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Deportes

Don Luis en los tres tiempos del PAN

| Viernes 20 Mayo 2016 | 00:10 hrs

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Más que merecidos los homenajes

Guerra sucia domina último tramo

Remembranzas de Artemio Iglesias


 No es sorpresa el homenaje que la clase política del país rindió a Luis Héctor Álvarez, es por mucho el panista más destacado en periodos bien identificados en la historia de su partido: el apostolado resignado a sufrir humillaciones y represalias, las campañas de alto contenido cívico y rebelde en los ochentas y el pragmatismo de los noventas, que preparó el advenimiento de Fox al poder.

Se trata de un hombre que, a los 37 años y sin experiencia ni militancia partidista, hizo una pausa en su prometedora carrera empresarial, para ir de candidato a gobernador por el PAN, cuando la militancia de oposición y las aventuras electorales eran un apostolado.

En 1956 compitió contra Teófilo Borunda, perdiendo como siempre, sin embargo dos años más tarde fue contra Adolfo López Mateos, a sabiendas que también perdería. Fue la primera vez que el PAN alcanzó un millón de votos.

Esas derrotas y una prórroga empresarial que se prolongó hasta los ochentas, prepararon a Don Luis para las memorables batallas del 83, cuando se convirtió en el primer panista en ganar la alcaldía de la capital; del 85, elección federal arrebatada por la dictadura priista de la época; y el mítico verano caliente del 86. Eran los tiempos del civismo heroico.

En Chihuahua, esa parte de la historia opositora no se entiende sin Don Luis, su huelga de hambre en el parque Lerdo sigue siendo referente de tenacidad y compromiso cívico. El origen de lo que la prensa nacional conocería como “los bárbaros del norte”.

En el país fue actor de primer orden durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, del 88 al 94, cuando el PAN ganó sus primeras gubernaturas. Luis Héctor asumió la presidencia del PAN en 1987, durante la emblemática campaña de Maquío a la Presidencia, se mantuvo tras la derrota y durante el sexenio se consolidó como el mayor referente del PAN ante un gobierno que la izquierda calificó de espurio. Sostenía que robaron a Cárdenas el triunfo.

Junto a Diego Fernández de Ceballos, entonces coordinador del PAN en la Cámara de Diputados, inauguró una cuestionable pero eficiente y productiva relación con la presidencia de Salinas, conocida como “las concertacesiones”.

En su tiempo fueron severamente cuestionados por panistas de prosapia como Pablo Emilio Madero, Jesús González Schmall, José González Torres y otros liderazgos de menor calado agrupados en lo que llamaron “Foro Doctrinario”. Desaprobaban la relación del PAN con el gobierno de Salinas, sentían que lo legitimaban. Relegados en su estrategia, terminaron por dejar el partido en medio de una estridencia.

Don Luis sabía lo que hacía, en 1990 el PAN ganó, con Ernesto Ruffo, su primer gubernatura, la de Baja California; en el 92 Chihuahua con Francisco Barrio; le siguió Guanajuato, la primera “concertasesión”, elección supuestamente ganada por Fox, pero entregada por acuerdos políticos a Carlos Medina Plascencia.

El pragmatismo de Don Luis dio sorprendentes resultados al PAN, sin esas victorias estatales, a las que luego se sumaron otras de enorme importancia como Nuevo León, Querétaro y Jalisco, jamás hubiesen llegado a la Presidencia de la República en el año 2000.

Don Luis es probablemente el protagonista principal en esa prolongada batalla que dio el PAN antes de acceder al poder. A juicio de muchos nunca le reconocieron en vida ese enorme y tenaz esfuerzo. Tuvo su costo y su desgaste, desde luego, también causó la primera gran fractura interna, pero supo entender el momento y aprovecharlo en favor de su partido. Lo mismo que había hecho una década antes en Chihuahua.

Ese portentoso recorrido político, su actuar desprovisto de alarde y su semblante de abuelo bondadoso que no rompe un plato, es lo que a su muerte provocó la cascada de reconocimientos. Desde el expresidente Salinas, Peña Nieto, los dos del PAN, políticos actuales y pasados de todas las ideologías, líderes de partidos, intelectuales, académicos, artistas informados y no se diga el panismo de Chihuahua, le rindieron merecida pleitesía.

Vendrán después valoraciones reposadas, todo político con una trayectoria de amplio recorrido esconde en su quehacer claroscuros, a su paso deja irremediable luz y sombra. Es condición humana.

Sin embargo hoy es pertinente recordar al Luis H. Álvarez que no desfalleció ante la arrolladora dictadura del partido hegemónico en la década de los cincuentas; que regresó, ya maduro, para encabezar las luchas de los ochentas, y que en los noventas protagonizó el mayor éxito electoral que haya vivido su partido antes de alcanzar el poder.

Si por resultados deciden medirlo, es por mucho el presidente del PAN que más victorias ha dado a su partido, el que lo hizo despegar del apostolado a la competencia real; el que le dio orgullo de pertenencia y esperanzas de triunfo. En hora buena por Don Luis, poco le faltó para cumplir cien años, un siglo muy bien aprovechado. Descanse en paz.

Tratándose de guerra sucia no hay mejor expresión para definirla que una clásica de Artemio Iglesias: “A puñaladas iguales llorar es cobardía”. Todos los partidos la practican y la sufren a la vez, es una parte sustantiva de hacer campaña, hay especialistas en hacerla y repelerla. De hecho toda campaña camina en dos vías, la institucional políticamente correcta y la que se teje en la trastienda con el único propósito de ofender y debilitar al contrario.

Javier Corral no suelta al gobernador César Duarte, siendo que no estará en las boletas; a su vez el candidato del PAN es atosigado por los delitos de sus hermanos; la gente de Maru apelando a tragedias y ella desentendiéndose de deudas y deudos, con los respectivos medios para hacer trascender los golpes.

Nadie reconoce su actuar en la oscuridad, como tampoco lo hará la campaña de Lucía en la parte que le corresponde, que por cierto personajes de su propio partido la señalan abiertamente como la causante del reborujo.

Igual sucederá con el tomatito, jamás aceptará que golpeó –le dio un puntapié- a una señora mayor, ni Juan Blanco que se pintó de cholo a la caza de activistas que hacen contracampaña. Nadie lo acepta, todos la prácticna, esa es una realidad tan palpable como el día y la noche.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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