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Opinion

Patente de impunidad

Luis Froylán Castañeda | Domingo 18 Marzo 2018 | 01:51 hrs

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¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Peña Nieto, una vez puesto en la hipótesis de justiciable, para entregar la Presidencia a un deslucido candidato que no consigue subir al segundo lugar?

En vísperas de asaltar el poder, ganadas las elecciones estatales del 2010, amigos y parientes de César Duarte recordaban, orgullosos, que durante sus años en Juárez el futuro gobernador vendía pantalones de mezclilla y botas vaqueras, para ayudarse y relataban historias de precampaña en las que llegaron  a pueblos de la sierra sin reserva de combustible para volver y las ocurrencias creativas del aspirante para conseguirlo.

Esas historias son inconsistentes con posteriores declaraciones. Siendo encumbrado gobernador, a una reportera de Televisa que lo entrevistó para el programa de Denise Maerker, en junio del 2016, sobre el caso Unión Progreso, Duarte presumió ser un exitoso empresario de prosapia.

De aquella entrevista trascendió el descarado “a lo macho, no supe lo que firme”, refiriéndose al oficio donde ordenaba que los 65 millones de pesos fuesen a un fideicomiso de Banorte para luego convertirlos en acciones del futuro Banco Unión Progreso, pero también dejó constancia de otra mentira: “He sido ganadero de cuarta generación y el lotero más importante de Juárez-El Paso”.

¿Cómo un ganadero de cuarta generación y el más exitoso lotero de Juárez-El Paso vendía pantalones de mezclilla y botas vaqueras para “ayudarse” y en sus primeras giras proselitistas por la gubernatura tenía dificultades para el combustible del vehículo donde hacía giras en el estado? La realidad es que todos en Balleza, muchos en Parral y sus amigos y parientes de Juárez sabían que aquella declaración a la reportera de Televisa era una vil mentira, un recurso desesperado que lo sacaba del mal paso.

También de esa mentira dejaron constancia verbal sus amigos y aduladores de gobierno, festejando en cuanta mesa de café podían, la facilidad con que “el jefe se chingó a la reportera”. No advertían que, fuera de su entorno, la gente en lugar de reír mostraba creciente indignación.

El problema para Duarte, su esposa y el difunto Carlos Hermosillo, era justificar la bolsa de 65 millones de pesos, siendo que el historial crediticio o de ingresos no alcanzaba a ninguno de los nuevos inversores bancarios. Por eso las historias de bonanza económica construidas a base de fantasías.

Quizás después las maniobras y periplos de Jaime Herrera, un nerd del sistema financiero mexicano, limpiaron el dinero destinado a la sociedad de Unión Progreso, disipando sospechas. Es probable, sin embargo permanece la pregunta original ¿De dónde salieron los 65 millones de pesos?

Esa parte jamás la explicaron los acusados a satisfacción ante la PGR. Es lo mismo que Ricardo Anaya, por más cuentas que haga y acrílicos que use con propósitos explicativos, el lavado de dinero permanece en el sentir ciudadano. Falta consistencia entre su historial crediticio y salarial con los diez millones de pesos para comprar el primer terreno. No hay forma de justificarlo sin sospechas, como sucede con Duarte y sus socios.

En aquel caliente junio del 2016 Unión Progreso era tema de la mayor relevancia para Chihuahua, preludio de un escándalo nacional. Hoy quedó atrás, César Duarte ha sido juzgado socialmente como el gobernador más deshonesto en la historia reciente de Chihuahua y uno de los íconos nacionales de la corrupción. Así lo ve la gente.

Casi cuatro años después y sin estar el tema en los radares de la opinión pública ni de las campañas políticas, surge una pregunta obvia: ¿Porqué la PGR exoneró al cuestionado gobernador justo cuando corren las campañas electorales más importantes para el futuro del país y el destino personal de Peña Nieto y otros altos personajes de la vida pública mexicana, siendo que pudo mantenerlo archivado hasta dejarlo de las campañas?

La respuesta más superficial es que Peña Nieto responde así al activismo electoral y permanente desafío de Javier Corral al gobierno federal, no hay día que guarde estridentes declaraciones contra la Federación o personalmente contra Peña. En esta lectura también entran las últimas resoluciones de la Justicia Federal en los casos del Ichitaip y Rodolfo Leyva, la reinstalación de los magistrados Sepúlveda y Ramírez y la inminente sentencia de la Corte en controversias constitucionales cuyas sentencias presumiblemente serán adversas a los intereses del gobierno local.

Es probable, pero siguen quedando en el ambiente de la especulación y tampoco explica el porqué optar por el camino de la autoinmolación, cuando Meade se desarticula por acceder al segundo sitio en las encuestas e ir a la final contra López Obrador. Por muchas ganas que le traigan a Corral no iría contra sus intereses, los de ellos, no los de Corral.

En el fondo subyacen motivaciones que no pueden ser advertidas a la distancia, proteger al gobernador que más lastra en la campaña del PRI a riesgo de empinarse ellos mismos, es decir quienes toman las decisiones al más alto nivel, es tan inaudito como suponer que los asuntos judiciales están sujetos a lo dispuesto en las leyes o que la PGR actúa por cuenta propia.

Doy vueltas y vueltas sin conseguir entender, no me hace lógica tomando en cuenta que la justicia en México está sometida a los intereses políticos cuando involucra a los hombres del poder. En ese caso toda decisión pasa por cálculos y variables electorales del momento y hoy más que nunca el PRI de Peña necesita afianzar su nivel competitivo, darse deliberadamente un balazo en la cabeza, jamás.

Considerando ese antecedente, busco explicaciones desencajadas que sólo encuentran sentido en el pacto de impunidad que cobija excesos y abusos de la casta gobernante, o en la determinación previsible de Enrique Peña Nieto de mantener el poder a cualquier precio para su partido.

Los acusan, con razón, de usar a la PGR como instrumento para desbarrancar el proyecto de Ricardo Anaya y cuando el cuestionamiento público está sobre su adversario herido, la PGR revive un tema que nadie en la escena nacional recordaba o tiene presente, dando razón a sus adversarios sobre que hace uso electoral de las instituciones.

Podría decirse que perdieron la razón y trabajan para López Obrador, alimentando la insensata hipótesis que hace circular el Frente PAN-PRD-MC, sobre un acuerdo entre la mafia del poder y el candidato de Morena. En política todo es posible, pero un pacto entre los enemigos eternos es improbable por una sola razón; ninguno entre los capitanes de la mafia confía en López Obrador, no hay garantía posible que les asegure inmunidad, esencia de los pactos transexenales.

No están locos, tampoco han vendido su alma al el diablo, la decisión de proteger ferozmente a Duarte y cargar contra el mayor activo electoral del PAN, Javier Corral, tiene que ver con que Peña está convencido de recurrir a cualquier medio, sin reparar en sutilezas, con tal de no entregar el poder a sus enemigos.

Los estremece verse frente al espejo que les ponen López Obrador y Ricardo Anaya, uno que refleja juicios sumarios y venganzas palaciegas envueltas en barrotes de acero en las que Peña Nieto, Salinas, Calderón y Fox encabezan la lista de víctimas. Imaginando un futuro incierto, pierden progresivamente todo sentido de lo políticamente correcto y se refugian en la única fortaleza que hoy tienen; las instituciones y el poder que de ellas emana.

Aquí surge otra pregunta clave en el rumbo que puedan tomar las elecciones y el país en los próximos meses: ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Peña Nieto, una vez puesto en la hipótesis de justiciable, para entregar la Presidencia a un deslucido candidato que no consigue subir al segundo lugar?

La respuesta a esa pregunta que, obviamente sólo está en el presidente o su círculo de asesores, es fundamental para hacer una valoración correcta de lo que hoy sucede en México. Ya vimos que no reparan en detalles o sutilezas para desbarrancar a Ricardo Anaya, les ha resultado más complicado de lo que se imaginaban, defender a un cómplice que los lastra o cargar contra un gobernador incómodo. Sin embargo no sabemos hasta donde llegarán cuando deban ir por López Obrador, el verdadero enemigo a vencer, fuente del temor que alimenta sus peores pesadillas.

Un escenario probable, sólo como hipótesis provocadora, es que desde los Pinos trabajan para reventar la elección si Meade sigue tercero o robársela si puede acercarse al puntero. ¿Política ficción? ¿Locuras de quién carece de datos para opinar con propiedad? Puede, pero cuando va el pellejo y los intereses económicos de las figuras más emblemáticas de “la mafia”, empezando por el Presidente, todos los recursos entran al juego.

López Obrador no es lo mismo que Fox o Calderón y ciertamente Anaya tampoco. Con ellos la patente de impunidad no encuentra asidero.

Faltan tres meses y medio, para los que suponen que la elección está decidida, puede que la votación si pero no quién aparezca en las pantallas nacionales levantando la mano de ganador.

Lavisiondechihuahua.com

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