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Opinion

Las falacias de Javier

Luis Froylán Castañeda | Domingo 09 Octubre 2016 | 00:45 hrs

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La Política da Weba

El verano del 86 los chihuahuenses escribieron una de las páginas más brillantes de su historia. Hartos de la corrupción y los malos gobiernos, salieron a las calles para dar la bienvenida a un nuevo partido y votaron por Francisco Barrio para gobernador. La realidad política del país los abofeteó inmisericorde, el resultado oficial es que ganó Fernando Baeza.

El golpe los contuvo temporalmente pero no los desanimó, seis años después Barrio ganó la elección, a pesar del buen gobierno que hizo Baeza. Lo anterior demuestra que la sociedad perdona más nunca olvida. El 92 la sociedad saldó la deuda que tenía con el PAN.

Fue una gran gesta histórica iniciada en 1983, cuando el PAN ganó por vez primera las ciudades más importantes del estado; ratificada en 1985, con victorias en las diputaciones federales de Juárez y Chihuahua, triunfos reconocidos a medias, prolongada en la emblemática campaña del 86 y coronada en el 92.

Una década bregando contra el partido hegemónico creador de la dictadura perfecta, como la llamó Vargas Llosa. Es la década que marcó políticamente a Javier Corral, en el 83 tenía sólo 17 años y cuando Barrio llegó al gobierno apenas contaba con 26, a pesar de su corta edad se convirtió en diputado local.

Esos años de idealismo están impresos de manera indeleble en su corazón, lo exuda en su actuar, sin haber sido actor determinante en ninguna de aquellas jornadas gloriosas. Era más que todo un observador emocionado y acucioso de lo que pasaba en Chihuahua.

Hoy, en la plenitud de sus cincuenta primaveras, sigue añorando esa etapa que se fue para no volver jamás, sin embargo la identifica y retuerce a su gusto para explicar su arribo al poder: “Gracias Chihuahuenses, siéntanse orgullosos de este momento de cambio y renovación popular en el gobierno. Es fruto de un triunfo colectivo, de una gesta cívica que desafió las condiciones más adversas y bla, bla, bla…”

En esa interpretación desacertada radica la primera y mayor falacia de Javier, su triunfo no responde a una gran gesta cívica en pro de una persona o un partido. Es ante todo la respuesta ciudadana contra un gobernante corrupto, soberbio, engreído e inculto, cuyos desplantes humillaron a los chihuahuenses.

Si hubo una gesta cívica no fue por él, sino contra el gran corrupto llamado César Duarte. Los votos así lo demuestran: Corral 500 mil, cifra con la que hubiese perdido contra Duarte, Reyes y empatado con Patricio; Serrano 400 mil, menores a los obtenidos por Borruel, Galindo y el propio Corral cuando perdió con Reyes; 250 mil de Chacho Barraza, que representan una cantidad mayúscula de votantes inconformes con ambos partidos. Vea los números, el que tenga dudas.

En la ceremonia donde protestó el cargo quedó suficientemente acreditado el rencor contra el que se fue. El único aplauso espontaneo, generoso y prolongado fue cuando Javier dijo “he ofrecido a todos los chihuahuenses llevar ante la justicia a César Duarte”. En ese momento la gente se levantó y aplaudió, el resto de las palabras salían sobrando, lo importante era que metería en prisión al gran corrupto.

La idea de la gesta y su idealismo es aceptable en alguien que va llegando al poder y se ve centro del universo. También explica su romanticismo e ingenuidad cuando pide a médicos y abogados regalar su tiempo y conocimiento en servicio social los fines de semana, a los empresarios aumentar el salario a los trabajadores, a los presidentes municipales no robar, ni poquito como el tal layín, o que sus funcionarios no acepten moches, aunque algunos los haya aceptado y promovido en el pasado reciente. Ahora deben portarse bien, por que “lo digo yo”.

Es una condición inherente al sincero deseo de todo gobernante por que la sociedad sea mejor. Le gustaría que, por el amor que le profesa el pueblo, los ladrones dejen de robar, los violadores de violar, los infieles se arrepientan y amen a sus parejas, los niños sean obedientes y respeten a sus mayores, los diputados del PAN no tengan moches, los traficantes dejen su ilícita actividad.

Cualquier persona bien intencionada quiere lo mismo, pero sabe que la realidad es otra. Sin embargo esa ilusión es, pongámoslo así, normal en los nuevos gobernantes. La veo como los enamorados que van al matrimonio convencidos de que será para siempre, que su amor puede sortear toda dificultad y al final de sus días llegarán de la mano al paraíso.

El tiempo los ubica y atempera; unas parejas terminan divorciadas, otras odiándose, muchos firman tácitos pactos de no agresión, el caso es que todos terminan con las ilusiones destrozadas, de modo que para ser felices ajustan sus prioridades y moderan sus expectativas. Lo mismo sucede con los gobernantes, llegan dictando normas de buena conducta ciudadana y usualmente terminan asqueados de la iniquidad humanas.

Patricio Martínez hasta hizo una oración para que todos los chihuahuenses cuidarán el agua; Duarte insistía con que el cielo bendiga a Chihuahua, Barrio se veía como el padre protector pero enérgico de los chihuahuenses, por eso perdonó a Mesta, cuando robó, pues era de buena familia. Ese estúpido afán de “conmigo prosperidad, amor y orden” muchas veces termina convertido en “después de mi el diluvio”.

Aceptando que su ideario ciudadano es de buena fe y que el tiempo atemperará sus utopías, privan en su actuar y discurso otras falacias que anticipan un gobierno de dictadura y soberbia exacerbada.

Su fortaleza política radica en la supuesta convicción democrática. Recuperar las citas de su discurso restaría espacio valioso a la presente entrega, aparte de que son innecesarias por que Javier las reitera constantemente, las sintetizo en respeto a los poderes, honestidad, pluralismo y compromiso ciudadano.

Son valores excelsos que merecen mejor referencia. Mucho respeto al Congreso, pero instruye a los diputados para que propongan una reforma contra el fuero; mucho respeto a los diputados de su partido, pero monta en cólera por el nombramiento de Miguel Latorre como coordinador; mucho respeto a los magistrados, pero hizo un berrinche por la convocatoria para elegir jueces, mucho respeto al Poder Judicial pero quiere hacer un Consejo de la Judicatura a modo; mucho respeto a los municipios, pero le incomoda que Cabada nombre de jefe policiaco a González Nicolás; mucho respeto a la libertad de expresión, pero siempre que su critica sea constructiva; mucho respeto a la autonomía universitaria, pero impone rector; mucho respeto a la palabra empeñada, pero las fotomultas están bien y la educación universitaria no puede ser gratuita.

Me causa temor su gobierno, al escucharlo y verlo actuar encuentro al Javier enojado con la vida, al rijoso contra los empresarios, el alto clero, los medios, los detractores de su partido, las instituciones, el régimen, los millonarios.

No se percata que su actuar envía el mensaje de ser el absoluto y sabio juez poseedor de la vara mediante la cual él y solo él determina sobre lo bueno y lo malo; lo justo e injusto; lo democrático o dictatorial; lo bello y lo feo, conceptos abstractos discutidos por el pensamiento occidental durante tres milenios, sin que su definición sea universalmente aceptada.

Estoy de acuerdo con que César Duarte es un vulgar ladrón, que confundió –como lo dijo el senador Javier Corral Jurado- su constancia de mayoría con la escritura del estado a su nombre. Como todos los chihuahuenses quiero que haya justicia sobre sus abusos y actos de corrupción.

Pero me resisto a padecer otros cinco años de oscuridad y dictadura, ahora por un mesiánico cuyo afán purificador pasa necesariamente por su definición de buenos y malos y en el fondo de su ser se asume como el redentor de la política nacional, ordenando a sus discípulos que “vayan por todos los rumbos y anuncien que un nuevo amanecer ha llegado a Chihuahua”.

Me resulta imposible aceptar el cierre de su discurso como un recurso retorico. No puedo verlo así cuando evidentemente se asocia con Jesucristo al momento en que pide los apósteles que “vayan por todo el mundo a pregonar la buena nueva”.

No, Javier, te equivocas, la lucha histórica de Chihuahua es anterior a ti y sobrevivirá a tu gobierno. Democracia, honestidad y pluralismo son valores que no se pregonan, se practican. Concéntrate  en gobernar, concepto que implique contener la violencia, generar condiciones de empleo y administrar los vastos recursos del estado para crear programas a favor de la educación, la salud y el combate a la pobreza.

Y como ya me diste permiso para escribir, agrego que lo demás es palabrería, a los gobernantes se les juzga por sus hechos no por sus palabrerías. Es sensato recordar, también, que el pez por la boca muere. Menos promesas y más acciones, la campaña quedó atrás, hoy es el momento de los resultados.

Lavisiondeluisfroylan.com

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