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Internacional

Inmigrantes dejan de denunciar abuso sexual por miedo a deportación

The New York Times | Domingo 30 Abril 2017 | 13:29 hrs

El Diario |

Los Ángeles— La violencia doméstica siempre ha sido un delito notoriamente difícil de encausar. A menudo las víctimas tardan años en pedir auxilio, mientras que con frecuencia hay que persuadirlas a atestiguar contra sus agresores. Y para numerosas víctimas indocumentadas, dar ese paso se ha vuelto demasiado difícil por los temores de que el Gobierno las detenga y deporte si presentan cargos, de acuerdo con funcionarios policiacos, abogados y activistas de alrededor de Estados Unidos.



Desde las elecciones presidenciales, se ha registrado un drástico descenso en los reportes de ataque sexual y violencia doméstica entre la población hispana nacional, mientras que muchos expertos atribuyen la baja al miedo a las deportaciones. Funcionarios policiacos de varias ciudades, entre ellas Los Ángeles, Houston y Denver, consideran que la consecuencia más peligrosa de los cambios de políticas y las duras declaraciones en torno a la inmigración es la menor cantidad de inmigrantes dispuestos a acudir a la policía.



El presente año el número de hispanos que han reportado violaciones en Houston ha descendido más de 40 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado, dijo este mes Art Acevedo, jefe del Departamento de Policía de Houston. El descenso, añadió, “da la impresión de ser la forma como la gente empieza a dejar de reportar los delitos”.



Este año en Los Ángeles, los reportes de violencia doméstica entre los hispanos han caído 10 por ciento y los reportes de agresión sexual 25 por ciento a comparación de hace un año, bajas que Charlie Beck, jefe del Departamento de Policía, dijo probablemente se deban al temor al gobierno federal. Docenas de prestadores de servicios y abogados entrevistados señalaron que las mujeres inmigrantes estaban optando por no reportar los maltratos ni fincar cargos.



“Siempre hemos dicho a nuestras clientes que no se preocupen aunque sean indocumentadas –los policías van a protegerlas−, dijo Kate Marr, directora ejecutiva de la Sociedad de Asistencia Legal del Condado Orange, en California. Sin embargo, hoy en día el nivel de temor es muy distinto a lo que ella había visto en sus casi 20 años de trabajo con sobrevivientes de la violencia doméstica, explicó.



“Es como si no les hubiéramos dicho nada a nuestras clientes”, dijo. “Imaginar lo que pasaría si esto continúa desmoraliza y asusta mucho”.



El miedo entre las inmigrantes se intensificó a raíz de un caso registrado en El Paso, donde en febrero agentes de Inmigración y Aduanas arrestaron a una mujer minutos después de haber recibido una orden restrictiva contra el hombre que dijo había abusado de ella. Esta semana la Comisión sobre Derechos Civiles de Estados Unidos, una instancia independiente bipartidista, exhortó a funcionarios federales a reconsiderar sus tácticas de arrestos en los juzgados. La organización señaló que el caso texano y otros arrestos en los tribunales estaban asustando a inmigrantes en todo el país.



Laura´s House, que cada año ayuda a cientos de víctimas de violencia doméstica en el condado Orange, pregunta en forma rutinaria su estado inmigratorio a las clientes a fin de poder ayudarlas a solicitar visas de protección en caso necesario. Con la visa “U”, las víctimas de ciertos delitos obtienen permiso para permanecer en Estados Unidos si colaboran con la policía –y a menudo la promesa de una visa convence de dar la cara a las víctimas de ataques sexuales y violencia doméstica.



Anteriormente, casi la mitad de los más de 70 casos nuevos que recibía al mes Laura´s House procedían de inmigrantes indocumentadas. Durante los últimos tres meses, dicha cifra ha bajado a menos de uno a la semana.



Muchas mujeres comparten las inquietudes de April, de 23 años, quien esperó años a presentar cargos contra el padre de sus hijos.



“Llamaba a la policía usando otro nombre o pidiéndole a alguna vecina que llamara”, contó Abril. “Cuando él venía por mí, decía que me regresarían a México y que nunca volvería a ver a mis hijos. Por mucho tiempo le creí”.

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