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Internacional

Muchos palestinos de Jerusalén buscan ciudadanía israelí

Associated Press | Miércoles 22 Marzo 2017 | 08:32 hrs

Agencias |

Jerusalén.-  Cada vez más palestinos del sector oriental de Jerusalén están pidiendo la ciudadanía israelí en un esfuerzo por cambiar su vulnerable status de residentes y tener más facilidades para viajar con pasaporte israelí.

Pero se encuentran con que, después de publicitar un ofrecimiento de ciudadanía, las autoridades israelíes parecen medio reacias a concederla, según organizaciones que siguen el tema. Los abogados dicen que sus clientes palestinos tienen que esperar meses por una cita con el ministerio del interior y que el trámite toma un promedio de tres años.

Las autoridades israelíes niegan que estén desalentando los pedidos de naturalización mediante tácticas dilatorias y afirman que las demoras se deben al incremento en la cantidad de solicitudes.

Ese incremento en las solicitudes refleja las incertidumbres que enfrentan los 330.000 palestinos de Jerusalén, que constituyen el 37% de la población de la ciudad, 50 años después de que Israel anexó el sector oriental.

La gran mayoría tienen documentos de residentes, que les permiten trabajar y movilizarse, pero no son ciudadanos de ningún país. Para viajar al exterior necesitan documentos temporales que emiten Israel o Jordania.

Solicitar un pasaporte israelí conlleva el estigma de una aceptación implícita del control de Israel y solo unos 15.000 palestinos lo hicieron desde el 2003. Se dice que solo 6.000 fueron aprobados.

Ante el fracaso de las negociaciones en busca de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos, Israel afianza año tras año su control del este de Jerusalén. Unos 200.000 judíos israelíes viven en barrios del este de Jerusalén, en terrenos que deberían ser parte la capital de Palestina, según los palestinos, si algún día se firma un acuerdo de paz y se crea un estado palestino. Israel considera que los barrios judíos del este de Jerusalén son parte de su capital.

Muchos residentes árabes del sector oriental de la ciudad se sienten abandonados por el gobierno autónomo palestino, que administra partes de la Margen Occidental pero al que Israel no le da acceso a Jerusalén.

Los palestinos que piden pasaporte israelí dicen que son pragmáticos.

"No quiero perder mi derecho a vivir en Jerusalén" afirmó Ruba Mueller, descendiente del prominente clan palestino de los Nashashibi y quien se hizo israelí.

Casada con un alemán, esta mujer de 37 años, nacida en Jerusalén, teme que, al no tener el respaldo de una ciudadanía, sus prolongadas estadías en Alemania podrían hacer que los israelíes le quiten su condición de residente de Jerusalén.

"Nací aquí. Soy palestina", dijo Mueller. "No quiero una visa que diga que soy turista".

Otro residente árabe dijo que al conseguir la ciudadanía israelí se acabaron una cantidad de problemas burocráticos. Este agrimensor de 34 años, que habló a condición de no ser identificado por temor a ser tildado de traidor por los palestinos, dijo que solo quiere hacer "una vida normal".

La anexión israelí del este de Jerusalén en 1967 --condenada por la mayor parte del mundo-- no fue acompañada por un ofrecimiento de ciudadanía automática a las decenas de miles de palestinos que vivían allí.

El status de residente pareció una solución sensata en ese momento, opinó Daniel Seidemann, comentarista experto en Jerusalén. "Nunca ofrecimos seriamente la ciudadanía, el mundo no lo hubiese aceptado y a los palestinos no les hubiese interesado", afirmó.

Posteriormente los israelíes dijeron que los palestinos sí podían obtener la ciudadanía, por más que la mayoría de ellos no la buscasen. En respuesta a denuncias de discriminación, el alcalde Nir Barkat dijo que cualquier palestino de Jerusalén puede solicitar la ciudadanía.

Las autoridades palestinas dicen que incluso si más palestinos se naturalizan, el mundo seguirá viendo al este de Jerusalén como un territorio ocupado.

"La ciudad será liberada algún día y estas ciudadanías no tendrán ningún valor", sostuvo Adnan Husseini, el funcionario de la Autoridad Palestina a cargo de los asuntos de Jerusalén.

De todos modos, las estadísticas muestran un aumento en las solicitudes. En el 2016, 1.081 familias la pidieron, comparado con 60 en el 2003, 547 en el 2008 y 704 en el 2013, según el ministerio del interior.

El Times de Israel aseguró que el procesamiento de las solicitudes empezó a tomar más tiempo a partir del 2014. De más de 4.000 solicitudes, solo 84 fueron aprobadas, 161 fueron rechazadas y el resto siguen pendientes.

El ministerio del interior atribuyó la lentitud a la gran cantidad de pedidos.

"No hemos demorado el trámite, sólo que cada año hay más solicitudes", dijo la portavoz Sabine Haddad.

Abogados que representan a los palestinos, no obstante, piensan que Israel quiere desalentar las naturalizaciones de los palestinos.

"Vemos un claro vínculo entre estas medidas burocráticas aparentemente inocentes y el interés demográfico de Israel en reducir la cantidad de árabes que viven dentro de sus fronteras, sobre todo de árabes con derecho al voto", expresó el abogado Adi Lustigman, que representa a palestinos que piden la ciudadanía israelí.

Desde 1967, Israel ha revocado los derechos de residencia de 14.500 palestinos, a menudo con el argumento de que llevaban más de siete años afuera de la ciudad, por más que se hubiesen ido a la vecina Margen Occidental en busca de alojamiento más barato.

Los residentes árabes están "sujetos al constante temor, al temor real, de perder su residencia", dijo Lustigman.

La ciudadanía es lo que ofrece más garantías. Pero no resuelve todos los problemas.

Mueller se enteró hace poco de que no le renovarían el pasaporte porque salió de Israel apenas de lo dieron hace 10 años. No perderá la ciudadanía, pero deberá usar un documento de viaje que tiene que ser renovado cada dos años.

El hecho de que sea nieta de uno de los escritores más ilustres de Israel, S.Y. Agnon, ganador de un premio Nobel, no ayudó. Su abuela se casó con un Nashashibi en los años 40 y se convirtió al islam. Posteriormente se divorció y regresó al judaísmo.

 

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