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Opinion

Yo admiro a Juárez

Rafael Soto Baylón | Viernes 12 Enero 2018 | 00:24 hrs
“Y entonces el político mengano de fulano de tal se declaró juarista. ¿Puede usted creerlo?” le pregunté a un estimado amigo durante una tertulia de análisis de la situación política y social actual. Él es un prestigiado abogado, hombre culto, conocedor de la historia de México.  Fue  diputado en alguna legislatura y fungió como alto funcionario en el gobierno del estado. Muy apreciado y respetado por un seguro servidor. Volviendo al tema, me respondió “Yo también soy juarista”.

“¿De cuál juarista es usted?” repliqué. Porque cuando alguien se declara seguidor y émulo de don Benito me llega un escalofrío y un miedo terrible. Evidentemente mis conocimientos sobre este sobrevaluado personaje histórico no se fundamentan en la historia oficial.

“Pero vamos a ver, dijo Andrea Bocelli, Benito Pablo Juárez García ha sido y sigue siendo enaltecido más de las veces inmerecidamente. “¿A cuál Juárez se refiere usted?” volví a cuestionar a mi colega académico universitario. ¿Acaso al benemérito de las Américas? Título que el Congreso de la República Dominicana le otorgó –el 11 de mayo de 1867-  por iniciativa del senador Antonio Delfín Madrigal como una manera de reconocer al oaxaqueño justificando su propuesta aduciendo su valiosa lucha contra la intervención francesa, su incuestionable patriotismo, la incondicional entrega a su nación y su disposición de dar la vida -si fuese necesario- por su tierra y destacar que su actuación fue un ejemplo para todo el continente americano  por la defensa de la libertad y la independencia de México de la innoble intervención extranjera. Hasta aquí, clap clap clap clap y más clap.

“Pero, siempre hay un pero en esto, tenemos la otra imagen de Juárez. Por favor dilecto camarada, no me vaya a decir que admira al otro Benito, a ese que la historia oficial se ha dedicado a ocultar. A ese que, en 1972, por órdenes del entonces presidente Luis Echeverría fue la inspiración para que se creara la “Comisión Nacional para la Conmemoración del Centenario del Fallecimiento de Don Benito Juárez” que trajo como consecuencia declarar el Año de Juárez. A ese al cual estaba estrictamente prohibido manchar su inmaculada memoria so pena de hacerse merecedor de una cuantiosa multa tal y como le ocurrió a Manuel Valdez Castillo, el famoso “Loco” quien siempre irreverente se refirió al intachable héroe en uno de sus chistes: “¿Quién ha sido el presidente bombero? Bomberito Juárez”. Pero no se detuvo, fue tan osado que habló mal también del Cura Miguel Hidalgo y de José María Morelos y Pavón, ilustres mexicanos que conforman la Sagrada Trinidad del Nacionalismo Mexicano.

“No me diga que elogia a quien promovió el Tratado McLane-Ocampo, un acuerdo entre el gobierno liberal juarista y el de los Estados Unidos firmado en Veracruz el 14 de diciembre de 1859 en el cual, por cuatro millones de dólares, se vendía a los gringos a perpetuidad el derecho de tránsito por el Istmo de Tehuantepec. Recuerde que ya había transferido a también a los norteamericanos buena parte de la Península de Baja California.

“Juárez fue nombrado presidente, por decreto constitucional, en 1858. Después fue electo en 1861. La intervención francesa ocurrió de 1862 a 1867. Con este pretexto el oaxaqueño emitió un decreto –contrariando a la carta magna- y prorrogó su mandato en 1865. Después se reeligió en 1868 y posteriormente, a pesar de su mala salud y en medio de fuertes acusaciones de fraude electoral, en 1872.

“En 1858, concretamente en Guadalajara, haciendo uso del infinito poder de la palabra, Guillermo Prieto evitó la muerte de don Benito poniéndolo a su espalda, cubriéndolo con su cuerpo y gritando estas palabras “¡Levante esas armas!, ¡Levanten esas armas!, ¡los valientes no asesinan!” y los soldados lo obedecieron. A pesar de esta experiencia, cuando finalmente las tropas francesas se retiraron del país –Juárez no expulsó al ejército galo- y dejaron solo a Maximiliano, éste se refugió en Querétaro. Después de un largo sitio, el emperador se entregó, los republicanos tomaron la plaza e hicieron prisionero al odioso europeo usurpador. Juárez dictó de hecho la pena de muerte al archiduque de Austria al amparo de un caricaturesco juicio donde la sentencia ya estaba prescrita. Olvidó aquello que perdonar es divino. Juárez se hubiese llenado de gloria si lo hubiese indultado.

“Hay que ver a Juárez objetivamente, fue un hombre, con virtudes y muchos defectos. Político al fin y al cabo. No fue un santo ni un dios pero sí una persona  que gozó hasta su fallecimiento detentar el poder. Al famoso Danzón Juárez “Juárez no debió morir/ ay de morir/porque si Juárez no hubiera muerto/ todavía viviría” yo le agregaría un verso más “Si Juárez no hubiera muerto/todavía sería presidente”.

“Por eso me aterran los políticos que se autoproclaman juaristas. ¿Qué harán con el legado de Juárez? ¿expulsarán a los extraños enemigos aun y cuando no lleven por nombre Masiosare? ¿se enquistarán en el poder para rescatar a la patria? o como dice su danzón “Si Juárez no hubiera muerto/ La Patria se salvaría/México sería Feliz/ay muy feliz” y permanecerán en el poder cueste lo que cueste por siempre y para siempre para salvar a los mexicanos aunque éstos no estén de acuerdo.

AMLO fijó en tres años el periodo para revertir la violencia. Mi álter ego le pregunta ¿por la mañana o por la tarde?

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