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Amor tras las rejas
Salud Ochoa | 05 de Agosto del 2012 | 07:55 hrs
 

Chihuahua, Chih.- El amor es la peor de las calamidades, reza una frase del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, sin embargo, para algunos el amor se convierte en un salvavidas en medio de la vorágine del delito, la culpa y la pena que se purga.
Heriberto Aranda Carrizales tiene 9 años recluido tras las rejas por haber cometido un robo. Allí adentro, dice, le ha pasado de todo y ha tenido que aprender a sobrellevar y a sobrevivir la soledad, la tristeza, el arrepentimiento inútil y el “hubiera” que lo ataca en los momentos amargos. Ha aprendido también, que lo más importante es “agarrar el toro por los cuernos, aceptar la culpa e ir hacia adelante”.
Sin embargo, todas las cosas vividas y los errores cometidos, se guardan en un rincón de la memoria cuando habla de Jazmín, la mujer que conoció en prisión y de la cual —asegura—, se enamoró a primera vista.
“Es una historia bien hermosa”, dice cuando se le pregunta sobre ella y la expresión de su rostro cambia cuando recuerda el momento en que la vio. Era el primer domingo de visita luego de su traslado del Cereso de Juárez al de Aquiles Serdán, cuando salió al patio, allí estaba ella, alta, delgada, con su pelo largo y negro que le robó el entendimiento.
“Es una mujer hermosa físicamente, pero lo que más me gusta es el amor que siente por sus hijas”, asegura Heriberto igual que dice que aunque el tiempo de noviazgo es poco, siente que “se conocen desde hace años” porque tienen cosas y sueños en común que los ha llevado a pensar en casarse y formar una familia.
Vivir el amor dentro de la cárcel es diferente a estar afuera, dice; las cosas se ven distintas desde una celda, no hay salidas al cine o a comer nieve, no hay regalos ni serenatas ni nada, sólo el sentimiento que tiene uno por el otro.
“Aquí se sienta uno en el banco de un patio no de un parque y huele a cárcel no a tierra húmeda, ni a flores”.
Además, mucha gente cree que por estar internas las mujeres son “fáciles” y no es así; “aquí adentro hay mujeres buenas también”, asegura y dice que a veces, allí, entre esos enormes muros de concreto y vallas de alambre, “encuentras lo que allá afuera no hallaste”.
Este año, espera salir de la cárcel para iniciar una vida distinta. Dice que se pondrá a trabajar con muchas ganas para sacarla a ella también, porque “le falta más tiempo adentro”, pero él estará allí, haciéndole sentir que no está sola, porque la soledad “es lo más doloroso que hay”.
Volver a empezar será difícil, piensa en voz alta, porque el estigma de la cárcel se tatúa en la piel y se lleva de por vida; pero tiene fe y está convencido de no querer volver a delinquir porque el precio ha sido caro y las cicatrices aún duelen.
“Mucha gente afuera te desprecia y no da trabajo por el hecho de haber estado preso; te piden carta de no antecedentes penales y en cuanto la ven, te dan la espalda”.
Pero todo eso no lo amedrenta, asegura, porque están sus hijos que no ha visto en mucho tiempo y la mujer con la que quiere ser feliz. Es cocinero industrial por lo que buscará emplearse de nuevo en algo similar y salir adelante porque “los años no pasan en vano y ya he perdido muchos aquí adentro”. Sabe que el peligro de recaer es latente, pero se resiste a formar parte de la estadística de los que “salen a delinquir o a morir”.
Por eso también canta, porque ese es un vicio que, a diferencia de otros, no produce daños; adicción sí, lo mismo que el amor, dice y se ríe abiertamente porque recuerda que desde niño ha cantado en todas partes, igual cuando se baña que cuando cocina. Ahora le canta al amor, que tiene aroma de jazmines y que acompaña a los incipientes soplos de libertad que se cuelan de cuando en cuando entre las rejas.



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El Diario de Chihuahua


 
>> j. renteria:  Muy bonita historia y ademas muy bien contada, felicidades a los protagonistas y a quien la escribio