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Estado

Dejarlo todo para salvar la vida

Salud Ochoa/El Diario | Viernes 05 Enero 2018 | 07:04 hrs

El Diario |

Chihuahua— Antonio es un hombre de 51 años que se ha convertido en uno de los miles de chihuahuenses desplazados por la violencia generada por el crimen organizado.



Él forma parte de las 800 solicitudes que la Comisión Estatal de Atención a Víctimas (Ceavi) recibió de junio a noviembre del 2017 para ser incluido en el Registro Estatal y las más de 5 mil 361 reportadas ante el Registro Nacional de Víctimas hasta el tercer trimestre del mismo año.



Originario del municipio de Guazapares, ubicado a 391 kilómetros de la ciudad de Chihuahua, en el 2015 tuvo que huir junto con su familia de noche y prácticamente con lo que llevaban puesto debido al secuestro, despojo y amenazas de muerte de las que fueron –y siguen siendo— objeto.



Asilado en una casa de renta y en espera de que la autoridad dé seguimiento a su denuncia, narra que tenía un rancho en el que cultivaba manzana, pero un día, miembros del crimen organizado llegaron y le dijeron que les rentara el lugar para sembrar droga pero al negarse, le indicaron que tendría que irse o lo matarían.



“En el 2014 secuestraron, mataron y tiraron a un hermano, y a partir de allí continuaron las amenazas. En el 2015 nos despojaron de todo. Fuimos amenazados con armas y obligados a salir de allí y dejarlo todo. Nos trajimos sólo lo que pudimos echar durante la noche en la troca, unas cuantas cobijas, lo que pudimos agarrar. Salimos huyendo”.



Antonio, quien forma parte de las 700 personas desplazadas registradas por la Ceavi, dice que la vida de su familia dio un giro de 180 grados y al quedarse sin nada tuvieron que iniciar de cero.



“El cambio fue muy brusco. Estamos acostumbrados al rancho y llegar acá y no conocer ni siquiera cómo cruzar una calle a otra, fue muy difícil”.



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Luego de un mes en la ciudad y al no tener otra opción de trabajo, la familia tuvo que emplearse en los campos agrícolas de Delicias y Cuauhtémoc, vivir en casa de renta y sobrevivir con un pago de 150 pesos diarios.



“Estamos bien en lo que cabe, pero queremos que nos restituyan nuestro patrimonio”, pide con dejos de desesperación en la voz mientras explica que su caso no es el único y que tan sólo en Guazapares hay por lo menos 20 casos más similares al suyo. Sin embargo, el miedo ha hecho que algunos no denuncien.



“Nosotros pusimos la denuncia un año después de salir de allá. Teníamos miedo porque nos dijeron que si denunciábamos nos iban a matar a los niños y a toda la familia”.



Ahora, Antonio espera que la autoridad haga su parte y el patrimonio robado sea restituido para poder así recuperar su vida.



“La autoridad sigue levantando testimonios en el municipio pero va muy despacio; le están pidiendo información al Ministerio Público de Témoris y sí han enviado pero hace falta recabar más papeles. En el rancho tenía una huerta de manzana, vendía rezago a Cuauhtémoc y Rubio y también “montero” en el ejido.



Las condiciones de vida de la familia han empeorado porque perdimos el patrimonio y ahora sólo gano lo mínimo para comer. A mi edad es difícil empezar de nuevo. Ya no es igual”.



La presencia del crimen organizado en su comunidad, dice, tomó más fuerza en el 2015 y hasta hoy sigue vigente, “en grande, más fuerte que nunca”, de manera que hasta los animales domésticos han sido arrasados por su fuerza.



“Se metió la violencia allí y sigue. Me quitaron el rancho para llenarlo de droga. Se comieron las gallinas, los marranos, la huerta está desapareciendo. Estos personajes cometen abusos libremente porque tienen poder para todo. La autoridad municipal no hace nada porque los que no se venden los amenazan y tienen que jalar porque si no jalan ya saben lo que les pasará. Está muy difícil desde las cabeceras municipales. Ya les he dicho quién es el culpable del despojo y tienen pruebas para detenerlo”, señala y asegura que el temor de las represalias es continuo pero se aguanta. “Hace poco me mandaron decir que sí volvía me estaban esperando”.

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