El temor de enfrentar una crisis mundial, no está muy lejos cuando se voltea a ver los problemas económicos y fiscales que están enfrentando algunas de las economías de los 27 países que conforman la Unión Europea, particularmente: Irlanda, Italia, España, Grecia, Bélgica, Francia y Portugal; países que no pueden contener el tsunami de sus deudas externas y de déficit fiscal.
Turquía, aun cuando sólo es un país candidato a adherirse a esa comunidad de países, ya ha sido azotada por la crisis, propagado sus efectos a la comunidad europea y tambaleado al sistema financiero internacional.
El problema de la Unión Europea es de liquidez y de insolvencia financiera, tanto en las haciendas públicas, como en todo el sistema financiero y de bancos. Algunos países enfrentan serios problemas de liquidez, pues no encuentran la forma de como hacer frente a sus altos déficits fiscales y, a su enorme deuda pública; problemas éstos, que redundan en serias dificultades de crecimiento económico y de cada vez mayores tasas de desempleo. La falta de crecimiento en las economías está ocasionando que uno de cada cuatro jóvenes europeos, se encuentre sin trabajo.
El desempleo, es un fenómeno que azota a todas las economías de la Unión Europea, lo mismo que a Inglaterra (con todo y sus juegos olímpicos) que a Alemania o a Francia. Claro, golpea más a España, Grecia e Italia, donde las tasas de desempleo se ubican entre el 11 y el 12%; la más altas de los países asociados a esa comunidad.
La deuda y el déficit fiscal, por igual, se convierte en un serio obstáculo en la estabilidad de las finanzas públicas de los países de la UE. Por ejemplo, Alemania tiene una deuda pública de 2.08 billones de euros, que le representa el 84% como proporción de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que su déficit fiscal es del 4.3%. El caso de Italia es preocupante, su deuda es de 1.8 billones de euros, lo que representa el 120% del PIB; Francia tiene una deuda de 1.7 billones de dólares, que le representan el 85% de su PIB. La deuda de Grecia, le representa el 145% del PIB, con un déficit fiscal del 11%; España, en cambio tiene un panorama muy gris, ya que su déficit fiscal es del 11% y su deuda rebasa el 100% del PIB y acaba de recibir 100 mil millones de euros en ayuda financiera del Banco Central Europeo para darle liquidez a la banca, y su tasa de desempleo anda en 10%.
Podríamos agregar otros países, pero en realidad la situación es parecida. El Reino Unido incluso tiene un déficit del 10.3% y una deuda por arriba del 83% con relación al PIB.
Cuando se revisa y analiza la información de estas dos variables, nos damos cuenta que salir de una situación con altos déficits fiscales y elevada deuda pública, les llevará a los gobiernos de esos países tomar medidas apuradas y de estricto control presupuestal. Por ejemplo, el déficit fiscal es el resultado de gastar más y recibir menos de ingresos públicos. Sí el ingreso es menor que el gasto, esa diferencia es lo que se llama déficit fiscal. Es decir, el fisco (el gobierno o el erario público) enfrenta un desequilibrio en sus finanzas y, esa diferencia presupuestal, se tiene que financiar de algún lado. Esta situación es lo que da pie o motiva el endeudamiento. Y así surge la interminable cadena de déficit-deuda pública.
Ya vimos las causas del problema de la Unión Europea. Pero ¿cuáles son las soluciones que se están proponiendo para salir de esta crisis?. Lo mismo de siempre: rigidez presupuestal que se traduce en austeridad (recorte de presupuesto) y control estricto del gasto (mayor transparencia). Los ciudadanos de los países miembros de la Unión Europea, son los que pagan los platos rotos. Sus manifestaciones de inconformidad las pagan con represión, austeridad y más austeridad.
México y el mundo entero, se convierte en mudos testigos de lo que pasa en aquellas economías, a punto de derrumbarse y de propagar sus efectos por la vía del sistema financiero, donde las monedas se desestabilizan y pueden provocar una crisis generalizada.
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