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Opinion

Las bonitas familias.

Luis Froylán Castañeda | Domingo 08 Mayo 2016 | 00:24 hrs

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La Política da Weba

Si usted acude a la Constitución, los partidos políticos son considerados ''entes de interés público'', circunstancia que les permite recibir cantidades ingentes de dinero para que hagan política. Ya sabe usted lo que ellos entienden por política.

El descrédito de la clase política y los partidos en torno a los cuales se agrupan, es una verdad indiscutida del ciudadano común, del que nada pierde o gana en el mundillo de los partidos, así en plural, en el descredito van todos. No están en crisis, como suelen decir algunos, no podrían estarlo mientras bailen en dinero, sean la única vía certera de acceso al poder y detenten el monopolio de la democracia, siendo los más antidemocráticos.

Por eso hartaron a la sociedad, por su doble rostro y su hipocresía. Siempre han sido así, sólo que llegaron al punto de no poder ocultar, su antidemocracia y desapego ciudadano surge como una fístula infectada e invade sus rostros. Por más que intentan cubrirla cuando van a pedir el voto, la costra es terca y se revienta una y otra vez. La gente los conoce mejor de lo que imaginan, sin que ellos se percaten.

En el fondo esa condición los tiene sin cuidado, no les importa que la gente los vea como manzana podrida, caso perdido sin solución, desahucios de credibilidad. Al contrario, en ello basen su fortaleza, se congratulan de tal percepción dado que les permite hacer lo que les venga en gana sin que los juzgue, justamente por que la gente está cansada de ellos.

En cada oportunidad demuestran lo que son, se revelan en su verdadera naturaleza. No conozco a más partidos que a los mexicanos, y eso desde fuera, pero con ver la manera de su actuar es suficiente para adjudicarle sin remordimientos los calificativos anteriores.

La prueba más reciente la acaban de ofrecer en la integración de las listas de candidatos a diputados plurinominales. Lo hacen cada tres años, de modo que noticia no son, sólo que otra vez presenta un ejemplo que los describe en su desnudez, sin tapujos o maquillajes con los cuales intentan, y a vece logran, engañar a la gente durante las elecciones.

El Partido del Trabajo, cuya franquicia local usufructúan desde finales de los ochentas la familia Aguilar, postuló en el número uno de la lista a su patriarca, Rubén Aguilar Jiménez ¿Quién va de suplente? También Rubén Aguilar, de segundo apellido Gil. Es decir su querido hijo. Ya perdí la cuenta de las veces que Rubén ha sido diputado local sin haberse sometido al voto popular, lo que también hacen sus hijos desde que alcanzaron edad.

Esta familia tiene historia con el PT y las pluris, lo sabemos, así que de ellos nada extrañaría, ponga usted que es lo normal. Un amigo de Rubén padre, le preguntó hace tiempo porqué no ponía de candidatos a otros que no fuesen de su familia. Me crees tarugo, me quitarían el partido de inmediato, habría respondido. Ese es el punto, si les quitan el partido, es como si les quitaran la vida y en eso se identifican todos los dueños de franquicias partidistas de familia.

El Partido Verde, cómodo apéndice del PRI, presenta la misma característica, con sus matices particulares. El apuntado en el número uno de las listas es un tal Alejandro Gloria González ¿…Y ese señor qué? Tiene sus méritos, una muy estrecha relación con María Ávila, la dueña de la franquicia verde en Chihuahua, es nada menos que su esposo. Ella optó por su querido marido para hacer relevo parlamentario, supongo que no tiene hijos o si los tiene estarán chicos para el cargo.

El PRD que despertó fervor ciudadano luego que robaron el triunfo a Cárdenas, en las elecciones de 1988, en Chihuahua se instaló con total sinvergüenza en la categoría de partido familiar. Además de nano, por la insignificancia electoral, es otro de los que tienen dueño, mejor dicho dueña, con su nombre y apellido. La dueña de esas siglas se llama Hortensia Aragón.

Hasta donde entiendo la señora no tiene hijos ni marido, de modo que puso de primera en la lista a su sobrina favorita, Crystal Tovar, sin más mérito que el parentesco. Además, ratificando su “yo mando y qué” en la presidencia del partido dejó a su querida hermana, precisamente la mamá de Crystal. Y si ella no se puso, es sólo por que ocupa el cargo de diputada federal, pero hace tres años lo hizo sin recato alguno, como probablemente lo haga cuando regrese de México.

Nueva Alianza, el partido de los maestros, fundado por Elba Esther cuando oficiaba de secretaria general del PRI, apuntó de uno y dos a un maestro de la octava y a una maestra de la cuarenta y dos, ambos propuestos sin discusión por los dirigentes seccionales; el PES, partido de los hermanos en Cristo, a un pastor y a una pastora, nadie de su feligresía les pareció digno.

El PAN no es partido familiar, pero actúa igual. Mario Vázquez, probablemente el personaje más esforzado en despedazarlo, quedó en el número uno y en el PRI, gobernado por tlatoanis sexenales, mandaron una lista desordenada en la que no sabe quién va primero, si Valencia o Xóchitl Reyes Castro.

Ninguno de los partidos, así generalizando en ninguno, publicita esas listas, a pesar de que en teoría esos espacios son ocupados, deberían serlo, por los personajes más emblemáticos entre sus miembros, activos sociales cuyo paso al Congreso lo tienen ganado en función de su expediente de vida. Es decir deberían dar lustre a su partido.

Nada, los ocultan, y si usted las busca en la página oficial del Instituto Electoral local, tendrá dificultades para encontrar la mentada lista, pues la misma autoridad las esconde tras iconos y más iconos, de la misma forma en que los gatos tapan la suciedad.

Esa condición los desnuda y exhibe sus miserias, pero si usted acude a la Constitución, los partidos políticos son considerados “entes de interés público”, circunstancia que les permite recibir cantidades ingentes de dinero para que hagan política. Ya ve usted su forma de hacer política. Que los sometan al escrutinio electoral por lo menos una vez cada seis años, mínimo.

Por lo mismo me parece de risa riza lo que dice Marko Cortés, coordinador de la fracción panista en la Cámara de diputados, y por lo tanto miembro emblemático de la corrompida clase partidista mexicana, parte de la nomenclatura azul.

Paseando por las calles de la Chihuahua se percató que los candidatos -desde luego no los panistas, ellos son de marte, donde al parecer también hay moches- colocan el logo del partido en miniatura. Y concluye, en eso habría que reconocer su enorme capacidad de inferencia, brujo, que les da vergüenza verse identificados con sus partidos, por eso ponen el logo chiquito en sus anuncios.

El agudo y preclaro diputado Cortés se equivoca en dos formas. Primero, a los candidatos de ningún partido les da vergüenza, por la simple y sencilla razón de que no la tienen, si la tuviesen harían algo por la gente, en lugar de embaucarla vendiendo espejitos envueltos en promesas, sonrisas y abrazos cariñosos para la foto.

El mero hecho de verse asociado a un partido político, cualquiera que sea, es motivo de pena para los ciudadanos normales, por eso les ponen las cruces y miran a los independientes o populistas como López Obrador o el Bronco, mal que parece general, vean en Estados Unidos a Trump, descrito por Hillary Clinton como “bala perdida”, que puede ocupar la oficina más importante del país más poderoso del mundo.

Y la segunda equivocación de Marko, es que su candidato al gobierno del estado, Javier Corral, es el primero que se aparta de su partido, ocupando en inventar alianzas ciudadanas inexistentes y arroparse con los históricos adversarios ideológicos del PAN. Va más lejos, Javier llega al extremo de negar a su partido, quiere por fuerza parecer de izquierda, asociarse con los principios ideológicos contra los cuales lucharon los fundadores del PAN.

Hablando de vergüenza partidista caben todos, los familiares dan asco, los otros por lo menos esconden el logo y lo guardan silencio, no porque les de vergüenza, como dije, carecen de ella, sucede que piden el voto asumiéndose ciudadanos, pues conocen la historia de agravios que cometen mientras gobiernan con las siglas de tal o cual partido.

¿Hasta dónde están dispuestos a llegar? Hace más de cien años un diputado dijo que hasta la ignominia. Desde entonces a la fecha la esencia del ser político no ha cambiado, con tal de mantener las prerrogativas y la curul sin voto, los actuales también irían hasta la ignominia. Que Weba, lo bueno es que hoy es domingo como con mis hijos, el hartazgo trastorna a cualquiera.

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