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Estado

Da a 23 menores el hogar que nunca tuvo

Brisa Frías/El Diario | Viernes 16 Diciembre 2016 | 06:56 hrs

El Diario de Juárez |

Ciudad Juárez.- Hay un ‘shock’, un detonante, un momento único que cambia para siempre el destino de cada ser. Si la historia del individuo está marcada por una vida al límite, este instante determinará la ascensión o la caída al más negro abismo.
Pedro Martín Núñez sabe bien de esto. Él fue “una persona sucia”, según confiesa. La personificación del victimario y la víctima en un solo individuo.
Los crímenes que cometió no fueron causados en su totalidad por una ‘naturaleza maligna’, sino por el constante contacto con delincuentes que fueron su única compañía desde los dos años de edad.
Quien hoy está rehabilitado vivió su infancia en la Cárcel Municipal y en el Cereso, ya que su madre asesinó a su padre y él tuvo que pagar una condena que no era suya.
El niño que fue se convirtió en un adolescente problemático y rencoroso, con amplios conocimientos obtenidos en esa escuela del crimen que era su casa, y a eso le siguió un largo historial delictivo que parecía no tener fin.
Sin embargo, casi a punto de perder la vida, Martín reaccionó. Su madre murió de una sobredosis de heroína; él, en cambio, se ‘limpió’ y abandonó las pandillas, todo con el fin de formar la familia que nunca tuvo.
Hoy esa familia la conforma su esposa Leticia y los 23 niños y jóvenes a los que cuida en la Casa Hogar Manantial de Luz, de la que es fundador.
Desde hace cuatro años, Martín dejó de rehabilitar adictos para centrarse en menores de edad, a los que da alimento, cobijo, educación y lo más importante, un hogar.
“Cuando empezamos a mirar que estaban matando a los adultos, que los jóvenes se estaban quedando solos y que eran capturados por las mismas pandillas, empezamos a enfocarnos en ellos. Nosotros vivimos esa desintegración familiar, vimos a nuestra madre drogándose, prostituyéndose”, relata  Martín.
Precisamente al sentirse identificado, él comenzó un proyecto que trabaja tres ejes, pues la casa hogar recibe a jóvenes con problemas de adicción, niños con hambre extrema y huérfanos a los que el tutor no puede cuidar.
Así, niños y niñas viven de tiempo completo en el albergue ubicado en la colonia Morelos del poblado de Zaragoza, a los que Martín promete darles la oportunidad de una vida mejor.
“Al menor se le hace una evaluación física, se ve su situación y se queda el fin de semana para ver si la casa hogar es lo que el joven necesita”.
“Si se queda, los familiares se comprometen a que lo van a dejar todo el nivel escolar, es decir, toda la primaria, la secundaria o la prepa. Nosotros les damos escuela. Mi objetivo es reintegrarlo a la sociedad, que pueda crecer igual que todos los niños de la ciudad”.
A algunos los visitan sus familiares. A la mayoría no. Hay casos en que el menor ha terminado la primaria y no se quiere ir; continúa en esa casa poblada por pequeños de todas las edades y por jóvenes que se han convertido en verdaderos hermanos mayores.
“En primaria están ocho, en secu cuatro y en preparatoria otros cuatro. Antonio ya va a la uni. Está estudiando Derecho”, dice con orgullo Martín.
Ser responsable de estos niños, además de los que engendró biológicamente, consume tiempo y energía del hombre que conoce la miseria del alma, más allá de la económica.
Para él darles abrigo y alimento es importante, pero también lo es bridarles afecto, ser un padre que los tome de la mano para ir a la escuela, porque nunca tuvo uno. 
En Navidad, el calor de la fogata en el patio de la casa hogar calienta los corazones.
“Hacemos una lumbrada para la olla de los tamales. Tratamos que sea un momento que marque el corazón”, dice quien sostiene la casa hogar con dinero de su bolsa y con los apoyos que le dan pastores cristianos.
“La misma gente que nos conoce desde que empezamos sabe que hemos caminado lo más derecho y nos tienen confianza, apuestan a nuestro trabajo. Los pastores me ayudan con lo que pueden, efectivo, ropa o alimento”, añade.
No obstante, la familia es grande y siempre hay necesidad. Por ello esperan lo que el lector pueda obsequiarles esta Navidad.

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