Danzan para celebrar la Semana Mayor

Regional | Lunes 2 Abril 2018 | 16:51

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Chihuahua.- En tiempo de Semana Santa, los rarámuri danzan para orar y mantener su espiritualidad, bailan en honor a sus muertos y para agradecer bendiciones o alejar los maleficios, además de que con estos bailes evitan enfermedades, el sufrimiento y la tragedia.

Al llegar los misioneros a la sierra, trataron de enseñar a los rarámuri pasajes evangélicos de la Semana Mayor, celebraciones que fueron de gran agrado para los indígenas.

En la actualidad, en todas las partes donde hay un templo se hacen estas celebraciones de acuerdo al mismo patrón que los misioneros les enseñaron.

En estas fiestas colocan ramas de pino que marcarán el camino de las múltiples procesiones; aquí participan dos grupos: el de los fariseos (bandera blanca) y el de los soldados (bandera roja).

Ambos tienen capitanes que los dirigen, tenaches que cargan con las imágenes de los santos y los pascoleros que participan con la alegre danza del pascol, usando cascabeles alrededor de los tobillos bailan al son de los violines y flautas.

Los rarámuri simbolizan a los chabochis en el grupo de los malos (fariseos), los cuales se pintan de blanco y representan a los partidarios de Judas, que en la danza simbólicamente andan en todas partes y dominan la situación, pero al final son vencidos y triunfan los representantes del bien: los soldados.

Según la leyenda de los antiguos pobladores de la sierra, el mundo fue creado por Rayénari -dios sol- y Metzaka -diosa luna-. En su honor, hoy en día bailan, sacrifican animales y beben tesgüino.

El tesgüino es un fermentado de maíz, de contenido alcohólico (similar a la cerveza), espeso y nutritivo.

Desde una semana antes del jueves santo, vuelcan toda su energía y trabajo conjunto para la celebración, durante tres largos días, de la Semana Santa.

Los jóvenes regresan del bosque cercano con pequeños pinos con los que se construirán arcos hasta de cuatro metros de alto para colocarse frente y alrededor de la iglesia.

Estos arcos, coronados con grandes flores de yuca, sirven en el ritual de Semana Santa como estaciones, en donde un grupo de hombres y mujeres -previamente designado- baila y reza. Estos arcos también se instalan frente a la casa donde se prepara y se sirve el tesgüino.

Durante tres días no dejan de sonar los tambores, las flautas y violines, que hacen recordar música de antaño.

Justo antes del anochecer, uno de los chamanes entra al atrio de la iglesia seguido por tres hombres que portan pequeñas vasijas llenas de esta bebida. El chamán sostiene sobre su cabeza olotes ardiendo y un cuchillo, los cuales utiliza para señalar, frente a la cruz de madera, los cuatro puntos cardinales. Los tres hombres que lo acompañan rocían el piso con el líquido de sus vasijas, el rito se repite tres veces.

El jueves santo, a media noche, la muchedumbre se dispersa, y cerca de la una de la mañana sólo el misterioso sonido de los tambores se escucha en la oscuridad.

La mañana del viernes santo, los soldados y fariseos, representados por dos grupos de hombres pintados con cal y ocre, los pintos danzan durante 36 horas. Donde quiera que ellos realizan su representación, se sirve tesgüino.

Los danzantes llevan dos figuras de paja -una femenina y otra masculina- representando a Judas. El viernes es el único día que participan las mujeres en la procesión, cantando y echando incienso alrededor de la iglesia.

Para entonces, el atrio se encuentra atestado de bailarines y músicos tocando sus tambores, violines y flautas; los ancianos también están presentes.

Esa noche, es cuando los tarahumaras realmente gozan de la fiesta: beben, bailan, ríen y chismean; despúes más baile y saltos, acompañados siempre del agudo sonido de los tambores.

El sábado en la mañana, los grupos de soldados y fariseos danzan en los cerros. Al mediodía los grupos de danzantes llevan a cabo su representación en el atrio del templo. Son los "matachines" que se mueven rítmicamente al compás del violín y la guitarra.

En la tarde, el maestro de ceremonias destruye todos los arcos que están al frente de la iglesia, mientras los artistas y espectadores se retiran lentamente hacia el campo. Allí son quemados los Judas.