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Opinion

Vacío de poder y violencia, antesala del caos

Luis Froylán Castañeda | Domingo 09 Julio 2017 | 00:25 hrs

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Procesada la información de Las Varas, los hechos espantan. “Levantan a médicos para atender heridos”, es la principal de El Diario el viernes pasado, tres días después de la batalla con saldo indefinido de muertos. Y describe que hombres armados secuestraron personal médico de un centro de salud próximo a la comunidad en guerra, obligándolos a proporcionar atención a los heridos. Personalmente corroboré la información, es tan grave que tiene uno dificultades para darla por cierta, así la publique un medio de probada seriedad como El Diario. Sin embargo no quedó ahí, también trascendió que los narcotraficantes “invasores”, presumiblemente asociados a los grupos de Sinaloa, aterrizaron diversas avionetas en pistas clandestinas de la región, a efecto de levantar a sus heridos y muertos. Vinieron por ellos y los trasladaron por vía aérea, como en cualquier batalla entre dos ejércitos regulares.

Por la escasa información oficial sabemos que se trata de un enfrentamiento entre el cártel de Sinaloa y la Línea, adversarios en guerra desde que la muerte de un hijo de Joaquín Guzmán fue atribuida al entonces cártel de Juárez, dominado por Vicente Carrillo, alrededor del 2005, según relata Anabel Hernández en su libro “Los Señores del Narco”.

Cuando Felipe Calderón declaró la guerra al narco, su pretensión era encumbrar al Chapo como jefe de una Federación nacional que regulara el crimen en el país. Genaro García Luna, entonces Secretario de Seguridad, era el operador de esa estrategia evidentemente fallida, pues el gobierno de Peña detuvo al Chapo, fugado y vuelto a detener, hasta ser extraditado.

Con el gran capo detenido e incomunicado en Estados Unidos, lo único cierto que nosotros tenemos es que la guerra continúa entre sus herederos y sucede en la sierra, con expresiones funestas en las principales ciudades del estado.

La balacera de Rubio, ocurrida el 20 de marzo pasado, donde murió el famoso “Cabo”, quedó explicada por rivalidades entre grupos inconformes de la misma Línea, supuestamente ordenada por otro barón del crimen al que apodan “El Ochenta”. En esa ocasión los pobladores hablaban de por lo menos setenta muertos, aunque la cuenta de la Fiscalía sólo llegó hasta ocho.

Son explicaciones diferentes; en una interpretación simplista los hechos en Rubio suceden por la rivalidad entre lugartenientes de un mismo grupo; la del miércoles cinco en Las Varas entre grupos históricamente enfrentados, con los resultados conocidos.

Sin estar interesado en los entresijos ni en los detalles del crimen en la entidad, cualquier chihuahuense con sentido común puede válidamente inferir que, en lugar de estar a la baja, hoy el problema del narcotráfico en la entidad es de naturaleza mayor a la de hace dos meses.

Estamos frente a una expresión inequívoca de que, como en los años de la guerra calderonista, otra vez dos grupos criminales disputan el control de amplias franjas del territorio estatal, mientras la policía observa impotente o quedó asociada con alguno de los bandos.

Eso espanta, en Chihuahua conocemos muy bien las nefastas consecuencias de una guerra entre carteles. Se traduce en víctimas inocentes por estar en el momento y lugar equivocados; disparo de secuestros, extorsiones, asesinatos, pues la vida de cualquiera vale entre tres y cinco mil pesos. Todo envuelto en una colectiva angustia social que altera la paz de los más templados.

Son los resultados inmediatos y actualmente los estamos viendo. Antes no había noticias de asaltos a camiones en circulación de negocios conocidos, los comerciantes hablan en voz baja de extorsiones, las noticias de secuestro están de vuelta, los asaltos a bancos son frecuentes.

Y lo peor, junio cerró como el mes de más asesinatos en el primer semestre, con 220, haciendo en total casi mil en ese periodo. Al paso que va, cerraremos el año con más de dos mil asesinatos, contando solamente los registrados por organismos gubernamentales.

De ahí a los desplazados humanos sólo falta un tris; los que pueden parten a El Paso, San Diego, San Antonio a donde pueden, siempre que sea fuera de Chihuahua. Los menos afortunados dejan sus pequeños negocios familiares hartos de pagar cuotas, llevándose a su familia a ciudades menos amenazadas por el crimen dentro o fuera del país, o donde son desconocidos para evitar que atenten contra su vida.

Después la parálisis económica por cancelación de inversiones programadas, cierre de plantas a causa de que sus ejecutivos reciben amenazas de chantajes o son secuestrados. Y deprimida la economía el empleo se desploma.

No se trata de una bola de cristal, leer asientos del café o elegir la versión más catastrofista, eso sucedió durante la guerra de Calderón, cientos de miles sufrieron espantosas experiencias.

El fenómeno llegó a niveles que generó un éxodo de empresarios al extranjero y miles de refugiados en casas de amigos o familiares, al salir huyendo de las zonas más cruentas del combate.

Hoy, por desgracia, hay agravantes. Estará usted de acuerdo en que la economía del estado sigue activa merced a la obra privada. Al menos en la ciudad de Chihuahua es impresionante la construcción; centros comerciales desde el Paseo Central de los Valles y las torres departamentales, hasta las pequeñas plazas de cinco o siete locales y modestos departamentos. Todos en pujanza.

A la vista está la construcción privada ¿dónde la pública? Causa pena decir que no hay, la escasísima no pinta para efectos de impulso económico y, peor, las expectativas son que tampoco habrá en lo que resta del presente sexenio. Duarte dejó el Estado en quiebra y Corral ignora cómo resolver la crisis. Fuentes Vélez y sus asesores financieros están hechos bolas con la reestructuración de los 20.4 mil millones de la deuda.

Estamos frente a la parálisis, dado que la obra privada reducirá su actividad antes de lo que muchos especialistas suponen, sin que el gobierno reactive la obra pública. Y usted sabe, el motor de la economía es la construcción, sin ella el fenómeno de un periodo recesivo de consecuencias pésimas para los asalariados, el 80 por ciento de los chihuahuenses, es inminente. Lo primero que ajustan los empresarios durante las crisis son empleos.

Otro agravante. Tenemos a un gobernador distraído en política nacional, pensando que puede ser presidente de México, y obsesionado por detener a César Duarte. Para Corral no hay nada más allá que esas dos prioridades: la disputa por la sucesión presidencial y presentar como trofeo electoral al “vulgar ladrón”. En el inter le importa tres cacahuates que a Chihuahua se lo lleve un perro en el hocico.

No es mala voluntad contra el gobierno del PAN, ni contra Javier en lo personal, es lo que se ve. Junto a Gustavo Madero, su jefe de precampaña, Javier se la pasa en México buscando la manera de tomar asiento en el Frente Amplio que construyen PAN y PRD y cuando detienen a uno de los funcionarios duartistas hace un rondín en medios nacionales como si hubiesen detenido al propio Duarte.

En cambio se oculta y guarda silencio cómplice después de las matanzas emblemáticas, sin dignarse dar la cara para ofrecer aunque sea mensajes de aliento a la gente. El suyo es un desdén evidente ante la zozobra colectiva.

Tampoco ha podido reestructurar la deuda que les permita un respiro financiero. Primero subió las tasas de interés el Banco de México, que Fuentes Vélez cuadrase números para una negociación aceptable de la reestructuración.

Son hechos, véanlo con objetividad señores empoderados del Nuevo Amanecer, es lo que tiene hoy Chihuahua. La masacre en los bares, la batalla en las Varas y sus réplicas, los asesinatos diarios, los robos y asaltos cada vez más osados y el señor gobernador en México discutiendo asuntos de política electoral con sus amigos de izquierda o jugando golf.

Ahora, si tienen diferente interpretación, compártanla en lugar de esconderse. Bienvenida su versión, pero socialícenla, compártanla, un boletín de cinco párrafos leído en tres minutos nada dice. Al contrario, deja a los ciudadanos temblando al ver azorrillados a los jefes policiacos.

Hasta el más incompetente de los comunicadores de gobierno sabe que mientras prive el silencio, la gente formula sus propias explicaciones y los rumores vuelan, alimentando una dinámica propia hasta dar categoría de verdad absoluta a toda versión que circula en las redes.

Si, el escenario es pésimo: dos grupos criminales combatiendo entre sí por el territorio estatal; cero inversión en obra pública y crisis financiera, con un Javier Corral indispuesto a tomar los riesgos de gobernar. Estamos en la antesala del caos.

Sigan festejando el triunfo, pensando en que la luna es de queso y el conejito sonríe mirándolos con ojos de aprobación. Sigan así y cansarán a la gente hasta llevarla al hartazgo como sucedió con Duarte ¿no se ven en ese espejo?

Que weba, se fueron los corruptos y llegó la incompetencia de las buenas familias y el vacío de poder ¿Hasta cuando Chihuahua tendrá un gobierno que vea por la sociedad? Suponía que tras los excesos y abusos de Duarte la maldición sería de siete años, suficiente tiempo expiatorio para el tamaño del agravio. Con Javier Corral al mando en lugar de años terminará en sexenios.

Lavisiondechihuahua.com

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