Si usted quiere que este domingo se le inflame más el colon, se agrave su úlcera péptica y aumente su nivel de neurosis, le malaconsejo lo que debe hacer en esta jornada electoral. Es decir, si usted desea de todo corazón amargar un poco más su vida este primero de julio siga las siguientes instrucciones:
Primero, sueñe hasta despierto, que su candidato o candidata (presidente, diputado o senador) ganará las elecciones inobjetablemente y que usted estará feliz a las 8 de la noche del próximo domingo, celebrando el triunfo en el monumento a Villa o en el Parque Lerdo, burlándose de los perdedores. En paralelo, levántese cada mañana dudando del sistema electoral mexicano. Rumie su convicción de que todas las elecciones son una farsa y un fraude inexpugnable. Siembre la duda en cuanto interlocutor pueda. No hay mejor forma de pervertir nuestro razonamiento democrático que utilizando la atrofia mental de la confianza-desconfianza hacia las instituciones.
Confíe en que su partido va a ganar, pero sospeche de todas las empresas encuestadoras que no lo hayan previsto en sus resultados. Acepte sólo a aquéllas, que hayan dejado entrever que su elegido tiene probabilidad de ganar, las demás están compradas. Desconfíe de todos sus vecinos y conciudadanos que voten por otro partido que no sea el de su preferencia. O son estúpidos masoquistas, o son corruptos vendidos.
Crea a pie juntillas en la herejía de Maniqueo y trasfiérala al ámbito político electoral. Si quiere frustrarse este domingo divida mentalmente a nuestro país en buenos y malos. No se vaya a equivocar, usted debe ubicarse dentro de los mexicanos buenos, los que este país necesita para salir adelante. Vea a todos los que no están con su candidato como los malvados, los rateros irredimibles que tienen al país sumido en el subdesarrollo.
Sea magnánimo, cuando vea en las filas para sufragar a otros electores y descubra indicios de que están votando por un partido diferente al suyo, piense que su maldad no es intencional, ni alevosa, sino inocencia manipulable, analfabetismo electoral, miseria que se vende. Auto engáñese de que su partido y su candidato son los únicos incorruptibles e intachables en el poder, que nunca han creado clientelas políticas con base en las necesidades sociales.
Recréese en los mitos electorales. Piense en la operación menudo, en el carrusel, en el acarreo, en la compra de votos, en el algoritmo misterioso, en la caída del sistema, en las urnas embarazadas, en la falsificación de boletas y credenciales. Trate de inventar otros; la paranoia creativa fortalece la frustración electoral.
Vea en su casilla a los ciudadanos que reciban su voto y trate de descubrir al prestidigitador que va hacer el fraude con el marcador fantasma entre los dedos. Compruebe que todos los demás no lo van a detectar porque todos son corruptos y/o idiotas. En este saco meta al millón de mexicanos que van a contar los votos por y para usted este domingo. Y el fraude lo van a cometer cuando el representante de su partido vaya al baño.
En su imaginación multiplique el mito en diez, cien, mil, cien mil casillas. Recuerde: no abandone nunca su desconfianza electoral, porque luego no va a poder justificar su derrota y su amargura.
Piense que el que gana una elección lo gana todo y el que pierde lo pierde todo. Vencer o morir. Nada de que en la democracia hay que aprender a perder. No señor, los mexicanos sólo sabemos ganar o inventar fantasías revolucionarias. A los ciberdemócratas se les conoce por su valor para mentar madres en la derrota. Ya están las armas del Twiter y el Facebook muy bien aceitaditas, para cuando el caudillo dé la orden.
Adopte la tesis del filósofo y periodista Carlos Marín que, ante los nuevos “illuminati” mexicanos, los 132, --que le escupían y mentaban la madre en la calle--, sentenció “la política es una mierda”. Conclusión, meritoria de letras de oro, que ha conducido el desarrollo de la historia moderna de la humanidad.
Ni por un instante intente creer en el IFE, menos en la Fepade y mucho menos en el Trife. Instituciones, todas, instauradas para engañar a los 113 millones de mexicanos, pero no a usted. Recuerde que la amargura proviene de destruir no de construir. Y si el rector de la UNAM ya dijo que los sistemas de conteo de votos son confiables, tampoco le crea, ya lo compraron, todos tienen su precio, menos usted y su candidato.
Siga pensando que para que México cambie sólo se necesita un mesías en Los Pinos. El salvador milagroso, la encarnación de Benito Juárez y Lázaro Cárdenas. No importa que no exista ciudadanía organizada, ni partidos internamente democráticos, ni transparencia en las decisiones del poder. Lo que importa es un líder todopoderoso que venga a refundar este país de tontos. Lo que se necesita para salir del atraso es que nadie confíe en nadie. Con más amargura, rencor y lucha de clases se conseguirá el objetivo.
Inevitablemente este domingo muchos mexicanos se amargarán un poco más en sus vidas. Pero México no se va acabar el primero de julio. Ni para los que se amarguen ni para los que festejen, ni para los que se abstengan. El gran avance de este país se dará cuando los hijos de todos se pongan de acuerdo con inteligencia y civilidad, para atemperar la desigualdad social y para frenar la impunidad; objetivos reales de la democracia y la libertad.
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>> pepeton: Hace mucho que no leia algo con sentido comun, y no a toda la bola de editorialistas con sesgo politico irracional.
>> Carlos: Felicidades por estas reflexiones y por la grata y bien manejada ironía para escribirlas...
>> Armando Quintana : Has descrito mas que una paradoja de la vida de nuestro País, un diario hacer y no hacer de la mayoría de la gente, una lamentable realidad, te felicito por tu pluma....







