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Opinion

* Ruin recurso del ''me extorsionan''

| Viernes 21 Septiembre 2018 | 00:48 hrs

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* Contacto Miami-Parral-Palacio

* Karina ¿Coordinadora de Chuy?

* José Enríquez, tras Pinedo


El gobernador Javier Corral insiste en que “los Diarios” hacen una campaña difamatoria de su gobierno y reduce la información publicada a “burdos términos de extorsiones”.

A cada nueva información responde con el “me quieren extorsionar y por eso me atacan”. Es su estrategia para ocultar o restar importancia a los evidentes problemas en su administración y tapar los apetitos descontrolados de sus funcionarios, algunos, por enriquecerse.

Decide ignorar realidades inocultables que motivan justificadas sospechas de corrupción los casos de Pinedo, la familia Riggs, Madero, Ávila o de simulada austeridad como los viáticos de sus asistentes y cierra los ojos a la inseguridad lacerante, el excesivo y público tiempo que destina en actividades lúdicas mientras la entidad sufre.

El Diario publica su información soportada en datos oficiales del propio gobierno que encabeza, el Instituto de Transparencia, órganos públicos acreditados o declaraciones de fuente con nombre y apellidos. La evidencia abundante para documentar la información carece de importancia para él, a su ver todo se reduce a una campaña difamatoria por dinero.

Siendo el gobernador de Chihuahua, en consecuencia el hombre más informado y, durante cinco años, el más influyente del estado ¿Por qué en lugar de presentar una denuncia judicial por extorsión, se queda con la simple denuncia mediática?

Si en Chihuahua el gobernador puede ser extorsionado y los extorsionadores no son presentados ante la justicia ¿Qué podría esperar el resto de los ciudadanos? Su ensayada respuesta es evasiva y calumniosa, por eso evita el paso de llegar a los tribunales.

El presente será un tema recurrente durante los próximos días y semanas o probablemente meses. Es obligado en razón de estricto interés periodístico mientras el señor gobernador muestre signos de negligente inacción, responsabilizando a los medios de la corrupción y el desgobierno que definen su quinquenio.

El Diario seguirá informando, como siempre, de manera profesional, responsable y comprometido con Chihuahua, apoyado en datos públicos verificables y en opiniones de fuentes acreditadas.

Mentes retorcidas y de afición complotista atisban aventurada teoría, según la cual existe una triangulada comunicación entre César Duarte y Javier Corral, su perseguidor feroz, cuyo contacto sería Karina Velázquez, exdiputada y hoy flamante bibliotecaria del Congreso local.

Las razones que dan los promotores de la triangulación Miami-Parral-Palacio, mueven a pensar, por lo menos, que algo inusual sucede. Durante sus peripecias de político pueblerino, Duarte tenía dos amigos y confidentes íntimos; el hoy difunto Carlos Hermosillo y Karina Velázquez.

En Parral saben que nadie estaba más en el corazón de Duarte que ellos y quienes los conocen aseguran que compartían habitación –no se insinúa nada, aclarado- en los deplorables cuartos de la CNC -cabaña 11-, cuando les faltaba dinero para hospedarse en hotel. De ese tamaño era la confianza.

Con Duarte en fuga y Hermosillo muerto, se suponía que Karina Velázquez huiría de Chihuahua al concluir su periodo de diputada, en previsión de que fuese incorporada al circuito de los maxijuicios. Esta versión era universalmente aceptada entre la renata y politólogos de café, hasta hace poco.

Nada, en vez de salir corriendo Karina recibió trató de “amiga” en el nuevo amanecer, lo que ninguno de los testigos protegidos ha merecido y muy pocos panistas recibido; trabajo cómodo y protección gubernamental.

Hoy despacha, junto a su hijo Iván, en el departamento de biblioteca del Congreso, con salario –han dicho fuentes legislativas- de 48 mil pesos cada uno, sin tener asignadas tareas específicas.

Este trato privilegiado a quien es probablemente la persona más cercana a Duarte, después de su familia, detonó las sospechas del complot. Conociendo la fobia de Corral a todo lo que tenga que ver con el exgobernador, les suena descabellado para alguien que se daba por bien servida si la dejaban fuera de las investigaciones.

¿De qué hablan, vía Karina, Duarte y Corral, dando por buena la improvisada teoría? Las mentes más retorcidas entre los complotistas han esbozado prematuras explicaciones. Saldrán de a poco.

Por ahora se conforman con decir que les parece muy extraño –así son los complotistas, todo les parece muy extraño- que Chuy Velázquez, actual diputado y confeso duartista desde sus tiempos de alcalde en Guadalupe y Calvo, hayan visitado Palacio en compañía de Karina y se nieguen a reconocer las directrices de la fracción priista, facilitando un precario control del PAN en el Congreso ¿Es Karina la coordinadora de Chuy? En política no hay misterios perpetuos, cuestión de esperar el desenlace.

En el escándalo de Toño Pinedo, donde recrearon otra triangulación, pero con propósitos diferentes, habría decidido intervenir José Enríquez, nombrado hace poco director del Comité de Participación Ciudadana en el Sistema Estatal Anticorrupción.

Son varias las fuentes que aseguran tener información en el sentido de que abrió un expediente sobre el tema de las ilegales asignaciones directas en Comunicación Social. Y quienes conocen a Enríquez están convencidos de que jamás actuaría por cuenta propia en un tema así, deslizando la idea de que recibió línea.

Probablemente haya veracidad en el dato del expediente, pero de eso a que Javier Corral decida castigar a su jefe de prensa, siendo que lo ha defendido sin cansancio en público y privado, dista buen tramo.

Al contrario, el gobernador sigue responsabilizando a El Diario por los “ataques” a su gobierno, negado al hecho de que se trata de documentos duros, datos oficiales de su propia administración, por lo cual renunció a gobierno uno de los santones históricos del PAN, Guillermo Luján, según han dicho.

Sin voluntad política, Pinedo y el resto de los sospechosos de incurrir en actos de corrupción durante la presente administración, permanecerán intocados. Pero es saludable que alguien se ocupe del caso, aunque sea para dejar constancia en expedientes anticorrupción.

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