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Internacional

Chelsea, la guía de los Clinton

Excélsior | Domingo 07 Agosto 2016 | 08:53 hrs

Agencias |

En medio de la polémica que enfrentan Hillary y Bill Clinton rumbo a las elecciones presidenciales del próximo noviembre, pocos han detectado que en el ojo del huracán se encuentra la persona que ha sido la columna vertebral de ambos políticos: su hija Chelsea Clinton.

Poco se sabe de sus roles a futuro, en caso tal de que su madre asuma el poder de Estados Unidos bajo la bandera demócrata, pero algo es seguro, Chelsea no va a ser aquella adolescente desaliñada de la Casa Blanca, fama que ganó cuando la silla presidencial la ocupaba su padre.

A los 13 años, Chelsea llegó a la mansión de la avenida Pensilvania. Allí pronto comprendió que el anonimato no existe cuando se es parte de la familia Clinton. Pero no hay que dejar atrás a su amigo inseparable, su gato Socks.

Su cabellera aleonada, brackets, kilos de más y la timidez típica de una adolescente generaron comentarios hirientes, sobre todo, del ala más conservadora.

Energy, alias que recibió Chelsea dentro de los servicios secretos, relató que el conductor de televisión Rush Limbaugh se burló al aire de su apariencia.

En 1993 dijo: ‘Ustedes deben saber que los Clinton tienen un gato en la Casa Blanca, su nombre es Socks. Ellos también tienen un perro’. Y mostró una foto mía en la pantalla”, recordó Chelsea, en un debate sobre las mujeres en política, llevado a cabo en Nueva York.

¿Por qué Chelsea Clinton es tan fea? Porque Janet Reno (mujer) es su padre”, bromeó con malicia el senador republicano, John McCain.

Las bromas de mal gusto llegaron a tal punto que una asociación gay de Los Ángeles se solidarizó con la niña y creó una camiseta con el lema Leave Chelsea Alone, en un mundo, donde cada vez se vive más por y para la apariencia.

Por lo tanto, si su madre, a quien definió en la convención como “una mujer atenta, justa y con un corazón lleno de amor”, gana la Presidencia, Chelsea dejó claro que su vida está en La Gran Manzana.

“Mi vida seguirá en Nueva York”, aseguró durante la campaña la primogénita de los Clinton, de 36 años. Pero la política la lleva en la sangre.

“Mi padre se presentaba a la reelección como gobernador de Arkansas, estábamos en un evento de campaña y una mujer me preguntó si quería ser la gobernadora del estado un día. Creo que le dije, ‘señora, tengo tres años’, ironizó en esa época.

Chelsea no jugaba con muñecas, prefería la política para salvar el mundo. Y a los cinco años escribió al expresidente Ronald Reagan para pedirle, expresamente, que no visitara un cementerio alemán en el que había varios nazis enterrados.

Querido presidente Reagan. He visto (la película) Sonrisas y lágrimas y los nazis no me parecen nada simpáticos. Por favor, no vaya al cementerio”, escribió, según el diario británico The Daily Mail. Reagan nunca respondió a la niña, oriunda de Arkansas.

LA MÁS FIEL

Las campañas electorales son pan comido para la sobreprotegida de los Clinton. Hace apenas dos semanas enfrentó la enésima, subiéndose al podio para apoyar a “la mujer más preparada” para asumir las riendas de la potencia norteamericana, según repitió en la campaña.

Mi madre es una mujer que se pasó la vida peleando por las familias y los niños, una progresista que va a proteger nuestro mundo del cambio climático y a nuestras comunidades de la violencia con armas de fuego”, declaró emocionada, ante los aplausos de los asistentes a la convención, quienes también rugieron al son de Katy Perry, muy fan de la familia.

Para Chelsea, su madre es una “heroína”, como declaró en la campaña de 2008 donde Hillary se enfrentaba a su rival, el saliente presidente y ahora amigo Barack Obama.

Energy siempre le ha sido fiel a Hillary, a diferencia de su progenitor, quien, con sus infidelidades, colocaba a la familia bajo los flashes mediáticos.

Lo que no te mata te hace más fuerte, y el affair entre su padre y la becaria Mónica Lewinsky fortaleció la imagen de esa joven que un día fue tímida, insegura y objeto de burlas.

En su biografía Living History, Hillary describió a su hija como la viva imagen de la “entereza”.

Tras el escándalo, que puso en jaque la carrera política de Bill, Chelsea, quien acababa de ingresar en la Universidad de Standford para estudiar Historia, viajó a Washington para conciliar a una familia, al borde del colapso.

Una foto del matrimonio paseando por los jardines de la Casa Blanca, y Chelsea, en medio, agarrando la mano de ambos enterneció al mundo con el protagonismo de una niña que, con su madurez, logró mantener la unión en esa familia.

Ante el huracán Lewinsky, Chelsea partió a Londres para estudiar una maestría en Relaciones Internacionales en Oxford, pero antes recorrió cientos de universidades estadunidenses, deleitando a los alumnos con sus charlas.

En La City, donde vivió dos de los mejores años de su vida, la hija de los Clinton lucía más sofisticada y elegante: ni brackets, ni pelo alocado y menos un outfit casual. En las discotecas se codeaba con Paul MacCartney y en los desfiles de moda con Madonna y Gwyneth Paltrow.

De vuelta a América, aterrizó en Nueva York con una imagen renovada. Se casó con el empresario judío de inversiones Marc Mezvinsky, hijo de congresistas, y con quien tiene un niño y una bebé.

A la ceremonia, celebrada en Astor Courts, una finca a las orillas del río Hudson, acudieron 400 invitados.

Según la cadena ABC, el cuento de hadas de la princesa de los Clinton costó dos millones de dólares.

Y de “patito feo” de Estados Unidos pasó a ser portada de la revista Elle, donde lució un vestido negro de Gucci, un brazalete de Cartier y un anillo de Halleh. Su pelo, rubio, brillante y liso como una plancha.

SU AMISTAD CON IVANKA TRUMP

Además, con vidas paralelas en el Upper East Side neoyorquino, Chelsea conoció a Ivanka Trump, hija del candidato republicano Donald Trump, con quien mantiene una buena amistad, aunque ahora menos estrecha por los ataques sin pudor del empresario contra Hillary Clinton.

Soy muy amiga de Ivanka. La adoro y creo que la amistad siempre triunfa sobre la política y así debe ser”, declaró Chelsea al Today Show, aunque espera que su amiga y ahora rival en la campaña electoral “no siempre tenga que defender a su padre”.

“EL FANTASMA MEJOR PAGADO”

Durante muchos años, Chelsea dio la espalda a los medios de comunicación, que usaron a la joven como su pasatiempo de burlas.

Sin embargo, hizo las paces con el cuarto poder y, tras renunciar a su primer trabajo en la consultora McKinsey & Company, saltó a la cadena NBC como reportera.

En el programa Making a Difference, al igual que el blog Humans of New York, destapaba historias extraordinarias de gente de a pie que transitaba las frenéticas calles neoyorquinas.

Sin embargo, la polémica volvió a envolver a la única hija de los Clinton cuando el portal

Político.com publicó que Chelsea ganaba 600 mil dólares al año, un salario desorbitado que no agradó a sus compañeros, quienes le otorgaron el título de “el mejor fantasma de la redacción”, porque la joven, además, brillaba por su ausencia.

Poco después, Chelsea anunció su renuncia en Facebook: “Para seguir centrada en el trabajo en la Fundación Clinton y mientras Marc y yo nos preparamos para recibir a nuestro primer hijo, decido dejar mi puesto como reportera especial, aunque deseo seguir formando parte de la NBC en un futuro”.

Chelsea, siguiendo los consejos de su padre, se centró en la Fundación Clinton para ayudar a los países en vías de desarrollo.

Bill un día soñó que su hija iba a estar al frente de la organización fundada por él, y ahora, la niña de sus ojos es vicepresidenta, y la conocen como “la nerd de los datos y la experta en gastar de forma eficiente y efectiva el dinero”, según contó la revista Time.

Hace un par de años viajó a Birmania para concretar un proyecto de saneamiento de aguas en el país asiático y acaparó los focos cuando posó junto con la activista birmana y Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

Su madre, Hillary Clinton, en su rol de secretaria de Estado, fue la primera representante estadunidense en visitar el país en más de medio siglo.

DESTINO MISTERIOSO

Aunque se mantuvo al margen de la política, su interés por sumergirse en una carrera presidencial es vox populi, pero el papel que jugará el arma más poderosa de Hillary, si ésta gana las elecciones, sigue siendo un misterio.

Nadie sabe si esa joven que hizo campaña por primera vez a los tres años en Arkansas seguriá los pasos de sus padres y abrirá un nuevo episodio en la saga de una de las familias más poderosas y polémicas de Estados Unidos.

“Chelsea sería una gran Presidenta”, indicó Bill Clinton a la CNN.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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