Ciudad de México.- El América es un equipo obligado a generar sensaciones fuertes que lo distingan del grueso de las instituciones del futbol mexicano, pero debe de hacerlo siempre acompañado de un futbol de calidad que le sirva para ganar títulos y para agradar a tribuna. Está en su ADN y a eso se debe adaptar cada persona que pase por la institución. Una identidad que se resume en el gustar, ganar y golear.

De lo anterior se dio cuenta Hugo Enrique Kiese (Tebicuary, Paraguay, 1954) apenas tuvo sus primeros contactos con el mundo americanista, en este caso, con el directivo Francisco Hernández. Se le hizo saber, sin importar que fuera un discurso soberbio, que el equipo debía ser fiel esa idea en cada ocasión, ante cualquier rival y escenario.

“Eso era siempre, daba igual si se jugaba en el Azteca, el Jalisco o en Zacatepec... Había que proponer, buscar e ir por el partido, porque éramos el América. Suena muy personalizado, pero así era, tenía que buscar siempre ganar. Una de las partes fundamentales era que no se podían perder dos encuentros seguidos, eso era impensable”, comenta Kiese.

Pero para lograrlo, y así lo entendió el propio presidente Emilio Azcárraga desde que adquirió al equipo, los técnicos debían de contar con el material humano suficiente. Lo mejor, de ser posible. Un equipo fuerte, bien armado y con figuras que pudiera mostrarse con personalidad en cualquier momento. A Kiese, por ejemplo, le tocó verlo y formar parte de un grupo que en la final del torneo 1975-76 encaminó un título de gran brillo ante los Leones Negros por un global de 4-0, con dos goles suyos.

“En la 75-76 era un equipo que pesaba. Se destacaba a Carlos Reinoso, pero yo puedo mencionar a Enrique Borja, Alcindo, Mario Pichojos Pérez, a René Popeye Trujillo y jóvenes que estaban empezando como Javier Chocolate García, Cristobal Ortega, Alfredo Tena... Había gente que significaba mucho. Estaba Cornero, Sánchez Galindo, Victorino. Sí, era un plantel bastante completo y eso ayudó mucho para que se pudiera desenvolver bien dentro del campo”, recuerda Kiese, que arribó a los entonces Canarios como campeón de goleo del futbol paraguayo, cuando su labor era la de un mediocampista ofensivo. Recuerda que en la final ante la

U de G fueron a Jalisco con la intención de sacar un resultado que los encaminara al título. No el empate.

Marcó Alcindo el primero. Kiese aumentó la cuenta y Reinoso puso el 3-0. “Se dieron las cosas en esa ocasión y lógicamente estaba sellado el campeonato y sólo quedaba ratificarlo”, rememora. En la Ciudad de México, el América ganó 1-0 con otro gol del paraguayo y fue hasta ahí cuando Azcárraga mandó preparar la fiesta de coronación.

“Fuimos líderes de punta a punta, acabamos como campeones y ni siquiera recibimos gol en la liguilla”, sentencia Kiese, campeón en su primer año en México con un equipo que le robó el corazón por el resto de su vida.