La bici comienza a estar de moda y uno no puede menos que alegrarse. En Chihuahua se convocó esta semana a una bicicleteada familiar y hasta el alcalde Marco Quezada acudió. Nace un movimiento noble e inteligente a favor de un transporte que nos vuelve un poco más humanos. En Madrid, Amsterdam y Londres el uso de la bicicleta no es nada nuevo. Blogs y portales en internet recomiendan la moda en vestir con fotos de famosos y millonarios en bicicleta, por sus calles.
Allá el gremio de los bicicleteros es un grupo que pesa electoralmente y al cual los alcaldes deben voltear a ver para mejorar la infraestructura urbana para las bicis, si quieren conseguir su apoyo como votantes.
Dice Wikipedia que el inventor de la bicicleta fue el barón alemán, Karl Von Drais, nacido en 1785. Su artefacto de dos ruedas en línea, que se impulsaba apoyando los pies en el suelo, llamó la atención en alguna calle germana en 1817. Después, en 1885 los pedales como componentes de un sistema de transmisión propulsor de movimiento, accionado por las piernas humanas, le dio la apariencia genérica que hasta hoy tiene.
Desde siempre la bicicleta ha sido elogiada como transporte sano, ecológico y barato. Pero en el siglo XX, el sistema capitalista automotriz lo venció, reprimió y condenó al ostracismo en forma brutal. Con la llegada del automóvil y el padre de la fabricación en serie, mister Henry Ford –uno de los financiadores del nazismo en la Segunda Guerra mundial—, la bicicleta se vio relegada como sistema de transporte. Peor aún, el imperio del automóvil exigió convertir el uso de la bicicleta en vergüenza, estigma de pobreza y fracaso. Uno de los inventos más nobles que el ser humano había podido fabricar se convirtió en deshonra y humillación. El coche no quería competencia en el transporte humano y lo logró. Después los políticos los ayudaron creando sistemas de transporte colectivo inhumano, con lo que el coche se convirtió en artículo de primera necesidad. La industria del carro consiguió en menos de una generación que todo ser humano soñara con tener un auto en cuanto abandonara la carriola.
El coche se impuso y se impone en el cerebro de millones de mexicanos como representación mental del éxito y el poder económico y social. Las personas no compran un vehículo, compran status, posición social, prestigio (o más bien creen comprarlo). La publicidad automovilística y las necesidades del capital de su poderosa industria, nos ha condicionado (como al perro de Pavlov) para creer que el automotor es sinónimo de progreso, avance, modernidad. ¡Pueblo bicicletero! Se convirtió en frase de insulto, burla, escarnio para las comunidades donde no había autos (y por supuesto eran más felices).
El auto lo dominó todo. Y fue muy cruel con uno de sus ancestros, la bicicleta. La condenó a la desaparición en las ciudades. El desarrollo urbanístico privilegió al coche. Nuestras urbes se construyen pensando en el automóvil, no en los seres con dos pies, mucho menos en artefactos con dos ruedas. Las banquetas son accesorios irrelevantes y prescindibles, las calles para el rey auto no.
La historia comienza a cambiar lenta pero inexorablemente. El uso de la bicicleta cada día gana más adeptos. Si aún queda inteligencia y humanidad en nuestro género no debería ser de otra manera. El automóvil, con todas sus ventajas y bondades, nos ha aislado más como seres humanos. Los conductores se transportan solos entre láminas de acero y vidrio. Y para relacionarse con su semejante debe chocar o gritar improperios contra la lentitud o impericia de alguno de sus similares.
Los autos nos ha hecho minusválidos funcionales. Hay quien maldice no poder ir de la cocina a la sala de su casa en su inherente auto. Los guiadores anónimos son incapaces de acudir al Oxxo sobre sus dos piernas, aunque la tienda esté a 50 metros de distancia. Las estadísticas indican que uno de cada tres mexicanos tiene un automóvil, 34 millones de vehículos circulando en todo el territorio nacional. ¿Cómo asombrarnos de que el 70 por ciento de la población de nuestro país ya cargue sobrepeso en su abdomen?
El uso y abuso de los automotores en el país los ha convertido en el asesino serial número uno de la nación. Doce mil personas al año fallecen en las calles y carreteras de México, más de la mitad jóvenes entre los 14 y 29 años de edad. Ni la guerra del narco le compite en sangre y calamidad. La contaminación ambiental que generan estos vehículos está produciendo el más catastrófico cambio climático que hemos comenzado a pagar todos. Las ciudades nos asfixian y nos estresan en forma inhumana entre millones de autos que de no parar su crecimiento nos conducirán a vivir en un gigantesco estacionamiento donde ningún automotor se pueda mover más, cuando el destino nos alcance.
Pero no, no va ser así. La cordura se debe imponer en algún momento de la historia de este planeta. La bicicleta nos hará libres. Los europeos nos están poniendo la muestra de que la bici es una opción para recuperar nuestras comunidades, limpiarlas y sonreír con el viento en la cara. Cristo jamás hubiera entrado en Jerusalén en un Lamborghini, pero de haberla tenido a la mano, sin duda hubiera cambiado su asno por una bella bicicleta balona; verdad David.
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