Diferentes pero iguales en derechos

Salud Ochoa / Regional | 15:55

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Cuauhtémoc.- La región de Cuauhtémoc se caracteriza por la diversidad cultural que existe y que convive de manera cotidiana en el campo y en la ciudad. Aquí convergen desde hace años pobladores mestizos, indígenas y menonitas quienes comparten, de alguna u otra manera, sus costumbres y tradiciones.

En el caso particular de las mujeres, a simple vista son diferentes, pero iguales al adentrarnos en ciertos roles que desempeñan dentro de la sociedad. Más allá del color de piel, estatura, idioma o vestimenta, las féminas de estas tres etnias tienen diferencias establecidas por su cultura, sin embargo, hay conductas que se observan a simple vista y derechos humanos inalienables –como la educación o la salud- que pueden y deben ejercer independientemente de su origen o procedencia.

En el caso particular de las mujeres indígenas que habitan en esta zona del estado, son en su mayoría provenientes de la sierra tarahumara y llegan a través de un flujo migratorio impulsado por la búsqueda de un empleo que les permita tener mejores condiciones de vida.

Es común encontrarlas en las calles llevando a sus hijos sobre la espalda, vestidas a la usanza tradicional y casi siempre silenciosas. Ellas son quienes se hacen cargo de los niños y en muchas ocasiones, también del sostén del hogar, de tal manera que no es extraño detectarlas laborando en el servicio doméstico o como jornaleras en los campos agrícolas a donde llegan con sus pequeños.

Las mujeres menonitas se distinguen por el color de piel y la vestimenta, pero, hay en su comportamiento ciertos rasgos tradicionales, observables también tanto en las indígenas como en algunas mujeres mestizas.

A cualquier sitio que van, generalmente están acompañadas por sus esposos aunque siempre detrás de él, comprando lo que el hombre ordena o necesita para la casa o el trabajo.

En los últimos años, algunas han modificado ciertos comportamientos o tradiciones, permitiéndose vestir de manera moderna, saliendo a trabajar, manejando vehículos familiares e incluso preparándose académicamente más allá de lo que se acostumbraba.

A pesar de ello, todavía se detecta el rezago que ambas etnias presentan en lo que a derechos de las mujeres se refiere.

En lo que respecta a las mujeres mestizas, pudiera pensarse que han logrado avances mucho más notorios que las anteriores y aunque si bien es cierto, eso ha ocurrido, también lo es que hay grupos focales de la población femenina que sigue siendo víctimas de la violencia doméstica, laboral, física, económica, etc.

En este contexto, es evidente que a pesar de sus diferencias físicas, las mujeres de las tres etnias aún tienen un largo camino que recorrer y batallas por enfrentar en materia de derechos humanos.

El derecho a la educación, el trabajo, al crecimiento personal, a vivir una vida acorde a sus expectativas es algo por lo que las mujeres aún deberán seguir luchando, sin importar la edad, raza o condición social.

 

8 de Marzo, razón para luchar, más que para celebrar

146 trabajadoras textiles fallecieron en un incendio debido a las quemaduras, los derrumbes y la inhalación de humo. Algunas se suicidaron al no ver escapatoria.

Cuando se conmemora el Día de la Mujer, algunos lo hacen pensando que es una especie de celebración alegre. Sin embargo, el verdadero origen dista mucho de ser un motivo para sonreír o inflar globos. Lo que sucedió hace un poco más de 100 años es realmente terrible. Hoy lo podemos recordar pensando que esas injusticias quedaron atrás, pero lo cierto es que aún después de tanto tiempo las mujeres continúan luchando por sus derechos.

Lo que se recuerda cada 8 de marzo es la muerte de 146 mujeres trabajadoras. Ellas fallecieron cuando pudieron haberse salvado si es que hubieran sido tratadas de manera igualitaria. Un incendió se las llevó de este mundo. Eso hizo que en todas partes se levantara gente para exigir un cambio. Las cosas a no podían seguir como estaban. Había que obtener justicia en la vida conyugal, en el trabajo y en el ámbito de los derechos civiles.

La tragedia sucedió en una fábrica de camisas ubicada en Nueva York, el 25 de marzo de 1911. Este fue uno de los mayores desastres industriales en toda la historia de Estados Unidos. Las trabajadoras textiles fallecieron debido a las quemaduras, los derrumbes y la inhalación de humo; otras se suicidaron al no ver escapatoria. Gran parte de las empleadas eran inmigrantes jóvenes que rondaban los 20 años de edad.

Las muertes se produjeron porque las trabajadoras no pudieron salir del edificio en llamas. Los dueños de la fábrica habían cerrado las puertas de las escaleras y sellado las salidas para evitar robos. Este desastre hizo que se produjeran cambios legislativos importantes en temas laborales y provocó la creación del Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles. El incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist, es lo principal que se recuerda los 8 de marzo, por lo que es más una razón para seguir luchando que para celebrar.