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Opinion

UACh, riesgos de la intransigencia

| Jueves 30 Junio 2016 | 00:17 hrs

|

Consejo de Directores muestra fisuras

Vivebus a lo suyo, las indecisiones

Garfio cierra en jauja; tersa transición

E
n diversos momentos, tonos y circunstancias, los directores de facultades universitarias han hecho trascender un acuerdo general para que sea uno de los suyos el próximo rector.

Están fortalecidos en la tradición universitaria posterior al movimiento estudiantil del 85. Desde que Fito Torres Medina ocupó la rectoría a recomendación del entonces gobernador sustituto, Saúl González Herrera, todos los rectores hasta el actual han surgido del cuerpo de directores.

Carlos Ochoa, Zootecnia; Sergio Bernardo Piña Marshall, Medicina; Jesús Enrique Grajeda, Medicina; José Luis Franco, Ingeniería; Raúl Arturo Chávez Espinoza, Contabilidad; y el actual, Enrique Seañez Saenz, Química.

Desde fuera buscaron la rectoría sin éxito Fernando Rodríguez, hace seis años, y para el proceso en curso son mencionados Mario Trevizo, secretario general de gobierno, y Alfredo de la Torre, quien hace días destapó sus aspiraciones con fuertes criticas a las autoridades universitarias.

Contra ellos iría el pacto de los directores, los quince apóstoles universitarios apiñonados en torno de sí mismos, para evitar que los “externos” rompan la tradición “pos 85”. Están en la suya, cada uno se siente favorito sobre los otros.

Lo más probable es que la tradición sea respetada, meses atrás Trevizo lucía favorito, después sufrió un bajón, luego los astros se alineaban en torno a Valles, de Economía Internacional, y cuando trasladaron la elección de junio al mes de agosto, la baraja se volvió reyes, descomponiéndose por completo con el resultado electoral del cinco de junio. Indirectamente alteró todos los escenarios universitarios.

Por ejemplo, a los nombres más mencionados como aspirantes externos, adose el de una maestra de la Facultad de Contaduría, supuestamente de estrecha cercanía con Javier Corral, de perfil académico y respetada en su gremio. Es una de las muchas versiones que corren donde los directores tienen poco acceso, es decir en el primer círculo corralista. Nombres de “panistas” sobran.

Mostrar intransigencia en momentos de tensión política es de alto riesgo para la universidad. Afortunadamente los alumnos están de vacaciones, pero si regresan a clases y encuentran un ambiente favorable a la protesta, sería fácil aprovecharlo y trasladar el proceso electivo de las aulas a las plazas. Aguas, con los estudiantes involucrados activamente, nadie puede prevenir las consecuencias.

El propio Consejo de directores muestra fisuras e inconsistencias, pues todos piensan que pueden llegar y en realidad así es, tienen abierta la oportunidad. Por ejemplo, ayer se reunieron Javier Benavides, Medicina; Raúl Sánchez Trillo, Bellas Artes; Liliana Álvarez, Conta; Enrique Carrete, Derecho; Luis Fierro, Filosofía; y Raúl Escárcega. ¿Propósito del encuentro? Es fácil adivinarlo, enviar el mensaje de que están cerrados a una.

Eran sólo seis, faltan nueve de los quince y además entre las versiones de terna que sueltan a contentillo por intereses dentro y fuera de la Universidad, hay otras que hablan de directores, cuyo nombre y apellido evito mencionar para no contaminar más el proceso, que estarían vetados por “la mayoría”.

La pregunta que deben hacerse los directores no es ¿cuántos consejeros necesitamos para..? Sino ¿intervendrá directa o indirectamente el gobernador electo? Corral ha dicho que respeta la autonomía universitaria, lo mismo que dijo Francisco Barrio en 1996 y nombró a Jesús Enrique Grajeda.

En agosto de 2013 inició operaciones el ViveBús, desde entonces a la fecha ha sido una historia de indecisiones y medidas parciales; un paso hacia delante, dos atrás, tres de costado, un brinco alto simulando avance, pero en constante retroceso.

Apenas la semana pasada Gustavo Morales anunció el fin del sistema como lo conocemos actualmente. Dijo que abrirían 70 rutas alternas a la troncal y puso fecha y hora para el fin de la tarjeta. En sintonía con la historia, ayer mismo se desdijo de todo lo anterior, pidiendo tiempo para empezar de nuevo.

Que siempre no, espérenme tantito, vamos a ver hasta cuándo los usuarios agotan su saldo en las tarjetas y a proyectar las nuevas rutas, pues todavía no se sabe por dónde pasarán. Una vez definidos esos detallitos abrirán paso al sistema de la morralla, las carreras por el pasaje y la saturación del centro con camiones humeantes, poniendo fin –ahora sí- al nuevo sistema.

Esta vez el sufrido Director de Transporte se cuidó de citar fechas perentorias para poner en práctica las nuevas medidas, pero igual pudo hacerlo sin sufrir consecuencia alguna, pues ni transportistas, ni usuarios, ni los funcionarios mayores en el gobierno se dan por enterados de sus declaraciones.

En razón de la evolucion, lo correcto sería involución, el transporte, desde aquel agosto, lo mejor para solucionar la crisis de manera definitiva sería dejarlo que ruede sin restricciones de rutas, horarios, ni tarifa estable, así las leyes infalibles de las “calabazas sobre la carreta” lo arregle por sí solo, más temprano que tarde.

Hasta parece que anda en campaña o como si el PRI hubiese ganado todo y ya tuviese en su mano derecha la liana para el nuevo cargo. Así ven en los últimos días a Javier Garfio, con un cierre en jauja, disfrutando el momento, comprando propiedades para que la nueva administración ahorre los gastos por concepto de renta de oficinas.

Compró y remodeló el antiguo Hotel del Real, ya tiene clientes para rentarlo; luego la Quinta Touché, transformando en dinero constante y sonante un problema de Emilio Flores, y luego el edificio del antiguo Banco Comercial Mexicano, una de las viejas glorias del Grupo Chihuahua.

“Doscientos millones en nuevas propiedades dejaré a la próxima administración”, dijo Garfio. Ojalá a Maru Campos no se le ocurra venderlas, pues como usted sabe, en los gobiernos, cuando se trata de comprar o vender, razonan al revés; compran caro y venden barato.

Por lo pronto y en lo que termina el libramiento Zootecnia, Garfio sigue trabajando y sonriendo como si estuviese empezando, quizás intente recuperar los cien días trágicos de la mini-era Baeza. Hay que reconocer su buen talante, mientras el resto de los priistas siguen rumiando su derrota, el edil chihuahuita muestra buena cara, actitud que tiene beneficios prácticos, ha sido importante para facilitar la transición.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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