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Internacional

Una herida abierta; Guantánamo

Agencias | Sábado 17 Septiembre 2016 | 07:32 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- Contra lo que aún creen algunos, los problemas entre La Habana y Washington no comenzaron el primero de enero de 1959, con la llegada al poder de los barbudos de la Sierra Maestra y el triunfo de una Revolución socialista a sólo 90 millas de Estados Unidos. Ambos países intentan avanzar en la normalización de sus relaciones hace ya casi dos años y entre los principales escollos está una

herencia de comienzos del

siglo pasado.

Durante más de cien años una parte del territorio cubano de la oriental provincia de Guantánamo ha estado ocupada por Estados Unidos, contra la voluntad de su

pueblo y gobierno.

La Base Naval que administra Washington, en una de las mejores bahías de la isla, es remanente de un oscuro capítulo de la historia cubana.

Washington intervino en la guerra de independencia cubana en 1898 y ocupó militarmente el país. Ante la imposibilidad de someter a la Mayor de las Antillas a un estatus colonial como Puerto Rico, la Casa Blanca optó por imponer una enmienda en la primera Constitución (cubana) para garantizar sus prebendas al precio de la soberanía de la República.

El capítulo VII de la llamada Enmienda Platt, aprobada por el Congreso norteamericano e impuesta en 1901, establece: “Que para poner en condiciones a los Estados Unidos de mantener la Independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los Estados Unidos”.

El acuerdo final se firmó en 1903. Además de Guantánamo se entregaba el territorio de Bahía Honda, pero esa base no llegó a construirse. Si bien la Enmienda Platt se derogó en 1934, el acuerdo para las bases navales y carboneras se mantuvo en pie.

A cambio de la administración del territorio, Estados Unidos se comprometía a pagar “la suma de dos mil dólares en moneda de oro”.

Después del triunfo de la Revolución, Washington no paga un solo centavo, ya que las autoridades revolucionarias se niegan a recibir el dinero. El propio Fidel Castro contó en un artículo en el año 2007, que el cheque sólo fue cobrado una vez y por error.

“El (pago) correspondiente a 1959, por simple confusión, fue convertido en ingreso nacional. Desde 1960 hasta hoy jamás se han cobrado y quedan como constancia de un arrendamiento impuesto durante más de 107 años”.

SIN VALOR ESTRATÉGICO

Un viejo mito con el que se intenta encubrir ese vestigio colonialista en la región es la supuesta ubicación estratégica de la base para los intereses norteamericanos.

Sin embargo, los avances tecnológicos y las capacidades de los barcos actuales no demandan una instalación para repostar como estaba inicialmente planeado. James Stavridis, jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos del 2006 al 2009, aseguró recientemente que Guantánamo, como instalación militar, ya no es esencial en la era moderna de los portaaviones, submarinos nucleares y aviones no tripulados.

La única ventaja estratégica resulta utilizar la instalación para llevar a cabo torturas y detenciones arbitrarias sin rendir cuentas a los tribunales estadunidenses o la comunidad internacional.

De acuerdo con los términos del contrato de arrendamiento, el territorio donde está instalada la base es de soberanía cubana, pero Estados Unidos tiene pleno

control sobre él para efectuar sus operaciones. De ahí que se haya creado lo que los abogados llaman un “agujero negro legal”.

En el año 2002, el entonces presidente republicano George W. Bush abrió allí un centro penitenciario con el objetivo de trasladar a los prisioneros de su supuesta cruzada contra el terrorismo en Oriente Medio.

La cárcel ha pasado a la historia como un símbolo del lado más oscuro de los Estados Unidos, con incontables violaciones de los derechos humanos de los detenidos.

OBAMA Y SU DEUDA PENDIENTE

Una de las promesas de campaña del actual mandatario norteamericano, Barack Obama, fue cerrar la cárcel de Guantánamo, que es un asunto muy distinto de la devolución del territorio a Cuba.

Sin embargo, durante los últimos ocho años ha enfrentado un Congreso hostil. El legislativo actual es considerado uno de los más disfuncionales de la historia. A la guerra desatada entre la mayoría republicana en ambas cámaras contra el gobierno demócrata, se suma una maraña de intereses particulares que por primera vez en casi dos siglos amenaza con reconfigurar los partidos políticos tradicionales.

Los congresistas han pasado varias enmiendas para bloquear los fondos necesarios para el cierre de la prisión e intentan por esa vía lograr lo mismo con cualquier intento de negociación con Cuba para recuperar la soberanía sobre esa parte de su territorio.

Desde los anuncios del 17 de diciembre del 2014 sobre las intenciones de ambos gobiernos de mejorar los nexos bilaterales, Cuba ha puesto sobre la mesa la devolución del territorio ilegalmente ocupado por Estados Unidos como una de sus prioridades en el proceso hacia la normalización de relaciones, junto al levantamiento del bloqueo, el cese de los programas subversivos, el fin de las transmisiones ilegales de radio y televisión y la compensación por los daños causados durante más de medio siglo de agresiones.

Distintos funcionarios de la administración, incluido el secretario de Estado de EU, John Kerry, han negado que el tema de Guantánamo esté actualmente sobre la mesa de negociaciones. Sin embargo, el presidente Obama no descartó la posibilidad de que ocurra en un futuro. “Imagino que será una larga discusión diplomática que se extenderá más allá de mi administración”, dijo en entrevista exclusiva con Yahoo News.

Y el día que ello ocurra, los expertos coinciden en que el presidente tiene facultades ejecutivas para disponer la terminación del contrato de arrendamiento.

En la historia político jurídica estadunidense existe un precedente legal que apoya las prerrogativas presidenciales en materia de tratados firmados por el Ejecutivo. Durante el gobierno de Jimmy Carter, la Corte Federal de Apelaciones para el Distrito de Columbia reconoció la facultad constitucional del entonces mandatario para terminar el Tratado de Defensa Mutua con la República de China firmado en 1934.

Ese convenio bilateral, al igual que el firmado entre EU. y la naciente república neocolonial cubana en 1903, no contenía condicionamientos o cláusulas otorgándole al Congreso papel alguno para ponerles fin. Por tanto, existe en la práctica jurídica y en la academia estadunidense un amplio consenso respecto a la autoridad Ejecutiva, que se apoya en buena medida en el manejo y control de los asuntos de política exterior otorgados a la figura del Presidente por la propia Constitución de ese país.

Thomas B. Wilner, un prestigioso abogado de la firma Shearman&Sterling de Washington que ha representado a prisioneros detenidos en la cárcel de la base, opina que Obama cuenta con la autoridad legal para iniciar las negociaciones con Cuba, pero “desde un punto de vista práctico es poco probable que el presidente actúe de manera unilateral sin tener el apoyo del Congreso”.

De ahí la importancia del ambiente en el órgano legislativo. Los congresistas pueden aprobar una ley independiente o incluir una disposición al interior de otra legislación, en especial las que asignan presupuestos para actividades vitales de la nación.

La historia demuestra que el tema no ha sido un tabú y que en las condiciones correctas se podría llegar a una solución mutuamente beneficiosa. Washington ha ido incluso más lejos en otras ocasiones. El precedente obvio está en los acuerdos del presidente James Carter con Panamá, que condujeron a la devolución del Canal.

“El tratado Torrijos-Carter fue mucho más difícil políticamente dentro de Estados Unidos que lo que podría ser la devolución de Guantánamo”, asegura William Leogrande, profesor de Gobernanza de la Universidad Americana. “Dado que las relaciones entre ambos países están cambiando rápidamente, sería mejor para el presidente contar con la flexibilidad para negociar con Cuba sobre el futuro de Guantánamo, en lugar de estar encerrado en el status quo.

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