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Nacional

Destruyen santuario otomí

Reforma | Lunes 27 Junio 2016 | 09:09 hrs

Reforma |

Mayonikha, santuario otomí y sitio arqueológico de San Bartolo Tutotepec, Hidalgo, fue atacado por cristianos que reprueban rituales indígenas, denunció el académico Luis Pérez Lugo, secretario de territorialidad de la organización Nación Otomí.

El centro ceremonial perdura en la Sierra Madre Oriental desde hace 7 mil años, explicó el investigador de la Universidad de Chapingo, autor del libro Tridimensión Cósmica Otomí.

Presencia indígena

Una decena de estructuras arquitectónicas de piedra usadas como altares fueron derribadas recientemente por Testigos de Jehová de la localidad El Piñal, quienes reconocieron su responsabilidad, afirma Pérez Lugo.

Empero, no admitieron haber perforado un basamento piramidal, el cual presenta un hoyo de un metro.

"Vamos a visitar más a la Madre Tierra; es lo que quiere ella. La tradición no se va a perder", resuelven otomíes en medio del pesar por los destrozos al sitio arqueológico de Mayonikha.

Allí los indígenas veneran a deidades como la tierra, el agua y el fuego con abundantes ofrendas, las cuales también fueron destruidas durante la incursión de los agresores al terreno. Éste es propiedad privada y contiene al centro ceremonial.

Defienden su devoción en un video difundido en redes sociales que muestra el daño al santuario.

Para los otomíes de Hidalgo, de la Sierra Norte de Puebla y del sur de la huasteca veracruzana, Mayonikha es el equivalente a La Meca para los musulmanes o El Vaticano para los católicos, dice la antropóloga Lourdes Báez.

"Es el lugar más importante. El término Mayonikha en español quiere decir iglesia vieja", destaca Báez, también coordinadora de Los pueblos indígenas de Hidalgo. Atlas etnográfico.

Una decena de estructuras arquitectónicas usadas como altares fueron derribadas en meses recientes -se desconoce la fecha precisa- y el basamento piramidal dedicado a Ximhoi, la tierra, fue perforado, informó Pérez Lugo.

Al profanar los altares desbarataron ofrendas textiles, de flores, ceras, alimentos, recortes de papel que representan espíritus y, además, rompieron efigies, como la de un águila que naturalmente se formó en una laja, detalla.

"La razón que dieron es que (los rituales indígenas) no son cristianos, que se relacionaban con el diablo y que ellos actuaban de acuerdo con los principios de Dios. 'No venimos a hablar de Dios', les dijimos, 'venimos a ver si van a seguir destruyendo o van parar. Si su voluntad es seguir destruyendo, nos dirigiremos en forma jurídica. Ellos pararon. Esa es la razón por la que aún no hay acciones jurídicas".

Pero no descartan acudir ante instancias mexicanas e internacionales. Por lo pronto, sólo permiten el ingreso de fieles.

Sugieren al INAH no cercar

La tradición en Mayonikha, sitio arqueológico aún no explorado, perdura al abrigo de una geografía que supuso desafíos para los evangelizadores del siglo 16.

"No querían adentrarse por lo escarpado del terreno; además, los otomíes tenían fama de hoscos. Las crónicas de la época refieren incluso animales salvajes; llegar ahí era, y es, complejo", apunta Báez, investigadora del INAH, quien considera que el papel del instituto en Mayonikha debe ser de respeto para las decisiones de sus seguidores.

El INAH no debe apresurarse a trasformar Mayonikha en una zona de vestigios arqueológicos, porque no lo es, previene el poeta y etnólogo Jaime Chávez, presidente de Nación Otomí.

"El santuario hiuhu es un espacio vivo donde conviven los bädi (sabios) de Veracruz, Hidalgo y Puebla, con la madre tierra (ximhai) y los demás elementos de la naturaleza que dan la energía (nzaki).

"El área circundante es en sí misma un gran templo (nikhä) natural de oración, que no tiene límites precisos, por eso se debe de tener cuidado en no adelantarse a imponer un cerco para su protección, declararlo zona arqueológica en resguardo del INAH o convertirlo en parque cultural-ecológico bajo el manejo de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, como hicieron con el Centro Ceremonial Otomí de Temoaya, Estado de México, y que los otomíes tengan que pedir permiso para realizar sus ceremonias".

REFORMA solicitó la postura de la delegación del INAH en Hidalgo, pero no obtuvo respuesta.

 

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