Anaya y sus matraqueros.

Es indiscutible ganador de los tres debates, no por calidad argumentativa, discurso estructurado o capacidad de respuesta, en esos departamentos básicos para los buenos polemistas lució pésimo. Su condición de ganador es porque “no le quitaron ninguna pluma a su gallo”, como suele presumir.

Poniendo a tono del momento futbolero, una explicación válida para razonar su incuestionable victoria es que los tres debates serían el partido de vuelta, con un López Obrador que ganó los de ida por goleada; tres o cuatro goles a cero. Un empate o incluso perdiendo por la mínima en la vuelta lo deja en calidad de campeón. Guste o no, es la realidad electoral del país.

En todo caso y con el mejor propósito de ser políticamente correcto con los dos “segundos”, se propone incluir una categoría nueva en la clasificación de las posiciones electorales: el mejor tercer lugar.

Dado que no se han puesto de acuerdo quién ocupa el segundo, Meade o Anaya, sería bueno consolar al que salga rezagado entre los dos con el premio al mejor tercero, el eufemismo nada sana pero aliviaría el maltrecho ego de quien resulte más castigado por los electores.

El dominio de López Obrador es tal, en esta su tercera campaña, que los contendientes más cercanos pelean por la medalla del segundo lugar, como si en política tuviera valor.

Otra opción de consuelo sería otorgar el segundo lugar a los dos, dejándolos empatados para evitar discusiones, efecto que abriría espacio para que, ufanos, digan que ganaron por goleada al Bronco, quien a su vez tendría el premio del tercer mejor lugar. El juego donde todos ganan.

Carece de sentido hacer valoraciones y comentarios sobre el tercer debate, la campaña está cerrando y el ejercicio no movió ni un ápice las preferencias y si las movió fue mínimo, cambio que sería invalidado por la portentosa ventaja del puntero.

Queda el Congreso, diputados y senadores, tema de la mayor importancia, pues el país necesita macizos contrapesos de gobierno para contener las ínfulas de dictador y apetitos reeleccionistas de un personaje como López Obrador, en caso de que gane la elección, claro está.

Ayer preguntaron al gobernador Javier Corral sobre su marcha por la paz en San Luis Potosí, apoyando a un candidato del Frente a la presidencia municipal. Respondió que “no debe haber polémica, yo fui a apoyar a un candidato amigo mío, por supuesto con recursos propios en un sábado donde yo tengo la posibilidad de participar en actividades políticas como lo han hecho muchos otros”.

Corral está como Peña y no es ánimo de molestar comparándolo con el nuevo vulgar ladrón, el fiasco para México al que suele criticar diario y con soltura. No entiende que la gente se molesta viéndolo de activista electoral fuera de Chihuahua, mientras muestra negligencia en los compromisos del estado que gobierna.

Si acompañó al amigo en su día de descanso –que por cierto no desaprovecha ninguno, incluidos los fines de semana largos- y pagó de su bolsillo viaje y hospedaje, es lo de menos. El punto está en la indolencia como gobernador, haciendo activismo político alrededor del país y encima encabezando marchas por la paz, cuando en Chihuahua mueren a causa de la violencia cientos. En mayo casi 150 y en este mes la proyección tiende a ser mayor. Sin mencionar los miles de hogares que padecen de la falta de agua en temperaturas que rondan los 38 grados. Y el pésimo servicio de transporte, peor que cuando gobernaba Duarte.

Por eso no entiende que no entiende. Sí, hay polémica y mucha. Será el último en percatarse y aceptarlo, como los maridos ofendidos, pero ningún observador objetivo negaría que su administración sufre un deterioro acelerado a causa de su indolencia.

A los chihuahuenses les resulta inadmisible que su gobernador se pasee por el país con la bandera de candidato a todo, desatendiendo su compromiso con Chihuahua, por más pendiente que diga estar.

Ejemplo de su descuido lo describe un hecho tan simple como el plantón a los tarahumaras ultramaratonistas premiados en España. El martes los plantó frente a las puertas de la oficina porque su agenda estaba ocupada.

Así porque sí decidió no abrir un espacio de cinco minutos para tomarse la foto, felicitarlos y obsequiarles algún regalo de recuerdo. Aunque fuese una despensa de frijol con gorgojo, dijo en tono burlón uno de sus detractores.

Ponga a un lado la ironía, sólo pretende molestar, el comentario general es que carece de tiempo para recibir a los corredores rarámuris, íconos de la chihuahueneidad, siendo que le sobra para estar pendiente de las campañas nacionales y cualquier coma que muevan al expediente de “La Coneja” o los maxijuicios.

Al ver el plantón de los famosos corredores, Peña Nieto se apresuró a felicitarlos en su cuenta de twitter, reacción normal y esperada de un mandatario al que ofende sin recato.

Esos descuidos que pareciesen menores minan la voluntad de los electores hacia su administración y, eventualmente, terminarán por debilitarlo donde más le interesa, los escenarios nacionales.

Gps@diarioch.com.mx

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