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Opinion

En la frontera del Estado Fallido

Luis Froylán Castañeda | Domingo 07 Agosto 2016 | 01:31 hrs

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La Política da Weba

Intenta maquillar su doble rostro, lucir de buena manera, pero las excrecencias purulentas surgen y vuelven a surgir, exhiben su debilidad y lo exponen a la burla popular.

Aristóteles Núñez y Osorio Chong son el vivo ejemplo de dos rostros que conviven simultáneamente en el gobierno mexicano, ambos mirando en dirección opuesta, pero unidos en la más abyecta simulación. Cuesta trabajo aceptar que tengamos un gobierno ''de a mentiritas'', es lo que hay.

Hartos de la inacción gubernamental contra los guerrilleros disfrazados de maestros, los empresarios intentan hacerse escuchar declarando que no pagarán impuestos, mientras perdure el estado general de caos en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y el mismo Distrito Federal, sometido por las marchas. Calculan las pérdidas del comercio y turismo en miles de millones.

El titular del SAT, Sistema de Administración Tributaria, los advierte y reconviene intentando forzarlos a que abandonen sus alocadas ideas: “no aconsejo esa medida, por más que sea su molestia, hay que declarar. No se puede combatir la ilegalidad con la ilegalidad”. Después agrega un galimatías justificatorio: “Hay que esperar a que se atienda la demanda de los empresarios genuinamente, promover una solución definitiva” y luego deja la amenaza “Declarar en ceros tiene sus características y consecuencias”.

El insensible recaudador de impuestos habla como si México fuese un país de leyes y como burócrata del neoliberalismo amenaza a  los comerciantes del país, solidarios con aquellos en cuyos estados comercio y turismo están deprimidos por la incapacidad del gobierno frente a los subversivos ¿solución definitiva? No jueguen.

El rostro de Osorio Chong lo define la impotencia e incapacidad para enfrentar con la fuerza del Estado a una poderosa organización guerrillera propuesta a terminar con el gobierno del PRI, como antes hizo con el PAN de Fox y Calderón, a efecto de facilitar la llegada de López Obrador.

Contra la guerrilla subversiva el Secretario de Gobernación reacciona con métodos insuficientes incluso para conflictos estudiantiles. Los atiende en inútiles mesas de diálogo mientras mantienen sus regiones secuestradas y donde el acuerdo más celebrado fue que “sólo bloquearían vías secundarias”, es decir estrangulen pero no maten, o maten pero lentamente. Ni eso cumplen, en cuanto Osorio hizo público el acuerdo, la CNTE tomó la caseta de la autopista México-Querétaro, una de las más transitadas del país.

Toman carreteras, ferrocarriles, aeropuertos, universidades, oficinas, plazas, marchan por las principales avenidas de la capital. Tienen secuestrados a millones de ciudadanos indefensos, entre ellos a los comerciantes, sin que gobierno haga el menor uso de la fuerza para liberarlos.

Debieron, hace apenas un mes, montar un puente aéreo a fin de llevar productos humanitarios, medicinas y alimentos básicos, a comunidades que morían de hambre en los estados secuestrados ¿Cuál gobierno del mundo tolera un atentado de tal naturaleza a sus habitantes? Sólo el nuestro.

Hacia el norte mira el deshumanizado rostro de Aristóteles amenazando a los empresarios que intentan manifestarse sin pagar impuestos; al sur el de Osorio Chong, jugando a establecer acuerdos consciente de que sus interlocutores buscan que la guerrilla escale.

La definición más aceptada de un “Estado Fallido” describe un fracaso social, político y económico de un gobierno tan débil e ineficaz que tiene poco control sobre vastas regiones de su territorio, no provee servicios básicos regulares y presenta altos niveles de corrupción y criminalidad.

Lo caracterizan cuatro parámetros:

A.- Pérdida de control físico del territorio, o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza

B.- Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones

C.- Incapacidad para suministrar servicios básicos

D.-Incapacidad para interactuar con otros estados

Elimino la cuarta, México es plenamente aceptado y reconocido en la comunidad internacional. Las otras tres encajan sin fricciones: el crimen organizado le arrebató el monopolio del uso legítimo de la fuerza y en amplias zonas, como las ya mencionadas, es evidente que no tiene control físico de su territorio, los bloqueos dan cuenta cabal de su impotencia, lo mismo que los “retenes” de los malos en infinidad de caminos y carreteras en las regiones productoras de droga.

Peña Nieto fue legítimamente electo, pero su autoridad está erosionada a niveles de alarma: su aceptación por debajo del cuatro por ciento, la menor de cualquier presidente mexicano desde el uso de las mediciones; cuestionado por la corrupción, se ve obligado a pedir perdón, las instituciones de seguridad son incapaces para enfrentar la crisis guerrillera, si detiene a uno o varios de los líderes, le incendian sus regiones de control.

Y los servicios básicos los presta a medias en las zonas de mayor marginación, tanto por el fenómeno endémico de la corrupción, como por la imposibilidad de que los empleados públicos ingresen a infinidad de comunidades dominadas por el crimen o la guerrilla.

Si, la conclusión es que inequívocamente México está en la frontera de un estado fallido, sólo que se conduce ante la opinión internacional con la arrogancia del aristócrata venido a menos, descrito ejemplarmente en la máxima: “El hambre lo tumba y el orgullo lo levanta”.

Intenta maquillar su doble rostro, lucir de buena manera, pero las excrecencias purulentas surgen y vuelven a surgir, exhiben su debilidad y lo exponen a la burla popular.

Hasta en la política, donde se supone que la voz del Gran Tlatoani es inapelable, se muestra la debilidad del presente gobierno. Nunca en la historia del PRI, ni en los tiempos de la Corriente Crítica, precursora del PRD, un presidente del partido le había renunciado al Presidente de la República y menos en un discurso de franco reproche.

Lo hizo Beltrones, al estilo críptico de los políticos priistas, a su salida pronunció un severo reclamo a Peña: “Hay que decirlo fuerte y claro, en muchos de los casos los electores dieron un mensaje a políticas públicas equivocadas o a políticos que incurrieron en excesos, que no tuvieron una conducta transparente y que no actuaron de forma responsable”.

Su directa recriminación a las políticas equivocadas de Peña y a los gobernadores señalados de corruptos, hicieron que Beltrones se convirtiese en héroe del priismo, sin recibir la menor reprimenda presidencial. Frente al desplante de uno de los suyos, Peña y su gobierno guardaron silencio, prefieren ignorar el reproche, muestra de su debilitamiento y erosión de autoridad. Hasta en su propio partido los desafían.

Su debilidad política e institucional alcanza todos los ámbitos de la vida pública. En Oaxaca, Chiapas y Guerrero las vemos al extremo pero qué me dice de las transiciones gubernamentales domésticas en Veracruz y Chihuahua, por citar otros ejemplos totalmente diferente a las motivaciones guerrilleras o a la crisis interna del PRI.

En Veracruz hay una disputa jurídica y política entre Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes. Se demandan, se acusan, se agravian, baten  en sus historias a las familias de uno y otro; en Chihuahua el gobierno al punto del colapso financiero, por la incapacidad de los equipos de transición en fijar acuerdos mínimos que les permitan entregar y recibir la administración en condiciones aceptables de operación.

Con un gobierno fuerte los desencuentros de Veracruz y Chihuahua no existían, tanto los que van llegando como los de salida, con independencia al partido que pertenezca, se allanarían a cualquier observación presidencial. Peña, en cambio, decide mantenerse al margen, temeroso de que su intervención fracase y pierda mayor credibilidad. En ambos casos, Beltrones y los Duarte, el de Peña es un silencio impotente.

No añoro a los todopoderosos dictadores del partido hegemónico, intento describir que la debilidad política e institucional del gobierno permea a todos los rincones del país, de una u otra manera la falta de autoridad se observa y siente.

Es una pena, la sociedad pierde mucho y el país se atrasa, pierde terreno frente a sus competidores internacionales, máxime cuando esa fragilidad viene por lo menos desde Vicente Fox, recuerdo el ¿… Y yo por qué? Respuesta irreflexiva del entonces presidente, a un reportero que le preguntó sobre su inacción en Oaxaca, cuando la crisis de los 40 pueblos.

De Calderón que decir, sumergió al país en un baño de sangre, frase hecha que uso por que literalmente la guerra declarada de Calderón contra el narco derramó la sangre de miles de inocentes en amplias extensiones del territorio nacional. Cada familia chihuahuense tiene su propia historia que contar, su muertito que llorar.

No se que me puede más, si la debilidad presidencial en sí misma o la campaña que su impericia de gobierno hace a favor del mesiánico. Que horror, sin embargo está visto, llega un momento en que la gente se cansa y castiga con el voto. Que weba, dieciséis años perdidos y contando.

Lavisiondeluisfroylan.com

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