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Arlette te lee.
Por: Renata Chapa | 01 de Julio del 2012 | 00:40 hrs
 

PARTE II

Las experiencias curriculares de Arlette Pacheco justifican porqué es reconocida con rapidez por un público intergeneracional. Su carrera comenzó a los 17 años cuando representaba con papeles de “niña de calcetas”, como ella menciona. Películas como “El zorro blanco”, “Esas ruinas que ves” y “Mecánica mexicana”;  telenovelas de alta audiencia como “El privilegio de amar”, “Rubí”; y series que van desde “Mis huéspedes” o “Mujer, casos de la vida real” a la actual “Como dice el dicho”, la mantienen en pantalla viva y hoy, al momento de escribir este texto, con 51 mil 19 seguidores en su cuenta de Twitter “@ArlettePacheco”.  
Gracias a su capacidad de trabajo y al estudio --dos rasgos heredados, sobre todo, por el perfil intelectual de su padre—Arlette es una actriz vigente. Pero también mantiene frescos sus roles de mamá de sus siempre presentes Carla y Nicole Vale; de hija, de hermana, de amiga, de ama de casa. Y de lectora constante. No es gratuito, entonces, que Arlette haya seleccionado el libro de Sara Sefchovich como buen pretexto para conversar. Sefchovich, autora de “Demasiado amor” (Punto de Lectura, México, 1991) es otra mujer que, en lo suyo, la academia, también tiene cartel de valor. Al igual que Arlette, es oriunda del Distrito Federal. Su producción de textos de divulgación científica y en la narrativa es vasta: es licenciada y maestra en sociología y doctora en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es integrante del Instituto de Investigaciones Sociales de la misma UNAM. Colabora en el periódico “El Universal” y su trabajo como novelista ha sido varias veces premiado y reconocido al igual que su labor como traductora, profesora y conferencista internacional. Las historias de Arlette, las de Sara, las de los personajes que ambas han recreado en diferentes encuadres dan bastante materia para hablar. Por fortuna, los libros son punto de encuentro:

Renata Chapa (RCh): Al escuchar parte de tu historia familiar, laboral, personal, no puedo dejar de regresar a la protagonista del libro “Demasiado amor”. Con diferentes anécdotas, con distintas alternativas para forjar su ahora, pero tanto tú como ella son muestra  de lo que una mujer se atreve a desafiar para quitar piedras del diario camino.
Arlette Pacheco (AP): No ha sido fácil, pero es ahí donde es posible lograr un auténtico crecimiento humano. Luego del fallecimiento de mi papá, y de haber entendido que me reencontraría y reconocería a mi mamá, viví con ella sólo un año. Después decidí buscar mi propio espacio. Esto me obligó a pagar renta, a reparar daños en las tuberías, a estar pendiente del recibo de la luz, a tender las toallas húmedas; a administrar mi casa sola porque no había ya papá, ni mamá ni nadie quien lo hiciera por mí. Esto fue a mis 19 años, otro momento de mi vida en el que tuve que crecer muy rápido. Como estaba segurísima que no me faltaría el trabajo, me sentí segura para despegar. Pero la lección fue dura. A pesar de que contaba con un papel en dos películas a punto de ser filmadas y un papel bien remunerado para una obra de teatro, ninguno de los proyectos se llevó a cabo. Las películas fueron canceladas. En el teatro, como me quisieron pagar el mínimo y no me dejé, ya no me dieron la chamba. No se me olvida que en esa época de crisis compraba leche en polvo y galletas para irla llevando. Cuando el hambre me pegaba duro, casualmente llegaba cerca de la hora de la comida a visitar a mi mamá. Sus platos de sopa caliente me caían como una bendición. Pero nunca contemplé siquiera la idea de regresar a casa con ella. A mis veinte, cambió un poco el panorama y pude ensanchar mi primer departamento. Casi puedo decir, entonces, que me hice sola, que me formé sola. Sabía que “Clavillazo” era mi tío segundo, pero no lo conocía. Muchos me decían que fuera a pedirle apoyo, que seguro me respaldaría, pero me parecía horrible llegar con él y decirle, “Buenas tardes. Yo soy su pariente y nunca le he hecho caso, pero también soy actriz como usted y necesito me ayude”. No podía salir con esa grosería. Ya luego tuvimos oportunidad de coincidir él y yo. Me saludó cariñoso, pero nunca “le pedí para las frías”. Sola tuve que vérmelas. Sola llegué a Televisa para echar mentiras diciendo que tenías citas con tal o cual ejecutivo y sí fue duro el camino. Y sola seguí adelante. Jamás le he sacado a la chamba y lo que llegue de trabajo, yo lo tomo. A la vida hay que salir con ganas de encontrar trabajo. No de lo contrario, tal y como sucede con la protagonista del libro. Ella fue una mujer que pese a los desafíos, se entregó. A veces gustándole las circunstancias; otras, no tanto. Pero siempre siguiendo su ideal. Le costó lágrimas y “demasiado amor”. Pero así tal cual es la vida. Con vaivenes emocionales que nos dejan fortalecidas.
RCh: Volvamos a los estereotipos. Tanto la protagonista de “Demasiado amor”, como tú y como tantas otras mujeres de perfiles diferentes venimos cargando ideas preconcebidas. Muy arraigadas. Unas abonadas por nosotras mismas; otras, endosadas por los demás. Pero muchas de esas ideas tienen que ver o con lo fácil o con lo imposible que “deben ser” nuestras formas de reaccionar ante determinadas circunstancias. Y, francamente, no  siempre tiene que correr la misma película.
AP: En mi caso, en la actuación, casi todos creen que por eso ya eres una triunfadora porque apareces en la tele. O también puede ser lo contrario. Hay quienes nos satanizan porque trabajamos en tal o cual género. Pero la verdad es que toda experiencia es relativa y necesitamos comprender cada una con criterios más amplios.  En el caso del “triunfo” del actor he comentado que puede llegarte una oportunidad de oro al inicio de tu carrera o simplemente jamás. Actuar no implica éxito por añadidura. Por eso, siempre es necesario estar preparadas para tomar el momento preciso en nuestras manos y ajustarlo a nuestro favor. Aquí recuerdo de nuevo a mi padre, a los libros, a la investigación, a la disciplina. Cuando tuve que  presentar el examen de admisión en la escuela de teatro, tenía que interpretar una escena de la que no tenía suficientes referencias. Comenté mi inquietud con papá y él me sensibilizó al explicarme el momento histórico, político, económico. No fue tan sencillo entrar en el contexto, pero tampoco fue inalcanzable. Pude entrar en el personaje y disfrutarlo gracias a una actitud receptiva, dispuesta al cambio. Por fortuna, de los dos mil que presentaron examen, nos quedamos doscientos; nos graduamos 25; y de mi generación, sólo vivimos de la actuación tres. En la actualidad, muchísimos chavos quieren todo fácil y nosotros, los papás, en el amarlos tanto, queremos resolverles todo sin saber el daño que les provocamos. Los volvemos inútiles, dependientes, poco ocupados por crear sus propios logros y salir adelante. Yo he trabajado, sigo trabajando y espero trabajar mucho tiempo más. ¿Por qué pienso así? Pues porque no tuve quien me resolviera de inmediato mis problemas por menores que fueran, como la toalla mojada en la cama o el ir a pagar la luz, como ya lo decía.

RCh: ¿Un libro más, Arlette, que también te signifique “demasiado amor”?
AP: “Cuentos Romanos” de Alberto Moravia. ¡Me encanta! Sobre todo uno de los cuentos. Se titula “No ahondes”. Trata de un hombre que cierto día llega a su casa y detecta que su mujer se fue. Ella le deja una carta diciéndole todo lo que le tiene listo, lo que ya dejó arreglado, las cuentas que están pagadas. Y le pide que por favor no la busque. Que no averigue. Que “no ahonde”. El marido empieza a cuestionarse en qué falló y recapitula todo lo que con ella compartía desde el primer día de casados. Las idas a tiendas a comprar ropa o a surtir la despensa; las tardes de espera en los salones de belleza;  las idas y venidas al doctor; las reuniones con las amigas. Sin querer, y sin darse por enterado, el hombre plantea un panorama de amor asfixiado. “No ahondes” nos enseña que en la relación de pareja, el otro o la otra no es la mitad que nos falta. Es una persona que necesita su propio oxígeno. Es ese otro individuo con el que decidimos caminar juntos, cualquiera que sea el tipo de vínculo que se tenga. Casados, en unión libre, como novios, al dejarle al otro su propio espacio y al tener nosotras el nuestro, los encuentros se vuelven oportunidades de mayor aprendizaje. Entonces en la pareja, el uno y el otro adquieren por sí mismos experiencias que luego serán compartidas entre ellos. Existen tantas personas que no saben cómo estar con ellas mismas. Que necesitan a un tercero para ser y estar. Quién les tome de la mano para sentirse que son. Eso es tristísimo. Porque tú puedes estar contigo misma y tener la mejor compañía del mundo. Si nos damos a nosotras y a nosotros mismos primero, en esa medida seremos grandiosa compañía para los demás. A nuestro cuerpo y a nuestro espíritu hay que darles lo que piden. No es complicado. Sólo es cuestión de preguntarnos, de escucharnos y de amarnos siempre, a cada momento. La vida no sólo es trabajar, pagar cuentas y dormir. La vida, sin duda, es “demasiado amor”.

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El Diario de Chihuahua