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Opinion

El maniqueo espejismo del sureste

Luis Froylán Castañeda | Domingo 05 Marzo 2017 | 01:22 hrs

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La Política da weba

En diciembre del 2013 el senador Miguel Barbosa ingresó al hospital víctima de una fuerte infección, a causa de una herida mal tratada en su pie izquierdo y complicada por la diabetes que padece.

En el transe pudo morir pero se recuperó y el siete de enero del siguiente año estaba de regreso en el senado: “No me avergüenza mostrar mi muñón, perdí un pié pero no la dignidad, me siento entero y completo para enfrentar las cosas”, dijo dueño de sí y de las cámaras mientras mostraba, con fingida resignación, el muñón recién suturado.

Dos años después el senador perredista y coordinador de su bancada no necesitó de sus dos pies para patear el tablero de la política nacional y dejarlo temblando, a diez meses de las definiciones de candidatos a presidentes de la República.

Siendo uno de los mayores liderazgos del PRD, el domingo pasado hizo profesión pública de fe a favor de López Obrador. Desconcierto mayor, en el guión estaba que Barbosa fuese fiel al partido y a su eventual candidato, Miguel Mancera, por lo tanto al “sistema”.

Su decisión es la puntilla que necesitaba el PRD para disolverse electoralmente, no obstante parecían más consternados los dirigentes del PRI y PAN. Enloqueció al sistema de partidos que toma por enemigo común a López Obrador.

Esa incomodidad la descubrió el “Sistema Político” a través del circuito mediático sensible a los intereses del poder, cuyos comentaristas despedazaron al senador.

¿Por qué la sobrerreacción contra un senador que declaraba en público su apoyo a López Obrador, si prevalece un desprendimiento constante de militantes perredistas hacia Morena?

Alentó una prematura cargada al tabasqueño, que viene dándose lenta y constante desde el triunfo de Trump en Estados Unidos. Leticia Quezada, exdiputada federal del PRD y subdirectora de Asuntos Metropolitanos en el gobierno de Mancera, es la más reciente figura en sumarse a la cargada.

Antes Miguel Torruco renunció a la Secretaría de Turismo del Distrito Federal con el mismo propósito, Esteban Moctezuma de TV Azteca y Secretario de Gobernación con Zedillo, la mitad de los 18 senadores del PRD han renunciado al partido sin definir su destino político, pero encaminados hacia el mismo rumbo, otra cantidad significativa de diputados federales y locales, liderazgos regionales con cargos formales de partido y figuras locales del PRI y partidos menores en casi todos los Estados de la República.

Es una cargada que desangró al PRD desde adentro, inhabilitando hasta como partido de respaldo electoral a otras fuerzas, e inquieta, con razón, a panistas y priistas. Son algo así como terceros perjudicados, crece su enemigo. Por eso los desquició Barbosa, los mostró vulnerables ante el avance del adversario común, el enemigo de las instituciones, el populista que destruirá al país.

Saben que la cargada no es sólo política, van también empresarios como Alfonso Romo y Marcos Fastlicht, cercano a Televisa, y una larga lista de nombres menos conocidos, entre los que debe sumar a Miguel González, hermano de Martha Laguette, de Chihuahua.

No es que López Obrador haya convencido a la clase empresarial, los grandes tiburones siguen renuentes a su proyecto y no los convencerá en el tiempo que resta para la elección. Sin embargo son hombres de negocio, saben que mañana podrían tenerlo frente a ellos obligándolos a negociar el rumbo económico del país.

Alentar la cargada es motivo suficiente para que el “Sistema” entre en pánico y pierda la cordura, en el caso de Barbosa hay otros elementos más para el enojo: las motivaciones que justificaron su adhesión a Morena, también formuladas en público.

Observador y actor principal de la política nacional, el senador resolvió que el “sistema”, es decir lo que López Obrador llama “la mafia”, eligió al PAN como el partido que debe enfrentar a la izquierda. Fue más lejos, en una entrevista de radio, desesperado por el acoso, dijo “el PRI ya no está en Los Pinos”, sacando de casillas a un conductor tan experimentado como López Obrador.

A los ideólogos del sistema les pareció una locura que alguien usualmente acomodado en los intereses del poder, de pronto alienta la cargada a favor del enemigo y además postula sin rubor que “la mafia” –él la llamó sistema- desechó al PRI como opción contra el enemigo de México, expresando seguro que llegado el momento se acuerpará en torno al candidato del PAN.

No me jodas, reaccionaron los indirectamente aludidos, hay límites y desdoblaron su enfado frustrante en linchamiento dentro y fuera de su partido. En el PRD lo quieren retirar de la coordinación, mientras que los medios al servicio del poder lo

Destrozan.

Comparto en buena medida las observaciones de Barbosa, en especial la que se refiere a la unión PAN- y PRI intentando frenar a López Obrador. Con todo, me parece muy audaz descalificar al PRI cuando faltan diez meses para el nombramiento del candidato y está por verse el resultado de la última estación previa al 2018, las elecciones en el Estado de México.

Aún con López Obrador como favorito, las variables políticas siguen siendo muchas para establecer conclusiones certeras. Van en lo general las relativas al Estado de México.

Si el PRI gana conserva su asiento en la mesa de jugadores; si pierde sufrirá una sangría similar al PRD y adiós que le vaya bien; Ante un triunfo del PAN las fuerzas opuestas a Morena harán su propia campaña recargándose en ese partido, dando la razón –ahora si- a Barbosa de que el “Sistema” se alineó en torno a ese partido; si gana Morena el tabasqueño se pondría dos escalones por arriba de sus competidores, acelerando la cargada.

No obstante, aún puestos en la opción ganadora de Morena en esa elección preparatoria al 2018 y colocando a su candidato como el gran favorito a un año de la elección, nada les garantiza el triunfo presidencial. De ser así que le entreguen la presidencia y cancelen la elección.

Su pretensión es que las fuerzas políticas, sociales y empresariales del país así lo vean, pero en el fondo saben que hay una gran disputa pendiente antes de que la izquierda llegue a Los Pinos, en la que no hay seguridad de nada.

Hoy Andrés Manuel tiene la gran ventaja de ser candidato único, se pasea por el país en franca campaña, pisoteando la ley electoral sin que nadie ose amonestarlo, en tanto sus posibles adversarios están atados por la misma ley y sus condiciones políticas. Si, es una gran ventaja, hasta en tanto tenga competidor, entonces el país quedará partido electoralmente y la elección en un volado.

Esa cargada simula un espejismo del sureste cuya gran virtud es enganchar a los desesperados que pretenden comprar boletos de preventa, esperando verse beneficiados con el “gran triunfo de la izquierda”. Bien por él, avanza.

Ojo, sostengo que López Obrador es hoy el candidato a vencer, que tomaría mayor ventaja si gana o su candidata hace una gran campaña en el Estado de México, pero también que nada le garantiza un triunfo en junio del 2018, pues empresarios, independientes, PAN, PRI, el gobierno con todo su poder y hasta el intervencionismo norteamericano tratarán de cerrarle el paso.

Esa condición de uno contra todos y todos contra uno tendrá un efecto directamente en el alineamiento electoral de los mexicanos que, como ha sucedido en otros países recientemente, polarizan la elección llevándola a un maniqueísmo entre buenos y malos, que terminará lastimando al país, sin remedio.

Dos son los mayores problemas del establishment nacional: encontrar a un candidato con los menores negativos pero empaque suficiente para enfrentar al favorito sin bajar la mirada y contener sus ambiciones personales y egos sobre estimulados que los caracteriza.

Una gran posibilidad es que se pierdan en sus mezquindades, enfrentados entre ellos, abriendo de esa manera el paso al “odiado”; la otra es que no encuentren a la persona adecuada o que esa posible persona decida no correr el riesgo.

Suponga que mitigan su soberbia y orgullo, que es menor al odio contra López Obrador. Sólo como política ficción un ejercicio de ocio: Qué le parecería una recta final contra Cárdenas, Juan Ramón de la Fuente, el doctor Narro, Carlos Slim o el poeta Sabines. Cualquiera de ellos, y otros más, una vez tentados por la mafia se les haría un nudo en la garganta antes de rechazar la oferta ¿A usted de que lado se inscribirá?

Lavisiondechihuahua.com

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