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Deportes

Alejandra Valencia, la arquera violinista que se hizo a sí misma

Notimex | Jueves 11 Agosto 2016 | 17:41 hrs

Notimex |

Río de Janeiro.- Sin dramatismos y con una entereza a la altura de su progresión como atleta y persona, Alejandra Valencia asumió hoy el cuarto puesto en las finales de tiro con arco en Río de Janeiro, pero esta prodigiosa de las flechas y las cuerdas del violín aún no dicho su última palabra en competiciones olímpicas.

Alta y robusta (175 centímetros de altura y 74 kilos), serena y de tez morena, Valencia es una Artemisa dentro y fuera de los campos de tiro, gracias a un carácter tranquilo y respetuoso muy apreciado por quienes la rodean.

“Es muy buena niña, muy amigable y excelente deportista”, explica en el Sambódromo su compañero de equipo y también atleta mexicano, Ernesto Boardman, con quien ha compartido lugar de entrenamiento y concentración en los últimos nueves meses.

La historia deportiva de Valencia, desde hoy la mejor arquera mexicana en la actualidad, tras quedar cuarta en Río, es un relato de superación complementado por una extraordinaria capacidad para aprender de forma autodidacta, como demuestra el hecho de que toca el violín sin jamás haber ido al conservatorio, solo practicando con tutoriales que ve por internet.

Sus inicios en el tiro con arco fueron a los nueve años, cuando un pequeño accidente de bicicleta de su hermana provocó que su mentor y entrenador de toda la vida, Luis Miguel Ángel Flores, fuera por un botiquín al campo de tiro y, de paso, invitara a Valencia a practicar.

“Paseaba mucho en bicicleta y pasaba junto al campo de tiro. Nos decía que quería estar allí, pero le decíamos que no teníamos recursos para comprar el equipo. Cuando su hermana se cayó, el entrenador, que vio que Alejandra miraba el campo de tiro, le preguntó: ‘¿te gusta?' Ella le dijo que no teníamos cómo comprar el arco, y él le dijo que no importaba, que le prestaba el equipo. Desde entonces, de ahí no la sacamos”, recuerda su mamá, Elisabeth Trujillo.

Entrevistada por Notimex en las gradas de cemento del Sambódromo, Trujillo y el papa de Valencia, que costearon el viaje y alojamiento desde Sonora a Brasil gracias a la ayuda económica personal de su hija, evocan las cualidades de la más joven del equipo de tiro con arco.

“Es muy seria, no le gustan mucho las fiestas, le gusta mucho escribir, la lectura y tocar el violín. Ha aprendido a tocar el violín sola con ayuda de Internet”, explicó la mamá, que preguntada sobre si su hija es un prodigio contesta, entre risas, que no sabe si es así como se le llame (...).

“Con el violín empezó un día que íbamos en el carro y preguntó qué música era esa que sonaba, porque le gustaba. En los Panamericanos de Guadalajara en 2011 el entrenador le fue con un violín y fue su otro arco”, rememora la madre.

“Le gustan mucho las caricaturas, dibujar y leer comics. También tocar el violín. Es muy buena niña, muy amigable y excelente deportista. Para nada le gusta la fiesta, ella es de sus cosas, de meterse mucho en lo de ella”, relata Boardman, quien ha compartido Vila Olímpica con ella desde el día 4 de agosto en Río de Janeiro.

Las doctoras del equipo mexicano de tiro con arco asienten y, entre risas, admiten que es un poco glotona y que los muffins o magdalenas del restaurante de la Vila le apasionan.

Quizá uno de los momentos más duros en su carrera deportiva se produjo hace nueve meses, cuando tuvo que dejar a su entrenador de siempre por el Profesor Li, un coreano que dejó sus negocios en California para irse al centro de alto rendimiento en Ciudad de México.

“Ha sido muy pesado para nosotros separarnos de ellos nueve meses, estábamos acostumbrados a tenerla en casa. Fue un cambio muy fuerte y muy pesado para ella, porque le quitaron a su entrenador después de 12 años. No tuvieron psicólogos, ni nada, fue un golpe muy fuerte”, relata la mamá.

Tras ceder el bronce a la coreana Ki Bobae, la ‘serena' Alejandra sonrió, se volteó a su entrenador y le dio la mano a su adversaria. Después, hizo una elegante reverencia hacia las gradas del Sambódromo para agradecer a su familia y al público el apoyo durante el torneo, al que llegó tras lanzar entrenando más de 121 mil flechas en 36 semanas.

Y no se olvidó de quien siempre la apoyó, su entrenador, en sus palabras a la prensa.

“Espero sus cachetadas cuando vuelva. Yo quería ganar la medalla para dedicársela, porque gracias a su trabajo estoy aquí”, dijo Valencia a Notimex, todavía en el campo de tiro de los Juegos de Río.

Ahora le tocará continuar con sus estudios de diseño gráfico en la Universidad de Sonora y “seguir entrenando” con la perseverancia de estos años.

“Todavía tengo bastante que mejorar y es con lo que me quedo”, dijo, antes de que los voluntarios se la llevaran para el control antidopaje.

En el horizonte queda Tokio 2020, unos Juegos en los que quizá Valencia se convierta en la nueva diosa del tiro con arco, a imagen y semejanza de Isaac Perlman en el mundo del violín.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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