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Estado

"Aquí no hay traidores"

El Diario de Juárez | Lunes 21 Marzo 2016 | 08:12 hrs

Agencias |

Ciudad Juárez.- En medio de la guerra contra los franceses, con su familia en el exilio y a 2 mil 300 kilómetros del lugar donde nació, el presidente Benito Pablo Juárez García cumpliría 60 años en la villa Paso del Norte donde encuentra un refugio para organizar la resistencia contra los invasores.



Desde aquí, escribiría a su esposa Margarita una serie de cartas, en una de las cuales relata su estado de ánimo a unos días de su onomástico.



“Yo sigo sin novedad, sólo una enfermedad grave me está atacando y es un mal que no tiene remedio: son los sesenta que cumpliré dentro de ocho días; pero no creas que la tal enfermedad me abate, ni me intimida. Veo pasar los años y yo sigo mi camino como si tal ojo”.



Y así fue, la energía que sentía vinculada con la hospitalidad que encontró entre los habitantes de la villa, quienes le brindaron todo tipo de apoyo al grado de que en sus escritos lo reconoce y lo lleva a afirmar: “Aquí no hay traidores”, en clara referencia a los mexicanos que apoyaron el Imperio de Maximiliano de Habsburgo y también a quienes mostraron indiferencia para ayudarle a liberar a la nación.



Su estancia en Paso del Norte se da entre el 14 de agosto y el 20 de noviembre de 1865, y de nuevo entre el 18 de diciembre y el 10 de junio de 1866, y fue aprovechada para reorganizar la resistencia y preservar la legalidad del gobierno que encabezaba.



De San Pablo Guelatao a Paso Del Norte



Sesenta años atrás, en 1806, en San Pablo Guelatao, un pueblo pequeño de Oaxaca con sólo 20 familias, el 21 de marzo, nacía ese hombre que guiaba desde Paso del Norte a los mexicanos.



Hijo de Marcelino Juárez y Brígida García, ambos zapotecas monolingües, dedicados a la agricultura, habría de quedar huérfano a los tres años y bajo el cuidado de su tío Bernardino Juárez, hombre de carácter duro, pero con quien aprendería a leer.



Durante su infancia y hasta los 12 años, trabajó pastoreando las ovejas del tío en las inmediaciones de la Laguna Encantada.



A esa edad, partió para la ciudad de Oaxaca de la que había escuchado muchas noticias, en particular de sus amplias calles, casas grandes y escuelas, y donde se encontraba su hermana trabajando en la casa de la familia Maza.



En Oaxaca conoció a Antonio Salanueva, un hombre que vestía los hábitos de la orden tercera de San Francisco, de oficio encuadernador, que se convirtió en su tutor y le abrió un mundo de posibilidades.



Además de aprender castellano y asistir a una escuela, tuvo acceso a los libros que Salanueva resguardaba para encuadernar.



Su tutor lo hizo ingresar al Seminario de Santa Cruz, donde estudió el bachillerato; luego, en 1828, al Instituto de Ciencias y Artes, en el que se graduó de abogado en 1834.



En Oaxaca ejerció su profesión en un despacho y fue profesor de física y secretario del Instituto donde él estudió e inició su carrera política desempeñando la regencia del Ayuntamiento de Oaxaca.



Después ocupó una diputación local, en 1834 asumió el cargo de magistrado del Tribunal Superior de Justicia y en 1841 fue nombrado juez de lo civil.



En 1843 contrajo matrimonio con Margarita Maza y años después alcanzó la gubernatura de su estado para ejercer el mandato entre octubre de 1847 y agosto de 1852 cuando fue destituido por Antonio López de Santa Anna en represalia por sus ideas liberales y su oposición a la dictadura que encabezaba.



Según Santa Anna, en alguna ocasión Juárez tuvo el atrevimiento de prohibirle la entrada a Oaxaca, por lo que, en mayo de 1853, fue aprehendido y expulsado del país para ser enviado directo a Cuba.



De ahí se trasladó a Nueva Orleans, Estados Unidos donde se vinculó con otros liberales mexicanos que se encontraban en la misma terrible situación de destierro que él, entre los que destacan Melchor Ocampo, José María Mata y Ponciano Arriaga.



Desde el destierro apoyó el movimiento de Juan Álvarez, quien proclamó el Plan de Ayutla y derrocó a Santa Anna, lo que le permitió regresar a México y ser designado ministro de Justicia e Instrucción Pública.



En esa época se expidió la ley sobre Administración de Justicia, mejor conocida como Ley Juárez, que ordenaba suprimir los fueros eclesiástico y militar.



La historiadora Elsa Aguilar Casas en su artículo difundido por el INEHRM, “Benito Juárez, visionario de un nuevo México”, señala que el contexto en el que surgió esa ley marca el inicio de una nueva etapa en la historia de México, en que por la vía legal se buscaba modernizar a la sociedad en todos los sentidos: político, económico, educativo y cultural.



Pero antes, le habría de costar al país una sangrienta guerra de liberales contra conservadores, estos últimos luchando por preservar su poder.



Al lado de compañeros como Melchor Ocampo, Sebastián Lerdo de Tejada, Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Payno, Matías Romero, y grandes militares como Ignacio Zaragoza, Jesús González Ortega, Mariano Escobedo y Porfirio Díaz, logró el triunfo para los liberales.



Durante la presidencia de Ignacio Comonfort, al frente del Ministerio de Gobernación y al mismo tiempo de la Suprema Corte de Justicia, impulsó al Congreso Constituyente, en cumplimiento al Plan de Ayutla y en febrero de 1857 promulgó la nueva Constitución que también desencadenaría un conflicto armado entre liberales y conservadores, conocido como la “Guerra de Reforma” o la “Guerra de los Tres Años”



El mismo Comonfort cambiaría de bando para desconocer el nuevo orden legal, lo que permitiría a Juárez, ya en su calidad de presidente de la Suprema Corte de Justicia, asumir la primera magistratura de la República, acatando de esta manera lo dispuesto en el artículo 79 de la Carta Magna.



En medio de la guerra, entre julio y agosto de 1859 promulgó las leyes de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, la de Secularización de Cementerios, la del Registro Civil, las cuales, nacionalizaban los bienes del clero, separaban a la Iglesia del Estado, ordenaban la exclaustración de monjas y frailes, previeron la extinción de las corporaciones eclesiásticas, implantaban el registro civil y secularizaban los cementerios y las fiestas públicas.



Esas leyes son el comienzo de una nueva época para el país, que se va transformando poco a poco.



El mismo Juárez ante la mirada atenta de la gente, llevó a su hija Manuela a contraer matrimonio al Registro Civil, en apego a la nueva Ley. Sin embargo el camino que lo llevaría hasta Paso del Norte, apenas comenzaba.



¡Aquí no hay traidores!



Era el 14 de agosto de 1865. Benito Pablo Juárez García y su grupo de patriotas fieles a la nación llegaban a esta frontera con su Gobierno itinerante, huyendo de la invasión francesa.



Tras atravesar lentamente el desierto de Samalayuca y seguir su camino por el Valle de Juárez, aquel carruaje negro de dos puertas y ruedas de madera, en el que sobresalía un escudo republicano y la cabeza de un león, hizo su entrada a Paso del Norte por el lugar conocido como Pueblito de San José, ubicado a un costado del Camino Real de Tierra Adentro.



Llega escoltado por indios de la región y un piquete de soldados maltrechos y diezmados por las altas temperaturas del desierto y la escasez de agua.



Desde el Pueblito seguiría su camino hacia el corazón de Paso del Norte, donde lo esperaban sus habitantes con júbilo para mostrarle su apoyo. Las familias acomodadas hicieron una rifa para definir cuál de ellas le brindaría posada.



Sería Inocente Ochoa quien tendría ese honor, lo hospedó en su casa ubicada en la actual avenida 16 de Septiembre y Francisco I. Madero, inmueble que fue convertido en el Cine Victoria en 1946.



En tanto, el edificio de correos ubicado a un costado de la misión de Guadalupe y del presidio militar, sería elegido para instalar su oficina.



Aquí se le brindarían ayuda y confianza para encabezar la resistencia contra los franceses descrita en una de sus numerosas cartas dirigida a su cuñado Pedro Santacilia, radicado en Nueva York y quien se encontraba al cuidado de la familia de Juárez.



“Probablemente Maximiliano volverá a decir ahora, con su aplomo genial, que ya me pasé a los Estados Unidos y qué sé yo qué otras cosas, pero no le hagan caso; pues ya saben que él es así: citocredente. A (Ignacio) Mejía le he encargado la secretaría de Guerra y, al gobernador y comandante militar de este estado, Gral. Don Luis Terrazas, le he dado el mando en jefe de las fuerzas y ambos trabajan bien y me ayudan. Esta población está en muy buen sentido, aquí no hay traidores”, escribía el prócer.

(FUENTES: Josefina Zoraida Vázquez en Juárez, el Republicano; Benito Juárez García en Apuntes para mis Hijos; Benito Juárez. Documentos, Discursos y correspondencia; Ignacio Esparza Marín, tomo dos Monografía Histórica de Ciudad Juárez; hhtp://www2.uacj.mx; *Breve Historia de Ciudad Juárez y su región; Francisco R. Almada, en Visión Histórica de la Frontera Norte de México; Elsa Aguilar Casas, Benito Juárez, visionario de un nuevo México en www.inehrm.www)

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