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Salud Ochoa/El Diario
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Vivir en la calle, el submundo de los indigentes
Salud Ochoa | 04 de Septiembre del 2012 | 05:53 hrs
 

Chihuahua, Chih- Amanecer sobre la banqueta, con un par de cobijas, un montón de ropa vieja haciendo las veces de almohada y una larga fila de “compañeros de sueño” es para muchos una forma de vida adoptada, la mayoría de las veces, por decisión propia.

Cada día, al caer la tarde, los “habitantes de la calle”, se reúnen en puntos establecidos para pasar la noche; esos espacios, que según dicen, han ganado arbitrariamente y por antigüedad,  porque tiene años viviendo en las banquetas, en los parques, bajo los puentes o donde la noche los alcance.

El caso del Hospital Central es notorio porque, no es uno ni dos, ni siquiera diez los indigentes que viven afuera del nosocomio, son más de 50 las personas que cada noche abarrotan las banquetas –tanto del hospital como de la escuela de medicina- que se han convertido en su  “casa al aire libre”.

Tirados allí sobre cobijas, trapos y hules  que han conseguido de alguna parte, los indigentes forman parte cotidiana del paisaje nocturno. Allí duermen, comen, beben y a veces, quizá sueñan, y en otras ni siquiera eso.

Al amanecer, recogen sus escasas pertenencias y se van “al talón” –dicen definiendo el trabajo-, en las colonias de alrededor o a las calles del centro de la ciudad, donde lavan y cuidan coches, hacen mandados, piden limosna o cualquier otra cosa que les genere un ingreso económico. Cada día obtienen un promedio de cien pesos, señalan, mismos que utilizan para comprar comida, bebida y “algo que los haga olvidar” el por qué están en la calle. Y es que las razones son muchas y van desde simple vagancia –catalogada así por ellos mismos-, adicciones, coraje, rebeldía o decepciones amorosas. La necesidad suele ser la última de las causas.

Sus necesidades fisiológicas  las cubren utilizando los baños del Hospital Central y para cuestiones de aseo, si tienen algo de dinero, pagan diez pesos para que los dejen bañarse en los baños de una bodega cercana, si no, llenan un bote con agua de las llaves de los parques y se bañan al aire libre o debajo de los puentes, ¿de cuál?, el que sea, no importa. Al paso de las horas, regresan al lugar de siempre -en el que algunos tienen ya 11 o 15 años viviendo- solo para repetir la misma historia.

Su vida transcurre así, sin objetivos, ni metas; viviendo “las horas o los días que les toquen”, sin preocupaciones mayores ni esperanzas de ningún tipo. No tienen nada, ni siquiera sueños porque los sueños se construyen de ilusiones.

La soledad es lo más difícil de enfrentar

José Guadalupe Avilés Pérez, tiene 28 años y es originario de Delicias; desde hace 2 años vive en la calle por decisión propia, ¿la razón? Una decepción amorosa que le “causó heridas que no sanan” y que todavía hoy, lo hacen llorar. En Delicias, José tiene padres, hermanos, sobrinos y una casa a la cual acudir, sin embargo, prefiere vivir en la soledad de la calle a pesar de que “la la soledad sea lo más cabrón de todo”.

José dice que es jardinero y con eso se gana la vida durante el día, pero en la noche prefiere convertirse en uno más de los que duermen en las banquetas porque eso “lo hace olvidar y no se siente tan mal del corazón”.

José, como en la mayoría de los casos, no tiene ningún documento que lo identifique ni nada que diga que alguna vez fue a la escuela, que aprendió a leer, escribir, hacer cuentas y hasta le gustaban los libros.

La situación de José, se replica en Alfredo, Pedro, Martín o Benito, la diferencia estriba en las razones, el tiempo y el lugar de origen aunque, a final cuentas, la situación es la misma, no importa si se es de Guadalajara como Alfredo o de Pachuca como Pedro, igual no tienen papeles, trabajo o destino, lo único que llevan consigo es su nombre.

Pedro dice que ha intentado sacar una credencial de elector pero cada vez que ha ido a la oficina correspondiente, lo retiran del lugar pensando que va a robar o a cometer un delito. “No es así”, asegura, porque sus padres “le enseñaron cosas para ser gente honesta”, pero “lo desperdició todo” solo por andar en el vicio.

Indigentes no pueden ser retirados de las banquetas si no delinquen: policías

Los indigentes que viven y duermen en calles y banquetas, no pueden ser retirados de éstas si no cometen alguna falta, señalaron elementos de la policía municipal que cotidianamente desarrollan sus labores en las inmediaciones del Hospital Central.

Los uniformados dijeron que, si bien es cierto la ley no permite la permanencia de la gente en las calles, también lo es que al retirarlos tendrían que buscarles un sitio donde pasar la noche lo que resulta prácticamente imposible por lo que optan por dejarlos allí. Y es que según dicen los elementos, en los albergues no aceptan a quien ingiera bebidas alcohólicas o drogas, práctica que suele ser común entre la indigencia.

Por otro lado, argumentan, no pueden ser detenidos y llevados a la comandancia porque, al no haber cargo alguno en su contra, la liberación es inmediata. Sin embargo, señalan, en ocasiones, la ciudadanía que acude al hospital se queja del acoso o faltas de respeto de los indigentes lo que sí se constituye como una causal para su detención.



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El Diario de Chihuahua